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Evangelio del día 22 de mayo, 2019

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. Al sarmiento que no da fruto en mí, él lo arranca, y al que da fruto lo poda para que dé más fruto.

Ustedes ya están purificados por las palabras que les he dicho. Permanezcan en mí y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante, porque sin mí nada pueden hacer. Al que no permanece en mí se le echa fuera, como al sarmiento, y se seca; luego lo recogen, lo arrojan al fuego y arde.

Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se les concederá. La gloria de mi Padre consiste en que den mucho fruto y se manifiesten así como discípulos míos''. (Jn 15, 1-8)


Discuten los autores acerca del género literario de este pasaje, sobre si es alegoría o parábola. Se ve en la simple lectura que hay elementos de ambas; se trata, pues, de un género mixto; y como en él prevalece el elemento alegórico, pues comienza por elementos alegóricos y toda la trama fundamental de la misma es alegórica, se la ha de tener por una alegoría-parabolizante.

Cristo comienza la alegoría presentándose como “la vid verdadera” (ή αληθινή ). “Verdadera” puede significar auténtico, genuino, contrapuesto a degenerado, falso; o también significar superior, excelente, contrapuesto a vulgar, ordinario. La segunda significación es la que parece más lógica. Es “vid verdadera” en cuanto se trasladan a él, en el orden espiritual, las propiedades de la vid. En el apócrifo Apocalipsis de Baruc, la viña aparece como símbolo del Mesías. Acaso la inspira aquí el “vino” de la última Cena. La Didajé (9:2) habla de la “vid santa de David.”

Al Padre se lo representa como el que trabaja esta viña: el “labrador” (γεωργός ).

Lo que aquí se quiere expresar es que Cristo, Dios-hombre, influye directamente, por la gracia, en los sarmientos. El Padre, en cambio, es el que tiene el gobierno y providencia exterior de la viña.

El tema central es la necesidad de estar unidos a Cristo (v.5). Pero hay dos modos de estar unidos a Cristo. Se habla de los fieles en general, tal como está redactado, aunque pudiera apuntar, originariamente a los apóstoles (v.8).

Uno es por la fe, bautismo, pero sin obras. Al que así se comporta, el Padre lo “cortará” de la Vid-Cristo. El Padre, que ejerce el gobierno y providencia exterior, consumará la separación que, culpablemente, tenga ese sarmiento. Es efecto de la “fe sin obras,” que es ”fe muerta” (Stg 2:17). La fe que no “opera por la “caridad” (Gal 5:6). Así se anuncia el peligro trascendental en que están estos sarmientos. ¿Cuándo serán separados de Cristo? No se dice. En la muerte, por la pérdida de la fe, por una excomunión. Sin embargo, por la comparación literaria de textos de este mismo pasaje, en que se habla de los “sarmientos cortados y echados al fuego” (v.6), acaso se refiera especialmete al juicio final, como se ve en los sinópticos (Mt 13:40.42; 25.41). También se hace ver la libertad del hombre y la culpabilidad de su no cooperación a la gracia (v.5b-8). La forma “sapiencial” en que es anunciado y el hablarse según la naturaleza de las cosas, no considera el caso en que el sarmiento desgajado pueda ser nuevamente injertado; lo que sería aquí el arrepentimiento y penitencia.

Pero hay otra forma de estar unido a Cristo: por la fe, el bautismo y la fructificación en obras. Al que así está, el Padre lo “podará” (καθαφεί = lo “limpiará”) para que dé más fruto.” Cuando en las vides los sarmientos son excesivos, hay que podarlos para que la demasiada proliferación no reste vigor a la savia. A su semejanza se hará con el fiel “sarmiento” esta poda: se le quitarán los obstáculos que le impiden a la savia de la gracia fructificar y expansionarse. Pero aquí esta comparación es parabólica, pues la savia de la gracia no se agota en Cristo ni la proliferación de los cristianos es obstáculo al vigor de la savia. Se enseña aquí la gran doctrina de las “purificaciones,” que ”in genere” será el “negarse a sí mismo” o todo lo que es apego egoísta e impedimento a la fructificación de la gracia. Esta enseñanza de Cristo es el mejor comentario al libro de Job: por qué sufre el justo.

La doctrina general — sapiencial — encuentra en el v.3 una aplicación directa a los apóstoles. La obra de “purificación” a que aludió evoca la “limpieza” en que ellos estaban a la hora del lavatorio de los pies (Jn 13:10). Tienen fundamentalmente esa pureza a causa de “la palabra que os he hablado,” es decir, el Evangelio: toda la enseñanza que Cristo les hizo, ya que sus palabras “son espíritu y vida.”

Estando ya unidos a la Vid, sólo necesitan, pues, tener toda esa vitalidad, “permanecer” en ella, en él. Es permanencia mutua: él en ellos y ellos en él.

