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¿Crisis u oportunidad?

Están siendo unas semanas muy duras para todos, además de las que aún vendrán. Todos tenemos el deber de permanecer en casa hasta nuevo aviso, y eso conlleva muchos problemas. Por tanto, me gustaría hablar de cómo es la convivencia en casa, y el hecho de que al estar todos más susceptibles, la tensión a veces pueda palparse o algunas discusiones escalen más de lo habitual.


Normalmente no nos damos cuenta, pero la cotidianidad hace que cada cual tenga su propia vida, y aunque habiten juntos, al final las familias aceptan resignadas los horarios de cada uno, muchas seguramente no coman ni cenen juntas, ni tampoco compartan mucho tiempo entre ellos. Al final muchas de ellas tienen una dinámica de compañeros de piso, y a veces da la sensación de que cuando te tocan a la puerta de la habitación, en vez de avisarte para cenar te van a pedir un cargador del móvil de repuesto.

Es triste que este hecho sea más común de lo que parece y que también se vea como algo normal, y la cosa empeora cuando ocurren circunstancias excepcionales como la que estamos viviendo, porque de repente caemos en la cuenta de que no somos compañeros de piso, pero tampoco sabemos ser una familia. No somos nada.

Superar estas barreras es difícil, la gente se siente incómoda y muchas veces no sabe de qué hablar. Además de repente a todo el mundo le molesta cualquier cosa del otro, y se agobia por no poder tener su propio espacio o un rato de soledad. En general es todo un desastre.


Creo que para empezar habría que pararse a pensar en que no somos los únicos que están pasando por un mal momento, cada uno tiene sus preocupaciones, sus problemas, sus obligaciones, y todo el mundo hace las cosas lo mejor que puede. A nadie se le olvida un plato sucio, o la tele puesta, o la luz encendida porque quiera fastidiarnos. Seguramente estén tan preocupados o estresados que la mayoría de las veces ni se den cuenta, sin contar con que algunos sean más vagos o más despistados.

Una parte importante de la solución a este problema es darle tregua a los demás, e incluso a veces a uno mismo. Cuando uno siempre piensa mal de las personas y cree que hacen las cosas para molestar, empieza a entrar en un bucle de autocompasión y victimismo que no le va a dejar ver el sufrimiento de los otros, en este caso de la familia, y que solo va a empeorarlo todo. Por otro lado, es fundamental ser considerados con el otro, y ser conscientes de que lo que para nosotros no es importante, puede que para el otro sí lo sea y tenerlo en cuenta. No de manera agotadora, tampoco pido eso, pero sí ser más cuidadosos con los detalles. Sin duda los detalles marcan toda la diferencia. Si sabes que tu hermano o tu hijo está pasando por un mal momento personal, no lo critiques en cada cosa, es mejor ser comprensivos y pensar que bastante tiene ya, como para machacarlo más. Por último, quiero añadir otro ingrediente indispensable para estos momentos, y siempre en general: el buen humor. Creo que es la clave de todo esto. Normalmente pensamos que una familia se lleva bien porque sus miembros no pelean, pero no hay nada más lejos de la realidad, porque normalmente si no hay ningún conflicto es porque no hay ninguna confianza en la relación familiar, cada componente no se siente libre de ser quien es, y es posible que haya ciertos temas tabú para mantener la paz. Por tanto, creo que el buen humor ayuda muchísimo a que se puedan romper esas barreras, porque hace que la gente se sienta cómoda y relajada para hablar de cualquier cosa, y se fortalezcan los lazos.


En una película cómica muy conocida (Sigo como Dios), hay una escena en que la mujer se lleva a los hijos lejos de casa unos días porque tiene problemas con su marido y necesita pensar. Continuamente se pregunta el porqué de esa situación, y reza para que se solucione todo rápido. Entonces aparece alguien (representando a Dios) y le plantea lo siguiente: crees que, si una persona pide que su familia se mantenga unida, ¿Dios le concedería sentimientos de cariño y ternura, o la oportunidad de quererse mucho?

En resumen, creo firmemente que donde hay una crisis hay una oportunidad. En definitiva, aunque a priori parezca que esta situación es un problema, si sabemos ver más allá, nos daremos cuenta que se nos plantea una posibilidad de aprovechar estas circunstancias para poner en práctica aquellos pilares que sujetan un hogar, que son varios, aunque hoy solo he mencionado tres. Me gustaría añadir el perdón, pero de eso ya hablaremos otro día.

Por eso os pregunto lo mismo como familia, ¿creéis que Dios os concedería sentimientos de amor, o la oportunidad de amaros mucho?


Un abrazo a todos y estad saludables,

Mai García



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