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El Vaticano cerrado, el Papa blindado y los fieles abandonados

Seguimos con el virus que reina encoronado sobre todos los ámbitos de la sociedad. Por ahora hemos visto una respuesta defensiva. Se han tomado medidas ‘sanitarias’ para evitar el contagio en los actos de culto y creemos que estamos entrando en otra fase. El número de enfermos crece por momentos, la descomposición de la sociedad con brotes de violencia está aumentando, gran número de personas están sumidas en el miedo y en el desconcierto y ahora llega el momento de pensar que es lo que la iglesia está haciendo en esta situación. Estamos para llevar el evangelio a todo el mundo y en todas las circunstancias y , por muy excepcionales que puedan ser, no podemos dejar de cumplir nuestros deberes.  Un médico, un policía, un bombero no pueden dejar su puesto de trabajo y tienen que atender a los enfermos con las necesarias medidas de prudencia.


Hoy tenemos una novedad que nos parece importante. El Papa Francisco está enjaulado en Santa Marta con las actividades reducidas al mínimo. Si esto continúa, y tiene toda la pinta, podemos terminar pensando que el papa se reduce a una imagen de televisión. Estamos hartos de escuchar grandes discursos de diálogos vacíos, de derribar muros, de abrir fronteras y hacer puentes, de besos y abrazos universales y ahora, a la hora de la verdad, en que queda todo esto. Dónde está quedando la iglesia ‘hospital de campaña’, la ‘iglesia en salida’ y otras mandangas similares. Hoy el Papa Francisco manda a los sacerdotes que se acerquen a los enfermos y les lleven la Eucaristía.

Hemos visto durante años al Papa Francisco hacer visitas de misericordia, ‘privadas y por sorpresa’, a todo tipo de personas. Montajes rodeados de cámaras para que viéramos lo bueno y cariñoso que es el Papa Francisco. Hemos soportado durante años discursos absurdos y sin sentido pro inmigrantes en los que los primeros perjudicados son los inmigrantes. Un general debe de dar ejemplo a sus soldados y ser el primero en el campo de batalla. Es muy cómodo dar órdenes protegido, enjaulado, para evitar el contagio. Podemos tranquilizar al Papa Francisco y asegurarle que a pesar de contar con la generación de obispos más cobardes de la historia del cristianismo los sacerdotes están con su gente y la están atendiendo sin necesidad de órdenes, no tienen que ir, ni que salir, porque están entre ellos. La celebración de la Misa continúa y también los sacramentos clandestinos. Los obispos, salvo pocas excepciones, prefieren emitir comunicados oficiales y escudarse en la tranquilidad de sus residencias pensado que el virus respetará las mitras. Nos dicen que en muchos hospitales los infectados están muriendo en aislamiento y soledad sin el consuelo de los sacramentos. La cuarentena obligada de miles de personas que tienen que vivir una soledad forzada. Los miles de ancianos y enfermos que se sienten solos y sentenciados a morir sin el consuelo de la oración comunitaria y los sacramentos. No queremos ser catastrofistas y nos encantaría equivocarnos  pero la situación que vive Italia la veremos en pocos días en España y en toda Europa. Esto está empezando y necesitamos algo más que órdenes desde la estratosfera. Dónde está quedando el olor a oveja y la cercanía a los fieles.

Se han caído todas las tonterías del francisquismo en unas horas y el gran timonel de la humanidad se enjaula voluntariamente para protegerse del contagio. Se evita todo contacto con los apestados y se les deja solos ante los momentos más complicados de su vida. La sociedad pasa por una de sus peores crisis y en la cuna del cristianismo se cierran las puertas esperando a que la tormenta pase. Ante la pandemia más grave de los tiempos contemporáneos la Iglesia Católica ha cerrado su actividad, ha desaparecido, ¿se ha extinguido?, este es el terrible signo de estos tiempos. En estos momentos, son casi las cinco de la tarde, la plaza de San Pedro está cerrada, también las Naciones Unidas curiosamente el mismo día,  y por lo tanto es imposible acceder a las Basílica que custodia la tumba del Apostol Pedro. El Papa Francisco se blinda en la citta leonina detrás de los viejos muros que protegían de sarracenos y romanos enfadados pero el virus no sabe de muros y, de hecho, ya los ha traspasado.

Muchos hoy no podrán asistir a la celebración de la Misa.

Por Specola



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