• ADMIN

Evangelio del día 20 de febrero, 2019



En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a Betsaida y enseguida le llevaron a Jesús un ciego y le pedían que lo tocara. Tomándolo de la mano, Jesús lo sacó del pueblo, le puso saliva en los ojos, le impuso las manos y le preguntó: "¿Ves algo?" El ciego, empezando a ver, le dijo: "Veo a la gente, como si fueran árboles que caminan".

Jesús le volvió a imponer las manos en los ojos y el hombre comenzó a ver perfectamente bien: estaba curado y veía todo con claridad. Jesús lo mandó a su casa, diciéndole: "Vete a tu casa, y si pasas por el pueblo, no se lo digas a nadie". (Mc 8, 22-26)

La curación va a tener lugar en Betsaida. Es discutido el problema sobre la existencia de una o dos Betsaidas: una en la costa oriental y otra en la occidental. En todo caso, aquí, por razón del itinerario, conviene a la Betsaida-Julia. Podría ser obstáculo el que Mc la llame “aldea” (χώμη v.23), siendo ya una importante villa. Pero ya antes de su reedificación por Herodes, Josefo la designa así, y es sabido cómo en el sentido vulgar oscila el uso de estos nombres. Le llama a Belén con el nombre de “ciudad” (πόλις) (Lc 2:4), y Juan llama a Belén “aldea” (χώμη) (Jn 7:42).

Cristo llegó a Betsaida con sus discípulos (v.22). Dada su fama de taumaturgo, a su llegada le llevaron un ciego, y le rogaban insistentemente que “le tocara,” es decir, que le “impusiera sus manos” para curarle. Esta imposición de manos, que tenía diversos significados: autoridad, colación de poder, etc., era considerada como un rito religioso. Ya se había extendido la fama que de El “salía virtud que curaba” (Mc 5:30). Aparte que debía de influir en las turbas el procedimiento curativo de los curanderos, que exigían el tacto para sus recetarios increíbles.

Cristo toma al ciego por su mano, para sacarlo fuera de aquella aldea. Busca la discreción de la reacción popular ante posibles explosiones mesiánicas prematuras y extemporáneas. “Secreto mesiánico.”

Las enfermedades de los ojos eran una plaga en la vieja Palestina, como aún lo era en éstos últimos años. En el hospital de San Juan de Jerusalén, exclusivo para enfermedades oftálmicas, se trataron en 1931 no menos de 19.000 casos, sólo de Jerusalén y alrededores. El exceso de luz, el polvo y la falta de higiene provocan estas enfermedades.

En contraposición a los rituales increíbles y supersticiosos de los curanderos, con procedimientos tan inútiles como de fondo mágico, Cristo sólo le pone saliva en sus ojos, y le impuso las manos sobre sus ojos cegados (v.25).

La saliva tenía fama en la antigüedad de tener efectos curativos, y especialmente en las oftalmías.

Naturalmente, el poner saliva sobre sus ojos no es para utilizarla como un remedio natural, ya que era totalmente inútil; si la utiliza como vehículo de milagro, lo hace como una “parábola en acción” para indicar lo que pretende hacer y excitar la fe del ciego en su curación. Con la “imposición de las manos” en aquellos ojos, indicaba, con el gesto, el imperio y la comunicación que le hacía de la salud, con aquella “virtud que salía de Él y que curaba,” como las gentes lo reconocían. Era uso tradicional (2Re 5:11).

Hecho esto, le pregunta si ve algo. El ciego se pone a mirar elevando sus ojos (άναρλέψας) con un gesto espontáneo, costumbre de su ceguera, y dice que ve “hombres,” y que los ve “como árboles caminando.” Esto parece indicar que su ceguera no era congénita, ya que establece la comparación de árboles y hombres como cosas que le son conocidas. Es un detalle histórico muy de acuerdo con el pintoresquismo al que es tan aficionado Mc.

Nuevamente Cristo le impone las manos en los ojos, y recobró la vista perfectamente.

Ante el entusiasmo que se adivina en el curado, Cristo le prohíbe entrar en la aldea, aunque le envía a su casa. La Vulgata vierte el texto griego, queriendo resolver esta dificultad: “Y si entrares en la aldea, no lo digas a nadie.” Busca evitar extemporáneas manifestaciones mesiánicas. Precisamente la curación de los ciegos era uno de los signos mesiánicos (Is 35:5).

Los Padres y los comentadores se han preguntado el porqué de esta curación gradual del ciego. Manifiestamente se ve la plena libertad y dominio de Cristo en restituirle la vista gradualmente. Pero esto mismo es lo que ha querido valorarse con un cierto sentido “típico.” Sería una lección pedagógica de Cristo sobre el efecto con que varias de las lecciones de Cristo — su luz — iban tan lentamente penetrando en el espíritu de los apóstoles.

También se ha querido dar este sentido “típico” a la situación literaria que Mc da a esta escena: entre el “embotamiento” de los apóstoles que acaba de relatar y la confesión de Pedro, que va a narrar a continuación. Esta escena indicaría este paso gradual. La omisión de este milagro por Mt-Lc acaso se deba a que sus lectores pudieran devaluar algo el poder de Cristo al no hacer una curación instantánea. Para otros, esta escena sería un “duplicado” del relato del sordomudo (Mt 7:32-37), o Infusión de dos relatos de curación de ciegos.



0 vistas

© 2023 by The Artifact. Proudly created with Wix.com

  • Facebook B&W
  • Twitter B&W
  • Instagram B&W