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Oración del día 15 de febrero, 2019



Buenos días, Dios mío, glorificado seas en esta madrugada y por toda la eternidad.

¿Por qué jugas conmigo, mi Dios? A veces te siento tan cercano que casi podría tocarte con la yema de mis dedos y otras tan lejano como si tuviera que cruzar barrancos inmensos para llegar a ti. Aunque por fe sé que está siempre dentro de mí, mi alma llora por no sentirte cercano. ¿Acaso quieres probarme? Tú sabes que te amo, Dios mío.

Señor, mi amado Cristo, siempre me olvido de la tremenda soledad que Tú sentirías en la cruz. Soledad tan profunda que te hizo gritar el inicio del Salmo 22: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” ¿Cómo puedo yo quejarme de mis míseros momentos de soledad? Tú, abandonado de todos, sufriste ese desgarro en tu alma al percibir que Aquél, quien sostenía tu existencia, también te había dejado.

Tú encontraste las fuerzas para, al final, entregar tu vida en las manos del Padre. Muéstrame, Señor, cómo abandonarme en el Padre cuando la soledad me muerda. Que no desfallezca ni abandone mi oración. Tú eres, Jesús mío, el camino que he de seguir.

Madre, Tú también te sentiste sola. Tuvo que ser muy duro para ti ver todo lo que tu Hijo tuvo que sufrir. Intercede por mí al Padre, que este silencio de Dios se acabe, o que me dé fuerzas para aceptar su voluntad.



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