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Oración del día 9 de febrero, 2019



Señor, ayer te tuve otra vez entre mis pobres manos, quisiste que todo tu glorioso cuerpo, sangre, alma y divinidad cambiase ese trocito de pan para alimento y salud de todos nosotros. Quizás es la repetición de ese acto, la maldita rutina que todo lo agosta, pero qué vergüenza, mis manos no temblaron cuando Tú estabas entre ellas.

Jesús mío, no permitas que me acostumbre a ese grandísimo milagro. No permitas que lo dé por hecho, no permitas que mis indignos dedos rocen tu Cuerpo sin que mi alma esté arrodillada en adoración.

Cuando Tú llegas al altar, todos los ángeles se postran dando gloria a Dios y adorándote y yo estoy como si tal cosa. Ayúdame, Dios mío, quisiera poder unirme a todos los ángeles en su adoración. Eres lo más enorme que pasa en mi vida. Lo único realmente importante.

Ayúdame a ser plenamente consciente del inmenso amor que me tienes en ese momento, porque solo por amor, me purificas para llegar entre mis dedos. Ya me podría bañar en agua bendita, que de nada valdría, eres Tú quien me limpias y conviertes mi indignidad en un recipiente válido.

Aunque sea tarde, mi Señor, te adoro y doy toda la gloria que te mereces. Me postro ante Ti, Señor de señores, suplicando tu misericordia y tu perdón.

Madre Santísima, enséñame a adorar a Cristo Eucaristía con más intensidad, muestra a mi corazón lo que realmente está pasando.

Gracias, inmensas gracias, por haberme llamado a participar de ese grandioso misterio.



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