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Evangelio del día 30 de diciembre, 2018



Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén para las festividades de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, fueron a la fiesta, según la costumbre. Pasados aquellos días, se volvieron, pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo supieran. Creyendo que iba en la caravana, hicieron un día de camino; entonces lo buscaron, y al no encontrarlo, regresaron a Jerusalén en su busca.

Al tercer día lo encontraron en el templo, sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían se admiraban de su inteligencia y de sus respuestas. Al verlo, sus padres se quedaron atónitos y su madre le dijo: "Hijo mío, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia". Él les respondió: "¿Por qué me andaban buscando? ¿No sabían que debo ocuparme en las cosas de mi Padre?" Ellos no entendieron la respuesta que les dio. Entonces volvió con ellos a Nazaret y siguió sujeto a su autoridad. Su madre conservaba en su corazón todas aquellas cosas.

Jesús iba creciendo en saber, en estatura y en el favor de Dios y de los hombres. (Lc 2, 41-52)

Este episodio histórico es una “historia de proclamación.” Los varones judíos tenían obligación de “subir” a Jerusalén en las tres fiestas de “peregrinación”: Pascua, Pentecostés y Tabernáculos (Ex 23:14-17; Ex 24:23; Dt 16:16). Aunque en la práctica, estando lejos sólo solían asistir a una. Las mujeres no estaban obligadas a ello, ni los niños hasta los trece años, aunque a los doce se los solía hacer cumplir las prácticas de la Ley, para acostumbrarlos.

José y María subían “cada año” a Jerusalén en la fiesta de la Pascua. Era costumbre en ellos. Y esto puede ser un índice de la virginidad de María. Pues si hubiese tenido más hijos pequeños, no hubiese podido subir “cada año” a Jerusalén; sus cuidados la hubiesen retenido.

Cuando el Niño tenía doce años, subió con sus padres; probablemente era costumbre el llevarlo antes. Terminados los ritos pascuales — aunque no era obligatorio quedarse toda la semana pascual, era obligatoria la estancia allí los dos primeros días —, se vuelven.

Ya de vuelta con la caravana nazaretana, no se dieron cuenta de su ausencia hasta que transcurrió el primer día de viaje. Un niño de doce años en Oriente tiene gran libertad de movimientos. Era natural que fuese entre alguno de los grupos, un poco desordenados y distanciados de la caravana. La aglomeración en Jerusalén era grande. Josefo da una cifra fantástica, 2.700.000 personas, para hacer ver la aglomeración que se reunía y lo nutrido de las caravanas. “Pensaron que estaría en la caravana.” Al notar su ausencia “al cabo de un día,” retornan a buscarlo, preguntando, sin duda, por todas partes. Al cabo de tres días, probablemente contados a partir del comienzo de su retorno, le encontraron en el templo. Estaba en “medio” de los doctores, “sentado,” y estaba “oyéndolos y preguntándoles.”

Los doctores solían enseñar en alguna cámara que daba a los atrios o en los atrios mismos. A veces había reunión de varios doctores, para discutir puntos de la ley, y se admitían a ellas discípulos u oyentes, y se permitía el interrogarles. Enseñaban sentados en un escabel, y los discípulos también estaban “sentados” en torno suyo (Hch 22:3). El que estuviese en el “medio” indica sólo “entre ellos.” Conforme, a las costumbres, no sólo oía las explicaciones, sino que también podía preguntar. El evangelista destaca que los que le oían se maravillaban de “su inteligencia y de sus respuestas.” Rabí Kananya, escuchando un día una sabia respuesta de su discípulo Gamaliel, le besó, y le anunció que sería un oráculo en Israel.

Cuando María y José le encontraron, se “maravillaron” del hecho de estarse entre los doctores, y acaso escucharon alguna de aquellas respuestas “maravillosas” que daba a las preguntas de un rabí. María, llevada por el impulso afectivo de madre, le manifestó la pena que tenían por ver su ausencia e ignorar su paradero. Pero su respuesta es de una dificultad clásica y de un gran contenido teológico.

“¿Por qué me buscabais?” Se sobrentiende por las casas de los parientes y amigos en la ciudad. “¿No (ουκ ) sabéis que debo ocuparme.?” La interrogación negativa (ούχ ) supone en ellos respuesta afirmativa. Ellos, pues, sabían que El, aunque niño, debía ocuparse. ¿En qué? El texto griego pone: εν τοις του πατρός μου . De esta frase se han dado dos interpretaciones:

1) “En la casa de mi Padre.” Así en los Setenta (Est 7:9; Job 18:19).

