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Evangelio del día 15 de mayo, 2019

En aquel tiempo, exclamó Jesús con fuerte voz: "El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, para que todo el que crea en mí no siga en tinieblas.

Si alguno oye mis palabras y no las pone en práctica, yo no lo voy a condenar; porque no he venido al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo.

El que me rechaza y no acepta mis palabras, tiene ya quien lo condene: las palabras que yo he hablado lo condenarán en el último día. Porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que mi Padre, que me envió, me ha mandado lo que tengo que decir y hablar. Y yo sé que su mandamiento es vida eterna. Así, pues, lo que hablo, lo digo como el Padre me lo ha dicho''. (Jn 12, 44-50)


1) V.44-45. El que “cree” y “ve” — paralelismo — a Cristo, cree en el que le ha enviado, ya que Él se presenta como Enviado del Padre (Jn 1:18; Jn 13:20). Y, además, porque Cristo “está” en el Padre (Jn 10:38; Jn 14:10ss; Jn 17:21). Por eso, el que “ve” a Cristo ve en El al Padre (Jn 14:7.9), ya que, donde está el Hijo, está el Padre, que le comunica su divinidad y le “envía” al mundo. Ver a Cristo con fe es “ver” al Padre en el Hijo.

2) V.46. Cristo vino al mundo como “luz” para que se pueda ver la verdad y no perezca el que crea en El (Jn 1:4; Jn 3:19; Jn 8:12; Jn 9:5; Jn 12:34; cf. Jn 3:16b); es la luz que llena y da la vida moral.

3) V.47-48. Se expone cómo la “palabra” de Cristo, el Evangelio, va a “juzgar,” condenar (Dt 31:26) al que no la reciba, pues “hay que hacer la verdad” — su verdad — (Jn 3:21). En el “último día,” escatología final, al que rechazó el mensaje de Cristo, su “palabra,” que es su verdad, “la Buena Nueva” será la que le “juzgue” y “condene.” La razón por que lo hará la “palabra” y no El, es porque El “no ha venido a condenar el mundo, sino a salvar al mundo” (Jn 3:17). En contraposición a lo que decían algunos apocalipsis judíos, que no veían en el Mesías más que un juez que, tomando al mundo tal como lo encontraba, sin hacerle intervenir en su salvación, lo juzgaba y condenaba, Jn destaca en Cristo Mesías su misión salvadora.

Esta enseñanza judicial de la “palabra” no va contra otras enseñanzas en el evangelio de Jn, en donde se dice que el que juzga es Cristo, puesto que el Padre le entregó a El todo el poder judicial sobre los seres humanos (Jn 5:22). Cristo no “condena” sin más, pues vino a salvar. Pero es verdadero Juez del mundo. Si aquí se destaca la “condenación” por hacerse el juicio ante la “palabra,” es porque se quiere destacar el valor de ésta y lo que ésta significa para Cristo. Y es lo que expone el evangelista en el último grupo de ideas.

4) V.49-50. La razón última de todo esto es que Cristo “no ha hablado de sí mismo,” sino lo que el Padre le ordenó. Así, El no condena por sí mismo, sino por la “palabra” y ante su código, que es la voluntad del Padre. De aquí le viene este gran poder a la “palabra” (Jn 7:17; Jn 14:10).

Se destaca, por último, el valor del testimonio del Padre: El “sabe — presciencia de Cristo — que su precepto — la “palabra” — es vida eterna” (Jn 3:15.16.36; Jn 5:24.40; Jn 10:10.28).

Así, este discurso de Cristo parece ser una síntesis joánica de las enseñanzas fundamentales de Cristo. Este “discurso” es un programa esquemático, por qué El será condenado. Es la lucha entre la Luz y la ceguera voluntaria de los dirigentes de Israel.



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