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Oración del día 15 de enero, 2019



Mi Señor y mi Dios, llega el amanecer y lo primero que viene a mi mente eres Tú. Mi alma te busca como la fuente viva que la hace renacer cada mañana.

Dios de bondad, que con tu mano providente, llamas a la vida toda la naturaleza. Las plantas, las aves y los animales se despiertan y llenan de aromas y cantos cada mañana.

¡Qué bello todo lo que Tú has creado, mi Dios! Y más, porque todo refleja tu propia belleza, ya que todo lo hiciste por amor.

Y en medio de todos estos despertares, también amanece la joya de tu creación, en quien tanto amor pusiste, que lo hiciste a tu imagen y semejanza.

Perdón, mi Dios, porque en quien más amor pusiste, fue el que te lo estropeó todo. El deseo de ser como Tú, la tentación de decidir lo bueno y lo malo por nosotros mismos. Hacer de cada uno su propio dios.

Tú no dejaste de amarnos y por ese mismo amor, preparaste nuestra salvación y nuestro rescate. Fue tu Hijo, nuestro Señor, en otro acto de inmenso amor, quien pagó el rescate por todos nosotros. Su Encarnación fue el asombro de la creación entera.

Y aquí estoy, Señor, ante Ti, recordando tanto amor y mirando mis infidelidades, que no hicieron si no sumar más dolor a tu propio padecimiento. Qué cruel he sido, Señor. Me arrepiento de cada una de mis ofensas e imploro de tu misericordia que me perdones una vez más.

Ya llega el momento de ir a la viña, Señor. Tuyo es el viñedo y tuyo es el tiempo. No me pagues el salario hoy, porque nada deseo, si no eres Tú mismo.



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