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Oración del día 10 de febrero, 2019



¡Qué grande eres, mi Dios! Y que sencillo te vuelves cuando quieres llegar a mí. Te haces a mi medida, para un día transformarme en tu medida de eternidad. Eres todo amor, y por amor permites que este “nada y menos” se acerque a Ti con sus decepciones y sinsabores.

Sabes, Señor, nos quejamos de la vida, pero somos nosotros quien nos la hacemos más difícil de lo que es. Deseamos lo que no es bueno para nosotros. Nos frustramos cuando no lo conseguimos y nos hace daño cuando lo logramos. Y entonces acudimos a Ti para que vendes nuestras heridas. ¿Quién nos entiende?

Y Tú, paciente y amoroso, nos sanas y esperas, siempre esperas, que aprendamos de una vez.

Me invitas a la santidad, porque sabes que esa es la plenitud de lo que estoy llamado a ser. Y yo lo sé también, Señor, pero siempre monto unos circos para no dejarme en tus manos benditas de Padre.

Señor, dile a mi corazón que no se esfuerce por inventar un camino, que Tú ya has preparado para mí. Que sólo es cuestión de seguir por la ruta que Jesús nos dejó. Que no tenga miedo a mi cruz, porque Tú ya has subido al Calvario y has vencido a la muerte e incluso te ofreces de Cireneo para llevar mi cruz. Que ponga mi orgullo y mi egoísmo en esa cruz, para que mueran en mí, cuando entregue mi vida en tus manos.

Te amo, Dios mío, y un día más quiero subir a ese altar que Tú tienes para mí y ofrecer mi vida como sacrificio a tus ojos.



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