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Oración del día 22 de enero, 2019



Buenos días, mi Dios y Señor, mi alma se une a todos aquellos que en el mundo están alabándote y dando gracias: las monjitas y los hermanos de clausura y tantos otros que andarán elevando sus brazos para agradecerte este nuevo día.

Padre, quisiera pedirte perdón. Ayer la oración sonaba a queja y ¿de qué me puedo quejar a Ti? Tú eres el Señor de la historia y de los tiempos. Nada ocurre sin tu permiso y tu amor a la humanidad no dejará que nada malo le pase al final.

Si de algo te sirve, te ofrezco mi vida y todo lo que tengo, úsala para lo que quieras. Lo digo en serio, Padre mío, tuya es y si deseas mortificarme y sacrificarme por la reparación del dolor que te causa nuestro mundo, adelante. Sé que Tú me darás las fuerzas y el aguante para sobreponerme al dolor. No valgo nada, Dios mío, lo sé. Pero si Tú aceptas mi ofrecimiento, y si me añades a la Cruz del Señor, entonces sí que tendrá algún valor.

Quiero darte las gracias por el amor que me tienes y me muestras. Para mí es día de fiesta saber que amas sin límites. Es de ese amor de lo que respiro y que mantiene mis sentidos despiertos y alerta. Gracias por hacer tan feliz a mi alma, cada vez que percibe tu cercanía. Son tantos años ya juntos, Padre, que no sabría vivir sin Ti.

Tú eres mi alegría y mi salvación, por eso, ¿a qué puedo temer? Ma das continuamente tu gracia, para que mi pie no tropiece en la tentación. Perdóname si caigo, Padre mío, ya sé que es por mi culpa, por que en esos momentos borro tu presencia en mi corazón.

Madre amorosa, María, acógeme entre tus brazos y, como a un niño pequeño, enséñame a guardar en mi corazón toda palabra salida de los labios de Dios.



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