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Oración del día 12 de febrero, 2019



Que nunca me falten, Dios mío, los amaneceres junto a Ti y si un día no me despierto, que sea para encontrarme en tus brazos. Tú eres el Sol que jamás encontrará su ocaso y sus rayos amorosos quiero encontrar el cobijo que mi alma anda buscando.

Ando sediento de Ti, Dios mío, porque Tú eres el agua limpia que puede calmar mi sed. De tus manantiales quiero estar siempre bebiendo, que esta tierra, Dios mío, no hace si no estragar mi paladar y mi vida. Me arrepiento de tantas veces como he ido calmar mi sed en las cosas de este mundo y he salido siempre con el alma dañada y la sed más acuciante. Te pido perdón, Dios mío, que en mi ceguera, traté de llenar mi vida con las falsas promesas de este mundo perdido. Dios mío, no te conocía, a pesar de todo lo que me habían hablado de Ti. Pero Tú sabes, Dios mío, tenía el corazón cegado por los placeres del mundo. Sin saberlo, te buscaba y sin poder encontrarte, Tú te hiciste presente en mi vida. Gracias, Dios mío, rescataste mi vida y desde ese entonces jamás he dejado de probar la dulzura de tu amor.

Mucho me has tenido que perdonar y por ello te amo y te estoy eternamente agradecido.

Y ahora, Dios mío, hazme obediente a tu voluntad. Que no sean mis planes, Dios mío, los que saque adelante, si no tus planes para mí. Sea lo que sea, Dios mío, todo lo acepto con tal que se cumpla siempre tu voluntad. Que se haga, sí, porque me amas y te amo, porque Tú eres mi Padre.



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