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Evangelio del día 15 de marzo, 2019

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Les aseguro que si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, ciertamente no entrarán ustedes en el Reino de los cielos.

Han oído que se dijo a los antiguos: No matarás y el que mate será llevado ante el tribunal. Pero yo les digo: Todo el que se enoje con su hermano, será llevado también ante el tribunal; el que insulte a su hermano, será llevado ante el tribunal supremo, y el que lo desprecie, será llevado al fuego del lugar de castigo.

Por lo tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda junto al altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve luego a presentar tu ofrenda.

Arréglate pronto con tu adversario, mientras vas con él por el camino; no sea que te entregue al juez, el juez al policía y te metan a la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo". (Mt 5, 20-26)


El primer caso de interpretación de los varios preceptos que aparecen en este sermón es el quinto precepto del Decálogo: “No matarás.” Refiriéndose al auditorio les dice: “Habéis oído que fue dicho a los antiguos.” Estos “antiguos” son las generaciones judías anteriores contrapuestas a las que habla Cristo, y no como tradujeron algunos, haciendo al dativo griego (άρχαιοις) equivalente al ablativo instrumental: “Habéis oído que fue dicho por los antiguos” (rabinos, doctores), ya que luego se dan las citas textuales de los libros bíblicos. En la literatura rabínica se dice frecuentemente: “Sabéis por la tradición”. Lo habían oído en las lecturas sinagogales. El “que se dijo” es, pues, fundamentalmente un circunloquio por Dios (cf. Μt 6:33).

La cita se hace literalmente del Decálogo. De la segunda parte, “el que matare será reo de juicio,” se pensó si no sería una glosa posterior de Mt, pues no se encuentra citada así en la Ley. Aparte que es una cita ”quoad sensum,” puede derivar de la sanción con que en la Ley se castiga el homicidio: “El que hiere mortalmente a otro será castigado con la muerte” (Ex 21:12; Lev 24:17). Este “juicio” al que se alude puede ser el juicio jurídico del tribunal (Dt 16:18; Dan 7:26 en los LXX) que le juzgará y le condenará o puede ser la misma “condena.”

Esta legislación del Decálogo había sido interpretada materialmente: realización física del homicidio. Pero Cristo, al contraponer su enseñanza a la interpretación rabínica del mismo mandamiento, está dando la interpretación del contenido primitivo.

Hay también en ello otro valor. Al contraponer lo que se les había dicho por Moisés a los antiguos, al “pero yo os digo,” está implícitamente declarándose superior a Moisés. ¿Quién era superior a Moisés? Gradualmente irá declarándose superior a los reyes, profetas, sábado y Templo (Mt 16:6). Aquí se presenta ya como el supremo Legislador de Israel.

En este precepto no solamente se condena el acto de homicidio real, sino la injuria al “hermano.” Este, en la apreciación judía, era el equivalente al “prójimo,” y éste era sólo el judío.

Aquí también se condena “el airarse contra el hermano” injustamente (Mc 3:5) al llamarlo racá (£αχά). Es palabra aramaica; se proponen varias etimologías: reqah o reqa', vacuo, loco, estulto, o se la deriva de la forma aramaica, aquí apocopada, rahaqá', rechazar, reprochar. De donde sería (hombre) abominable, o también decirle moré (μωρέ), que corresponde a la palabra hebrea nabal, loco. Pero ésta significa además rebelde contra Dios, ateo. Parece responder mejor a este segundo sentido, porque, si no, no se diferenciaría en nada de la palabra roca, no habiendo, si no es así, en ello climax, y porque en la literatura rabínica se encuentran ejemplos estructurados a este modo climático paralelo: “El que llama a su prójimo siervo será castigado con anatema; el que lo llama espurio, con cuarenta azotes; el que impío, ha de ser acusado de crimen capital.”

