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Evangelio del día 11 de septiembre, 2019

En aquel tiempo, mirando Jesús a sus discípulos, les dijo:

"Dichosos ustedes los pobres,

porque de ustedes es el Reino de Dios.

Dichosos ustedes los que ahora tienen hambre,

porque serán saciados.

Dichosos ustedes los que lloran ahora,

porque al fin reirán.

Dichosos serán ustedes cuando los hombres los aborrezcan y los expulsen de entre ellos, y cuando los insulten y maldigan por causa del Hijo del hombre. Alégrense ese día y salten de gozo, porque su recompensa será grande en el cielo. Pues así trataron sus padres a los profetas.

Pero, ¡ay de ustedes, los ricos, porque ya tienen ahora su consuelo! ¡Ay de ustedes, los que se hartan ahora, porque después tendrán hambre!

¡Ay de ustedes, los que ríen ahora, porque llorarán de pena! ¡Ay de ustedes, cuando todo el mundo los alabe, porque de ese modo trataron sus padres a los falsos profetas!'' (Lc 6, 20-26)


Sólo Lc y Mt traen las bienaventuranzas, pero Lc las trae reducidas a cuatro. En cambio, es el único que trae cuatro “imprecaciones,” que son como el ritmo negativo de esta estructura hebrea. Estas “bienaventuranzas” en Lc aparecen formuladas en un sentido material, escueto. Acusa ello la forma original judía. Mt matizó y “moralizó” algunas, en orden a una mejor comprensión de sus lectores. Lc, en cambio, con lectores étnico-cristianos, las conservó en su formulación original. Probablemente respeta las “fuentes.”

Las tres primeras — pobreza, llanto, hambre — son casi sinónimas. Estos pobres no son los pobres sin más. Los anawím, los pobres, habían tomado ya en el A.T. el sentido del pobre oprimido, pero piadoso y resignado con su suerte ante Dios. De ahí que esos “pobres,” por su actitud moral, están ya a las puertas de su ingreso en el reino que Cristo anuncia. Lo mismo se dice de los que tiene η “hambre” o “lloran” su desventura, pero resignados ante el plan de Dios y piadosos en su vida religiosa.

Este estilo “imprecatorio” es conocido en la Ley y en los Profetas (Is 65:13ss). No es creíble que Lc sustituya, deliberadamente, las otras “bienaventuranzas” por estas cuatro “imprecaciones”; debió de encontrar en su “fuente” sólo estas cuatro a las que hace corresponder el mismo número de “imprecaciones.” Estos esquemas son típicos del estilo de Lc. Parece que son una elaboración “paralelística” de “contraste” hecho por Lc, amigo de los pobres (Schmid).

Conforme a una interpretación materialista de la Ley, aún flotaba la idea que los bienes eran premio a los buenos, y los dolores, v.gr., la pobreza, castigo. De ahí la gran panorámica de esperanza que Cristo abre a este tipo de pobreza y dolor. También ellos serán hijos del reino. La bienaventuranza siguiente (v.22.23), si no está yuxtapuesta a las anteriores, les da un valor “sapiencial” de incorporación al reino y los beatifica.

Más aún, cuando por causa del reino, “del amor al Hijo del hombre,” su “nombre,” el personal, pero en cuanto “cristianizado” (Stg 2:7), sea aborrecido por los hombres, y ellos “excomulgados” de la sinagoga (Jn 9:22, etc.), lo que podía llevar anejo en su último grado todo contacto con la sociedad judía, que se alegren en “aquel día,” probablemente el día en que esto suceda (Hch 5:41), mejor que el día de la parusía, muy alejado de este contexto, porque será grande la recompensa en el cielo. Y les hace ver que también, a pesar de la santidad de la doctrina y de los profetas, éstos fueron perseguidos por “sus padres”: el judaísmo anterior. El pensamiento subyacente son los fariseos y escribas, ya confabulados contra Cristo y su obra (Lc 6:11), por lo que aguardará la misma suerte a sus seguidores.

Lc pone a continuación cuatro “imprecaciones.” Son el aspecto “negativo” del ritmo hebreo de lo anteriormente dicho. Los aquí ricos, pero en contraposición a los anawím, son los ricos irreligiosos y opresores, el rico injusto; por eso, esos que ahora, y así, están “hartos” y “ríen,” y, por lo mismo, la adulación popular los lisonjea, que sepan — la forma “sapiencial” en que están formuladas no presenta el problema de su cambio — que tendrán el castigo proporcionado.

En el ambiente en que están dichas estas “imprecaciones,” se piensa en los fariseos, a los que Cristo en otra sección de Lc dedica fuertes imprecaciones (Lc 11:42-45); en los saduceos, que se aprovechan aquí de los altos puestos y buena vida, y en las grandes familias sacerdotales. Así, Anás era llamado el “hombre venturoso” por sus triunfos, no siempre honrosos.



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