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El órgano del Vaticano ‘online’ se regocija de lo bien que le viene al planeta la pandemia

El comentario en Twitter que nos alertó del artículo en Vatican News ha desaparecido en el ‘agujero de la memoria’, así como en propio artículo en este órgano oficial de prensa online de la Santa Sede, pero la deprimente impresión que ha dejado en los fieles quizá tarde más en desaparecer.


Hacer desaparecer un mensaje en redes sociales e incluso todo un artículo en el mismísimo portal oficial de información del Vaticano es ya bastante significativo como reconocimiento de un error, lo que es cierto consuelo. El tuit, de la cuenta en inglés de Vatican News, rezaba: “Los cambios en el comportamiento humano debidos a la pandemia del #Covid-19 están propiciando beneficios no buscados para el planeta”. E incluía la referencia al artículo, titulado “Coronavirus: inesperado aliado de la Tierra”.




Incluso proveniente del más descerebrado órgano ecologista secular se consideraría increíblemente insensible publicar algo así en estos momentos. Han muerto ya en esta pandemia -y no ha hecho más que empezar en la mayor parte del mundo- más de cuarenta mil personas, una cifra que seguramente quedará ya lejana cuando aparezca este artículo. Hay incontables enfermos entubados a los que sus familias no pueden ver, personas que mueren solas y ahogándose y cuyos seres queridos ni siquiera pueden asistir a sus exequias ni consolarse mutuamente con un abrazo. Las cifras de paro empiezan a ser desoladoras, comparables a las peores depresiones económicas de la historia, y de esta peste saldrá un mundo mucho más pobre, con la cohorte de hambrunas y conflictos violentos que trae la miseria. Y al órgano del Vaticano, de la Santa Sede, del centro jerárquico de nuestra fe, no se le ocurre otra cosa que señalar los beneficios que supuestamente tiene para un ‘planeta’ que, sin nosotros, no es más que una roca más orbirtando en tono a una estrella más en el universo.

Cristo no vino al mundo para salvar el planeta. Ni siquiera vino a acabar con el dolor y la pobreza y el hambre y la marginación, aunque al menos se espera de nosotros, los cristianos, que aliviemos esas desgracias materiales, como predicó Jesús. Pero no vino a eso; vino a salvarnos, a perdonar nuestros pecados, a reabrir las puertas de un Cielo que nuestro pecado había cerrado.


Con una buena parte de los teólogos y clérigos, el alma parecía haber dejado de importar hace décadas, pero aún quedaba el cuerpo, el destino físico de los seres humanos. Ahora, para un sector ominosamente creciente, ni siquiera es eso lo importante, lo clave, sino el ‘planeta’, que al parecer estará mucho mejor si se extingue nuestra especie.

En otro tiempo, las pestes ayudaban a los fieles tibios a sacudirse su pereza espiritual y su ceguera y volverse a Dios y preocuparse por su destino eterno, ese que no va a acabar nunca. Porque sabían que Cristo es nuestro destino, y la Madre Tierra no salva.

Carlos Esteban/Infovaticana


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