2) “En las cosas de mi Padre.” Tal se ve en varios casos (Mt 16:23; Mt 20:15; Mc 8:33; 1Co 7:32-34; Jn 8:29; Jn 9:4; Jn 14:31).

El primer sentido es el que pide el contexto, ya que Cristo está en el templo, donde lo encontraron. Aparte que el templo es un tema caro a Lc en todo su evangelio (Lc 2:22; Lc 19:45). Allí es donde debían, sin más, haberle buscado. Pero, si está allí, este sentido se entronca con el segundo: está ocupado en las cosas de su Padre, aunque en el contexto no se destaque esto.

Pero, en cualquier caso, Cristo se presenta llamando a Dios “su Padre” — mi Padre — con una propiedad y una exclusividad únicas. María le dice que “tu padre y yo te buscábamos,” y El responde que ellos deben saber, saben, que su obligación es estar ocupado en las cosas y misión de “mi Padre.” Por eso estaba en el Templo, porque allí moraba Dios, su Padre. Es un pasaje sinóptico que entronca con las enseñanzas del evangelio de Jn, en donde Cristo se muestra como el Hijo de Dios. Por lo que los judíos querían matarle, porque “decía a Dios su Padre, haciéndose igual a Dios” (Jn 5:18).

El evangelista resalta que “ellos (sus padres) no entendieron lo que les decía.” Pero Cristo les dice, aunque en forma interrogativa, que sabían que tenía que ocuparse — era su misión — en las “cosas” — templo — de “su Padre.” Después del relato de la anunciación, de Lc, esto sería incomprensible. Esta ignorancia se refiere al desarrollo de la obra mesiánica: al plan concreto cómo Dios lo iba realizando, y que ellos ignoraban.

Pero, sabiendo ellos, como se ve en Lc (c.l), que su hijo era el Hijo de Dios, esta respuesta de Cristo, llamando en forma tan excepcional a Dios “su Padre,” es la proclamación que Cristo hace a sus “padres,” con un motivo circunstancial y concreto, que Él es el Hijo de Dios.

Dupont destaca que este “es preciso” (δει ) de la respuesta de Cristo, las otras seis veces que sale esta expresión en Lc (Jn 13:33; Jn 24:26; Jn 24:44, etc.) está siempre en relación con la Pasión, como complemento de profecías. Por lo que Laurentín cree que aquí también significa esto. Y traduciendo la frase “con mi Padre,” indicaría Cristo el retorno al mismo, a través de su pasión y resurrección. Ve una confirmación en lo que encuentran “después de tres días” (Lc 24:7), con su alusión parcial. Y cómo, “perdido,” lo “encuentran” (a los tres días), que sería como un “aparecérseles” de nuevo. A esto se une el pasaje de Jn, cuando anunciando a los apóstoles su ida al Padre, les dice: “Y sabéis (οΐδατε ) a donde voy. Dícele Tomás: No sabemos (οidαμεν ) a dónde vas” (Jn 14:4.5). En Lc el Niño dice: “¿No sabíais (ουκ ήδειτ ); el ούχ . supone respuesta afirmativa) que me debo de ocupar en la casa (cosas) de mi Padre?” Y en Jn se dice que va a la casa de su Padre (Jn 14:2). Esto sería, precisamente, lo que sus padres no entendieron.

Vueltos a Nazaret, el Niño, que había manifestado su conciencia divina, les estará “sujeto.” Era el plan de su Padre hasta su aparición pública.

Otra vez Lc hace saber que María “guardaba todo esto en su corazón,” confrontándolo, meditándolo, viviéndolo. A la luz de la teología mariana se comprende bien toda esta actitud de María (Lc 2:19). ¿Fue María la fuente directa de todos estos conocimientos a Lc? Probablemente no. Si por razón de coincidencias cronológicas sería posible, Lc utiliza fuentes semitas. Y esta afirmación tiene, no el estilo de Lc, sino la estructura literaria semita de los dos primeros capítulos.

Lc termina con una frase que prepara la hora de la presentación de Cristo a Israel.

“Crecía en sabiduría” (ciencia “experimental” y en la manifestación de su misma sabiduría sobrenatural proporcional a su edad), en “edad” o “estatura,” ya que ambas cosas significa la palabra griega usada (ήλιχία ), ο mejor aún, todo lo que implicaba su desarrollo físico (Lc 1:80), y “gracia,” todo favor divino, “ante Dios y ante los hombres.” Todo esto se manifestaba externamente, y proporcionalmente, para con Dios y para con los seres humanos. Esta descripción evoca la niñez de Samuel (1Sa 2:26), y el tema de la Sabiduría en los libros sapienciales.



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