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Milagro Eucarístico de Bruselas, 1370



En la Catedral de Bruselas podemos observar muchísimos testimonios artísticos que hablan de un Milagro Eucarístico, sucedido en 1370. Robaron Hostias consagradas y las profanaron dándole puñaladas en acto de rebelión. En el momento, las Hostias comenzaron a derramar Sangre. Este Milagro fue venerado hasta hace pocos decenios. En el contiguo museo de la Catedral, que era la antigua capilla dedicada al SS. Sacramento. Allí se conservan los numerosos relicarios que custodiaron durante los siglos el Miracle du Saint Sacrament. Existen también gobelinos del siglo XVIII que evocan este evento milagroso.

Los cinco vitrales que adornan la nave lateral de la Catedral evocan las diversas fases del Milagro Eucarístico, realizados desde el año 1435 hasta 1870. Los reyes de Bélgica, Leopoldo I y Leopoldo II, ofrecieron los dos primeros vitrales de la parte baja. Los otros fueron regalados por las familias nobles del país. Los primeros diez vitrales (ocho en la nave lateral derecha, cerca al coro y dos en el fondo de la nave lateral izquierda) representan la historia del Prodigio, como fue trasmitida en Bruselas a partir de la mitad del siglo XV. Un documento antiguo nos narra: “en el otoño de 1369, un rico mercader de Enghien, contrario a la religión católica, mandó a un joven de Lovaina (vitrales 1-3) para que robara algunas Hostias consagradas. Misteriosamente, algunos días después el mercader murió asesinado. Entonces la viuda, pensando que se trataba de un castigo del Cielo, se desembarazó inmediatamente de las Partículas, dándoselas a algunos amigos de su esposo, también ellos enemigos de la religión. El Viernes Santo de 1370, estos mismos realizaron una ceremonia privada en la que apuñalaron la Hostia como signo de desprecio (vitrales 1-5). De las Hostias brotó Sangre (vitrales 4-5). Este hecho creó gran turbación entre los profanadores, quienes, a su vez, se desembarazaron de las Hostias, vendiéndolas a un rico mercader católico. Este mismo narró toda la historia al párroco de la Iglesia de Notre Dame de la Chapelle, en Bruselas. El sacerdote tomó consigo las Hostias (vitrales 6-7) y los profanadores fueron condenados a muerte por el duque de Brabant (vitrales 8-9). Poco después, las Santas Partículas fueron trasladadas en medio de una procesión solemne a la Catedral de Santa Gúdula(vitral 10)”. El Sacrement du Miracle adquirió un papel muy importante en la historia de la ciudad y fue considerado como un símbolo nacional.



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