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Oración del día 31 de enero, 2019



Padre, que siempre andas a la espera de que hable contigo. Hay días, Dios mío, que apenas si quiero decir algo. Sólo estar ante Ti, adorarte y mirarte y dejar que Tú me mires es suficiente. Y es que tu mirada irradia tanto amor, que no quiero romper el hechizo con mis palabras. Eso creo que debe ser el cielo: estar envuelto en tanto amor, que nada más es necesario.

¡Qué tonto soy! Pasarme la vida buscando amores de pacotilla, cuando Tú tienes un amor que todo lo envuelve y da vida a todo. Es como sentirse abrazado por un inmenso Amor por toda la eternidad.

Gracias, Padre, por darme esta sensibilidad que aprecia tu amor infinito. Es un regalo tuyo, como todo lo bueno que hay en mí. Si mis hermanos pudieran ver la belleza de tu amor, quedarían hechizados y profundamente enamorados de Ti. Porque es imposible conocerte y no amarte, porque es imposible descubrir tu amor y no derrotar todas las defensas que levantamos contra Ti.

¡Qué bello eres, Dios mío! Mi Padre Todopoderoso, que se abaja, como el rocío sobre las hojas, para vivificar mi existencia. Abro mi alma de par en par, porque todo lo que soy tiende hacia Ti. Porque Tú eres el sumo Bien que puedo aspirar, la suprema Verdad que necesito, La inefable Belleza que mi alma quiere contemplar.



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