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El Papa Francisco destruye el Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el matrimonio y la familia

Por SPECOLA | 27 julio, 2019

Hace días que ‘girano voci’ por los sacros palacios de que el Papa Francisco está pensando en vender el Vaticano. Al inicio de este pontificado, y vistos los andares de Su Santidad, se extendió el rumor de que se ponía a la venta el contenido de los almacenes de los museos vaticanos. Salvo los robos y las desapariciones habituales no tenemos conocimiento de que el hecho se haya producido.

La famosa película ‘Las sandalias del Pescador’ terminaba con la venta de todos los tesoros de la Iglesia para hacer creíble las palabras del papa. No sabemos qué sucederá, pero sí creemos que en el pensamiento del actual pontífice está el liberarse de un pasado que le resulta molesto. Por las noticias de hoy vemos que no ha empezado por las piedras sino por la moral y esto es mucho más peligroso.

En la historia de la humanidad contamos con grandes personalidades que han dejado detrás una enorme herencia. Las grandes familias tienen su origen en el trabajo y el ingenio de muy pocas personas que les han dado renombre y fama. Los demás han administrado, o dilapidado, lo recibido. Se dice que los hijos de los ricos son los padres de los pobres y algo de razón tiene el refrán popular.

El gran tesoro de la Iglesia no es otro que Jesucristo, y este muerto y resucitado, todo lo demás son instrumentos que pueden ayudar, o entorpecer, el verdadero tesoro. Si perdemos el corazón de la iglesia lo demás es inútil, es un cadáver sin vida que se descompone. Hoy tenemos en las noticias un paso más que nos habla de esta descomposición. El gran Juan Pablo II, o Juan Pablo II el grande, nos ha dejado una herencia enorme construida en tiempos de ataques demoniacos a la fe revelada. Tenemos la sensación que esta herencia es molesta y se está poniendo a la venta, o malvendiendo. No olvidemos al consejo del buen comprador: ‘compra a quién heredó y no a quien compro porque sabe lo que costó’. La moral católica está en venta, se está dilapidando porque según los nuevos tiempos ha perdido el sentido. Nos dicen que los tiempos han cambiado y que ya no es posible predicar lo mismo que hace 30 años.

El instituto Juan Pablo II para la familia fue, porque ya no es, la creación de un gran papa, Juan Pablo II, como respuesta a los ataques que las ideológicas a la moda habían iniciado contra el matrimonio y  la familia. Se preparó un ejercito de profesores en todo el mundo que empezaron a proteger  con argumentos y a divulgar con lenguaje actual la doctrina católica sobre la familia y la vida. Para honra de los que están siendo injustamente expulsados, perseguidos, masacrados, y para deshonra perpetua de sus injustos verdugos, estamos viendo como se mantiene el nombre de un instituto y se le vacía, o peor aún, se lo llena de un contenido que poco tiene que ver con la secular doctrina de la Iglesia Católica sobre el matrimonio y la vida. Los hechos son públicos y publicados para que en el futuro, esperemos que no muy lejano, tengamos muy claro de qué parte estaba cada uno. Tiempo llegará de reconocimiento merecido a tantos sabios que están sufriendo una purga sin precedentes por parte de indocumentados que pretenden suplantar su autoridad. Nos tememos que entremos en una fase en que el nuevo instituto se vaciará de alumnos, contratará sicarios a sueldo como profesores, y nos inundará de propaganda para que veamos que estamos entrado en una feliz primavera que terminará en el sepulcro, seguro que muy blanqueado pero profundo y oscuro sepulcro. El Papa Francisco es el jefe de la banda y no sirve de mucho que pretenda mantenerse en una prudente equidistancia cuando sabemos que esto no puede suceder sin una orden directa y muy clara suya. Paglia, que celebra Misa solo cuando toca, es un ejecutor de órdenes y solo está preocupado por mantener e incrementar cotas de poder sin importar los medios para alcanzarlas.

La moral católica es una consecuencia de la fe, sin esta pierde su fundamento y su sentido. No podemos imponer una forma de vida que no es consecuencia natural de los principios que la inspiran. El problema de la Iglesia en nuestros tiempos es que ha perdido la fe en Jesucristo. Hemos vivido decenios en una especie de ilusión en donde se ha vivido una doble vida. El velo está cayendo y mejor que caiga cuento antes. No es posible construir nada serio sobre la mentira. Terminaremos considerando la falta de vocaciones como una inmensa gracias  de Dios que nos está librando de perpetuar la mentira. Jesucristo es quien gobierna su iglesia y no la dejará nunca, todo lo que está sucediendo lo tenemos que ver como lo mejor, por muy doloroso que resulte.



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