El castigo correspondiente es también gradual. Al “airarse” se le amenaza con ser “reo de juicio” del tribunal local, que ha de haber en todos los pueblos (Dt 16:18); al “racá,” se es “reo ante el sanedrín,” es decir, ante el gran sanedrín de Jerusalén, que es el que tenía competencia en los crímenes mayores; al de “impío,” se le amenaza con “la gehenna de fuego,” o sea el infierno 40.

Naturalmente, Cristo no pretende establecer este triple y exclusivo código de penas y castigos. Toma los términos de la jurisprudencia judía como medio de expresión de valoración moral. El tribunal ante el que Cristo cita no es más que uno: el de Dios.

Tomando tres casos con un “crescendo” de gravedad, expone representativamente todo otro tipo de culpas, sugerido por este procedimiento semita de “acumulación.” En el quinto precepto del Decálogo no sólo se condena el homicidio físico, sino todo deseo de injuria injusta.

El rabino Eliezer (c.90 d.C.) decía: “Quien odia a su prójimo tiene que ser contado entre los derramadores de sangre.” El judaísmo en tiempo de Cristo era unánime en rechazar la cólera entre hermanos. Hasta en Qumrán se dice: “El que guarde rencor a su prójimo, injustamente, será castigado seis meses (Regla. VII,8) Pero también se exige ser “inmisericordes” contra los que están fuera de la “vía” (ibíd., X,20ss) y también se lee en el Talmud bab. (Yoma 22b): “Un aprendiz de las Escrituras, que no se venga y no es rencoroso, no es un verdadero aprendiz de las Escrituras.”

Luego se expone en dos pequeñas parábolas o comparaciones — por evocación y contraste procedentes de otros contextos — la necesidad de la reconciliación con el prójimo.

a) La primera la presenta con un símil tomado del sacrificio y la presenta con la urgencia del que está ya a punto de ofrecerle. Que la deje “ante el altar” y que vaya primero a reconciliarse con su “hermano” — acaso recuerde la redacción eclesial de la Iglesia primitiva — si “tiene algo contra ti,” por suponerse que el oyente hizo algo injusto contra él. Con ello encarece la necesidad de la caridad al ponerlo en comparación con el sacrificio. Ya que, siendo éste representación vicaria del oferente, no es grata a Dios sin el amor al prójimo (Os 6:6).

Se pretendió sacar del v.26 de Mt la idea del purgatorio. Pero esto no es más que una redacción parabólica, popular y de tipo “sapiencial,” y que corresponde a una ofensa “in via.” Es una advertencia de prudencia humana, para los asuntos de la tierra, sin más pretensiones, y que se debe de aprovechar para evitar otras complicaciones. Así se debe aprovechar, analógicamente, esta lección para la ética cristiana (cf. Mt 18:34.35), pero sin matizaciones estrictas.

b) La segunda comparación está tomada de la vida civil: más vale componerse los litigantes de un pleito entre ellos que venir a la sentencia inapelable del juez, aparte de pagar costas y tener incomodidades y pleito. Se pagará hasta lo último. El “cuadrante” (quadrans), moneda romana, era la cuarta parte de un as, y éste equivalía a la décima; más tarde, a la de un denario, y éste era el jornal de un trabajador.

Se pensó que fuese una alegoría y se trató de identificar sus elementos. Pero es una pequeña parábola, de la que luego se alegorizan algunos elementos.

El tiempo que “están en camino” probablemente alegoriza el tiempo que se está in via; el juez y su sentencia son el tribunal de Dios; el castigo “en prisión,” de la que no se saldrá “hasta que” (έως = cadki) se pague el último cuadrante, es decir, hasta que se cumpla estrictamente la justicia, y porque el tono de esta redacción parabólica sólo habla popular y “sapiencialmente” del anuncio de un castigo que corresponde a una culpa contra la caridad, pero sin más precisiones. Lc (Lc 12:58.59) sólo trae esta segunda comparación en otro contexto y a otro propósito distinto.



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