• ADMIN

De la mano de Dios

El otro día, había un grupo de gente que reflexionaba sobre cómo en muchas ocasiones nos quejamos y protestamos dirigiéndonos a Dios cuando algo no sale como lo teníamos previsto.

La mayor parte de las veces queremos planear todo y no todo en la vida surge de un modo ordenado y establecido. A veces hay obstáculos o aparecen imprevistos, a veces todo lo construido se rompe y nos cuestionamos por qué, sin encontrar una explicación momentánea.

Entonces nos frustramos y nos enfadamos. Y, repito, muchas de esas ocasiones nuestros lamentos van dirigidos a Dios, como si tuviera la culpa. ¿Culpa?

Es curioso, decían, uno se declara no creyente pero en el momento en que “algo falla”, aparece ese Dios.

Esos pensamientos hicieron que reflexionara también sobre mis propias conclusiones y vivencias, pues es cierto que, cuando las cosas fluyen, y van, cuando funcionan, cuando no hay alteraciones excepcionales o algo que rompa de golpe, se pasa por encima el agradecer todo aquello que tenemos, lo afortunados que cada cual, desde su perspectiva y su vida, en unas circunstancias u otras, somos.

Y es que el tiempo me ha enseñado que puedo quejarme a Dios, pero en busca de un consuelo y un refugio. Que puedo tener un mal día pero si lo dejo en sus manos, me dará una respuesta.

Puedo haber roto mis esquemas, pero me ilusiona la idea de pensar qué me estará esperando, qué tendré preparado, qué respuesta encontraré a lo que tantas veces puedo haberme preguntado.

Alguien me dijo una vez, Dios sabe más. Y entonces, cuando me bloqueo, me retiro a rezar y decido dejar en sus manos aquello que está en las mías, pero que necesitan un empujón.

Para muchos, estas líneas serán incomprensibles tal vez, para otros tantos serán una similitud a lo que puedan experimentar en sus propias circunstancias y vidas.

No todo es constante tampoco. Yo he tenido mis momentos de distancia con Dios, me he enfadado con Él, y he vuelto a acercarme al poco pidiendo perdón, como cuando alguien se siente mal por hacer daño a quien sabe que nunca falla. He sentido incomprensión, impotencia, sosiego, paz, un bálsamo, una cercanía, una señal, impaciencia, paciencia…

“La paciencia todo lo alcanza”, me decían y me dicen. Y yo respondía (¿pero tanta paciencia? Ya no me queda más…).

Al final, está claro y es evidente que el camino y el sendero no es siempre llano. A veces pensamos que es el mejor momento para algo, pero quizás precisa de un tiempo para madurar, para mejorar, para cambiar… y consecuentemente es cuando llega el momento perfecto, inesperado y esperado al mismo tiempo con ansia.

La vida te enseña que el presente es el tiempo que manda, el que tiene el poder. Lejos de lamentarnos por los baches y siendo éste un portal donde escribimos los católicos, hemos de reconocer que teniendo a Dios de la mano siempre es más llevadero pasear.

A veces, cuando me siento intranquila, me voy a la iglesia, y me siento frente al sagrario, y hablo. Hablo con Dios contándole mis inquietudes y dando gracias a la vez. Le pido señales que a veces no llegan y otras llegan de forma extraordinaria. Pero mantiene mi esperanza viva y eso es lo que a su vez hace que luche por mis anhelos confiando en que “todo será para bien”.

Seguramente más de una vez hayáis sentido que os alejáis de Dios, que estáis “enfadados”, que no comprendéis nada. Pero también, con total certeza, seguramente habréis acudido a Él sintiéndole cerca y sobre todo sintiendo que nunca abandona.

Hay una frase que dice: “Venid a mí los que estéis agobiados”. Pues id, sentaos y dejaos guiar.

Y cuando estéis sin esperanza, también. Dejad que os dé la mano, porque así evitaréis perderos.

Nunca olvidaré cuando desde muy pequeña iba con mi madre a la iglesia donde en la parte trasera había un Cristo. Siempre me llevaba, durante años, de la mano. Nos acercábamos a Él y besábamos sus pies y rezábamos. Recuerdo cuando me cogía en brazos porque no llegaba, y después cuando ya alcanzaba la altura, y cuando la sobrepasaba… siempre con el mismo fin: “Reza un padrenuestro, dale un besito y da gracias”. Y así, año tras año.

Ahora, con precisamente treinta y tres, la edad de Cristo, sigo haciendo lo mismo y ella también. Y reconforta. Y escucha siempre.

Natalia Medina Mantero



0 vistas

© 2023 by The Artifact. Proudly created with Wix.com

  • Facebook B&W
  • Twitter B&W
  • Instagram B&W