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El ‘barco hospital’ del Papa y Aliexpress

Si han visto las fotos del barco hospital “Papa Francisco” en su primera singladura y antes de eso vieron la maqueta con la que se presentó la iniciativa, tendrán una perfecta metáfora de uno de los grandes problemas de este pontificado.

En la presentación, era fastuoso, un amplio navío, un verdadero hospital flotante capaz de albergar una considerable población de enfermos. Hoy, en su botadura oficial, el barco hospital “Papa Francisco”, que permitirá el acceso a la salud de las poblaciones indígenas y ribereñas del Amazonas, parece un humilde barquito, más un gesto de buena voluntad que un alivio real y significativo para los enfermos que se encuentren en las riberas del Amazonas. Crucemos los dedos para que no sean muchos los dolientes.



Hemos buscado y encontrado la noticia en diversas publicaciones, pero en ninguna hemos visto citada esa más que notable disparidad entre lo prometido y lo entregado, que recuerda a ese cansino meme en redes sociales en que se compara lo anunciado en algún comercio de ventas online con lo que finalmente nos llega a casa.

Es extraño este silencio, esta ausencia de comentario de algo que salta tan poderosamente a la vista. O quizá no, lo que sería peor y querría decir que el periodismo religioso es como ese afamado experimento periodístico, Buenas Noticias. Tampoco nos parece que señalar lo obvio en este caso, siquiera de pasada, sea injurioso para nadie. La intención es lo que cuenta, ¿no?

El problema tal vez sea que, en ese contraste, el lector podría ver una constante de este pontificado entre la grandiosidad de las políticas anunciadas y su resultado, más bien modesto, por ser suaves.

El lector podría acordarse de esa “Iglesia pobre para los pobres” que sigue con su IOR y su APSA y que, más que favorecer a los pobres, parece querer multiplicarlos con las recetas políticas que Su Santidad favorece con tanto guiño y tanta sonrisa, esos socialismos populistas del tipo venezolano, del que ya ha huido una parte considerable del país. Mientras, la agenda doctrinal siguen marcándola las iglesias más ricas y céntricas, como la alemana y la estadounidense.



Ese es otro ‘barco’ que perdió mucho al pasar de maqueta a realidad: la atención a las periferias. Los prelados subsaharianos -¿hay algo más periférico?- no parecen estar muy por la ‘renovación’, así que ni caso; tampoco, desde el cardenal Arinze a su colega Sarah, parecen partidarios en absoluto del entusiasmo migratorio y globalismo que anima dos de cada tres prédicas de Su Santidad, pero como si suena la lluvia. De los chinos fieles, mejor ni hablamos.

Tampoco hay que menear demasiado lo que va de la Tolerancia Cero en cuestión de abusos sexuales de clérigos y encubrimiento de los mismos de los primeros días a, digamos, Gustavo Zanchetta, por entrar en la ‘cuestión disputada’ del ex cardenal McCarrick.

Tampoco queda mucho de esa ‘parresia’ que aconsejaba al principio, ese animar a criticar al Papa de los primeros días. Demasiadas ‘cabezas cortadas’ para mantener esa promesa, ¿no? O la reforma de la Curia, que iba a ser… como la esplendorosa maqueta del barco. O la reforma del IOR.

Ignoro si ese alegre barquito va a salvar la vida a muchos amazones. Ojalá, aunque difícil podrían ser muchos de golpe. Pero, en lo demás, los fieles no necesitamos tantas palabras, y sí más realidades.


Por Carlos Esteban




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