El verbo que se usa, “permanecer” (μένω ), es el término propio y técnico de Jn. Lo usa 40 veces en su evangelio y 23 en su primera epístola. Y formula aquí con él la íntima, permanente y vital unión de los fieles con Cristo. Es la palabra que usa para expresar el efecto eucarístico de unión (Jn 6:56.57). La dicción puede tener sentido preceptivo o condicional: “permanece” o “permanecer para.” Fundamentalmente el sentido no cambia. Lo esencial es estar unidos a Cristo. Este pensamiento va a ser desarrollado en los apartados siguientes:

1) “Sin mí no podéis hacer nada” (v.52). Esta es la sentencia fundamental de todo el pasaje. Es uno de los textos que enseña la absoluta necesidad de la dependencia sobrenatural de Cristo. El concilio II Milevitano, de 416, y Cartaginense XVI, de 418, después de definir la necesidad de la gracia para toda obra sobrenatural, invocan en el mismo canon definitorio estas palabras de Cristo, con las cuales “no dice: Sin mí más difícilmente lo podéis hacer, sino que dice: Sin mí no podéis hacer nada”. Invocan este texto para lo mismo el concilio Arausicano II, de 529, confirmado luego por Bonifacio II; el concilio de Trento y el Vaticano II.

2) “El que permanece en mí..., ése da mucho fruto” (v.5ab). El pensamiento progresa. No solamente sin la unión a Cristo no se puede nada — aspecto semita negativo —, sino que, “permaneciendo” en El —aspecto positivo —, se “da mucho fruto.” La acción de la savia-gracia tiende a expansionarse. Cuando el cristiano responde a las mociones de la misma, “da fruto” y el Padre le “poda” para que se expansione más la gracia, “dé mucho fruto.”

Aunque no se dice, está latiendo en todo este pasaje el aspecto del mérito en esta obra hecha en unión con Cristo. El concilio de Trento invoca este pasaje para hacer ver el mérito de la obra hecha en gracia 9.

3) “Si permanecéis en mí..., pedid lo que quisiereis y se os dará” (v.7). Este versículo es como un paréntesis entre el 6 y 8. Si el v.7 está en su propio contexto histórico, se explica esta promesa o porque Cristo les da la clave normal para “permanecer” unidos a Él, o porque, asombrados ellos ante la posible perspectiva de la separación, lo que es imposible después de decirles que les iba a preparar las “mansiones,” les da la solución para esta unión: el recurso a la oración.

La formulación con que se hace es universal: se les dará cualquier cosa que pidan. La forma rotunda “sapiencial” podría tener excepciones o ser interpretada conforme a Jn (1Jn 5:14), en la hipótesis que, “si le pedimos algo conforme a su voluntad, El nos oye.” Pues es oración que se hace “permaneciendo” unidos a Cristo, y, movidos por su savia, nada se pediría que no convenga (cf. Jn 14:13).

Pero, si el versículo está fuera de su propio contexto, acaso sea paralelo a Jn 14:13.14, en que se refiere sólo a lo que se pide para la obra de apostolado. Así dirá que el fruto que les desea los acreditará como “discípulos míos” (v.8), y más adelante habla de la elección que hizo de ellos para el apostolado (v.16), añadiéndoles, en esa perspectiva apostólica, que el Padre les dará cuanto pidan (v.16c).

4) “En esto será glorificado mi Padre: en que deis mucho fruto” (v.8). La misión de Cristo es “glorificar” al Padre. Pero ¿cuál es el deseo del Padre en orden a la fructificación de estos “sarmientos” unidos a Cristo-Vid? No tienen tasa ni módulo. La enseñanza ya está dada antes (v.2), al decirse que al que dé fruto se lo “podará” para que dé “más fruto.”

La “glorificación,” pues, del Padre está en que “deis mucho fruto.” Es la valoración a la santidad, sea general, sea, en concreto, a la del apostolado.

Con ello “seréis discípulos míos.” Este futuro sugiere que esta fórmula expresa algo sobre el porvenir, y se entendería mejor de un discurso pronunciado después de la elección de los apóstoles.

Hay aquí seguramente dos temas combinados, al menos en la perspectiva didáctica de Jn: la necesidad de unión a Cristo para toda obra sobrenatural y un tema de apostolado, unido por analogía con la necesidad de la vitalización por Cristo, acaso con carácter polémico contra las herejías nacientes.

5) “Al que no permanece en mí..., lo arrojan al fuego para que arda” (v.6). Es el aspecto semita negativo de la no “permanencia” en Cristo-Vid. La imagen está tomada de los sarmientos secos. Con ella sólo se anuncia el hecho del castigo de estos “sarmientos” unidos a Cristo sin fructificación. Pero, si se tiene en cuenta su afinidad conceptual con la descripción de Mt del juicio final (Mt 13:40.42), acaso esta descripción de Jn sea una alusión a la separación oficial de Cristo en el juicio último, del que habla el cuarto evangelio (Jn 5:29; Jn 11:23.24).



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