• ADMIN

El Papa pone en guardia a los obispos contra los sacerdotes “rígidos”

En su alocución en la Catedral de Antananarivo, capital de Madagascar, Su Santidad alertó a los obispos para que tuvieran cuidado de los sacerdotes “rígidos”. Exactamente el problema que tiene el clero hoy.

Es curioso como, en el discurso público, hay determinadas palabras y expresiones que, al repetirse continuamente, se convierten en ‘código’, significando algo ligera o totalmente distinto a lo que aparece en el diccionario.


Tomemos la palabra “rígido”. Lo rígido, en el habla común, es lo contrario de flexible, ya sea física o figuradamente. Pero, en boca de Su Santidad, todos sabemos a qué se refiere y no conozco de nadie que se haya engañado con ella. Nadie, por ejemplo, supone por un segundo que pueda referirse a una persona rígidamente progresista, o que denuncie a alguien rígidamente apegado al llamado ‘espíritu del Vaticano II’, o incluso a quien despliegue una rígida obediencia al pontífice reinante.

No, todo el mundo interpreta -adecuadamente, en mi opinión- que “rígido” designa en sus labios a un católico cumplidor e inclinado a formas tradicionales de religiosidad. Ninguna otra cosa es “rígido”. Lo sabemos, no solo por el contexto, sino porque en más de seis años de pontificado ha mostrado en numerosas ocasiones su poco afecto por quienes “hace un ídolo de la verdad”, algo curioso en quien sirve a un Maestro que se ha definido como la Verdad. Hemos conocido cómo su ‘ejecutor’, el cardenal Braz de Aviz, ha liquidado mediante el oportuno ‘comisariamiento’ un puñado de órdenes y sociedades sospechosas de ‘conservadurismo religioso’.


Pero no por repetida deja de sorprendernos la insistencia. Uno no quiere ya volver al dato comprobable de que, en medio de la terrible sequía de vocaciones que vive la Iglesia, son precisamente las instituciones más ‘rígidas’ -en su acepción pontificia- las que más aspirantes atraen a la vida consagrada y el sacerdocio.

Y no queremos volver a ello porque no queremos volver a oír eso de que se prefiere la “calidad” a la “cantidad”, aunque quizá cuando la cantidad es alarmantemente baja, el problema planteado debería obligar a replantearse qué entendemos por “calidad”, y por qué los “rígidos” -es decir, los curas y monjes y monjas que viven la misma forma de espiritualidad y vida de piedad que ha sido la normal durante siglos- suponen un problema tan terrible como para que el Papa machaque con ello.

Una crisis en la que sí parece que estemos de acuerdo los católicos de todas las sensibilidades es la de los abusos sexuales por parte de sacerdotes y su encubrimiento por los obispos. Podríamos, pues, usarla para poner a prueba esa ‘calidad’. La pregunta sería: el promedio de los sacerdotes acusados de abusos, y de los obispos que los han encubierto, ¿es particularmente rígido? McCarrick o Zanchetta, ¿eran lo que uno llamaría “amantes de la tradición”? ¿Qué tipo de sacerdote, de obispo, domina en esa lista?


No pretendo que no haya sacerdotes tradicionalistas que puedan acosar a niños, u obispos de la misma cuerda que no caigan en la tentación de echar tierra encima, pero, ¿qué dicen los números? Y si los ‘rígidos’ no parecen brillar desproporcionadamente en esta plaga que de forma tan obvia evidencia un grave problema de ‘clericalismo’, ¿cuál es su problema? ¿Por qué es tan terrible ser ‘rígido’ cuando no parece serlo lo contrario, ser tan flexible que apenas importe la doctrina o el contenido de la fe, que es, por comparación, una situación mucho más común?

Incluso viendo ambos extremos como indeseables, como la sequía y la inundación, es curioso alertar por los casos, relativamente escasos, de inundación en una tierra mayoritariamente azotada por la sequía.



14 vistas

© 2023 by The Artifact. Proudly created with Wix.com

  • Facebook B&W
  • Twitter B&W
  • Instagram B&W