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Beata Alexandrina Maria da Costa Y la Eucaristía

Alexandrina quedó paralizada a los 21 años luego de un dramático accidente mientras intentaba huir para no ser violentada. Pero no se dejó vencer por la tristeza y la soledad, sino mas bien pensó: “Jesús, Tú estás prisionero en el tabernáculo como yo estoy en la cama, así nos haremos compañía”.

Junto con los sufrimientos físicos a causa de la parálisis, se añadieron los sufrimientos místicos. Durante cuatro años, cada viernes vivió los dolores de la Pasión. Luego de este período, se nutrió durante 13 años hasta el día de su muerte únicamente de la Eucaristía. Su vida era una oración continua para así convertir a las personas encadenadas por el pecado.

Alexandrina María nació en Balasar el 30 de marzo de 1904. A los 14 años, tratando de conservar su pureza amenazada por tres hombres, no dudó en tirarse por la ventana. Las consecuencias fueron terribles y vinieron gradualmente. Después de algunos años no pudo caminar más y permaneció por el resto de su vida, es decir 30 años más, postrada en la cama. En vez de caer en la desesperación, decidió confiarse a Jesús con estas palabras: “como Tú eres prisionero en el tabernáculo y yo lo soy de mi cama por tu voluntad, nos haremos juntos compañía”. Luego de esto, empezó a vivir experiencias místicas cada vez más intensas. Desde el viernes 3 de octubre de 1938 hasta el 24 de marzo de 1942, por 182 veces pudo vivir cada viernes los sufrimientos de la Pasión. Desde 1942 hasta su muerte, Alexandrina se alimentó únicamente de la Eucaristía y siendo internada en el hospital de la Foce del Douro, en Oporto, fue controlada durante cuarenta días y cuarenta noches por varios médicos que comprobaron el absoluto ayuno y la ausencia de orina. Después de 10 largos años de parálisis que ella había sufrido en reparación eucarística y por la conversión de los pecadores, el 30 de julio de 1935 Jesús se le apareció diciendo: “te he puesto en el mundo para hacer que vivas sólo de Mí, para dar testimonio al mundo cuánto vale la Eucaristía...

La cadena más fuerte que atan las almas a Satán es la carne, es la impureza. ¡Nunca se ha visto este desparramarse de vicios, maldad y crímenes como hoy en día! ¡Nunca se había pecado tanto [...]. La Eucaristía, mi Cuerpo y mi Sangre! La Eucaristía: allí está la salvación del mundo”.

También se le apareció la Virgen el 2 de septiembre de 1949, con el Rosario en la mano, diciéndole: “el mundo agoniza y muere en el pecado. Quiero oración, quiero penitencia. Protege con este rosario todos aquellos a quienes amas y a todo el mundo”. El 13 de octubre de 1955, aniversario de la última aparición de la Virgen en Fátima, se la escuchó exclamar: “soy feliz porque me voy al cielo”. A las 19:30 del mismo día, expiró.



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