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EL Presi de La A. de médicos Cat. dice que la Comunión es más contagiosa en la mano que en la Boca

“El problema que nos preocupa a todos, y en primer lugar a los médicos, es la difusión del virus. Lo que es seguro es que las manos son la parte del cuerpo más expuesta a los virus, porque lo tocan todo, desde objetos infectados a dinero. Hay personas obsesionadas con la idea de contagiarse y enfermar. Me gustaría contar una anécdota sobre esto: Al principio de mi carrera, un médico, compañero de trabajo, me pasó una pluma estilográfica muy elegante para que firmara un certificado. No quiso que se la devolviera porque yo la había tocado, y me la regaló. Como la situación me dejó incómodo, le compré una pluma estilográfica pero no la quiso, porque seguramente muchos la habrían tocado antes que yo. El resultado es que ahora tengo dos plumas estilográficas muy elegantes. Este médico contrajo un virus y murió, tal vez porque le faltaban anticuerpos”.


“La comunión en la lengua es más segura que la comunión en la mano. Como he dicho, las manos lo tocan todo, por lo que, definitivamente, es más contagiosa. En África he operado en carreteras polvorientas y al aire libre, en condiciones nada favorables, pero nadie enfermó. No era un riesgo para la gente”.

“Sí, he leído sobre las pincitas. Y también sobre la propuesta de distribuir la hostia consagrada en pequeños sobres para llevar. En serio, después de la gripe española, la gente siguió recibiendo la comunión en la lengua y nada cambió. Creo que estamos perdiendo el sentido común. No deberíamos estar defendiendo ciertas cosas. Sí, la salud es importante, es obvio, pero no hay que exagerar ni perder la razón. Como médico, estoy convencido que la comunión en la mano es menos higiénica y, por consiguiente, menos segura que la comunión en la lengua. Además, ¿no se nos está diciendo a diario que no toquemos nada, que nos lavemos las manos, que nos desinfectemos, que no nos toquemos el rostro, los ojos, la nariz? Tenemos que seguir algunas reglas sanitarias básicas y necesarias. No debemos tener miedo, ni debemos especular y, menos aún, perseguir intereses comerciales”.


“La fragilidad siempre ha acompañado la última etapa de nuestra vida, en la que la salud es más vulnerable. No quiero someter a un proceso judicial el tratamiento de los pacientes. Si tuviera que hacer alguna crítica, la dirigiría a las familias. Muchas de las personas fallecidas han muerto en residencias. En muchos casos, las familias han abandonado a sus seres queridos en ellas. Mi pregunta es: ¿por qué no han dejado que su ser querido se quedara con ellos, en su casa? A una cierta edad, las personas necesitan humanidad más que tratamientos. Por desgracia, hay una tendencia a externalizar y hospitalizar. Al hacerlo, hemos esterilizado y estandarizado los ritos de transición, pero deshumanizándolos y, por tanto, perdiendo la idea de compasión, de pietas, en el sentido verdadero del término”.

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