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Evangelio del día 27 de mayo, 2019

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Cuando venga el Consolador, que yo les enviaré a ustedes de parte del Padre, el Espíritu de la verdad que procede del Padre, él dará testimonio de mí y ustedes también darán testimonio, pues desde el principio han estado conmigo.

Les he hablado de estas cosas para que su fe no tropiece. Los expulsarán de las sinagogas y hasta llegará un tiempo, cuando el que les dé muerte creerá dar culto a Dios. Esto lo harán, porque no nos han conocido ni al Padre ni a mí. Les he hablado de estas cosas para que, cuando llegue la hora de su cumplimiento, recuerden que ya se lo había predicho yo''. (Jn 15, 26–16, 4)


También se cita aquí la testificación que dará el Paráclito. Se conserva así su nombre, por el rico contenido etimológico que puede tener según los contextos.

No es aquí una simple fuerza o acción divina “ad extra,” como el ruah Elohim del A.T. De la confrontación de textos en Jn se ve que lo está presentando como una persona divina (Jn 14:15-17).

Además, Cristo dice que él lo enviará. Pero esto, por el método de “alusión,” tiene un valor especial. En el A.T. sólo Yahvé podía enviar este Espíritu. Cristo se está, pues, poniendo, al “enviarlo,” en la misma esfera divina.

“Cuando venga el Paráclito, que Yo os enviaré de junto al Padre,

el Espíritu de verdad, que procede (εκπορεύεται ) del Padre,

él dará testimonio de mí” (v.26).

Al Paráclito, por la función que va a desempeñar de testimoniar a Cristo, se lo llama, como en el capítulo anterior, “Espíritu de verdad.”

Va a testificar que el “mensaje” que Cristo traía del Padre — el Evangelio, centrado en la temática de Jn, en que Cristo es el verdadero Hijo de Dios — era verdadero. Y lo va a testimoniar con las maravillas que realizará a favor de Cristo y su obra. Fundamentalmente en Pentecostés, con el cumplimiento de la promesa que hizo Cristo de enviarlo desde el cielo (Jn 16:7ss; Act c.2), acusando así al mundo del gran “pecado” contra Cristo (Jua_16:9ss). También los “carismas” en la primitiva Iglesia (Hch 10:44ss; Hch 19:5-6; 1 Cor c.12; Gal 3:5), y, en general, los milagros de todo tipo, que, hechos por el Espíritu Santo, testifican la verdad del mensaje de Cristo.

Cristo les anuncia la persecución por causa suya. El horizonte de estas persecuciones es judío: “os echarán de la sinagoga,” no en sentido local, sino de la congregación de Israel. Y como la “hora” de Dios para la expansión mesiánica llega, llegará también la persecución al máximum: la muerte. Directamente las palabras son dirigidas a los apóstoles para la hora de su “ausencia,” pero el contenido doctrinal tiene mayor amplitud. La “excomunión” de la comunidad judía era practicada desde la vuelta de la cautividad (Esd 10:8). Tenía diversos grados; el último llevaba anejo la interdicción de todo para el “excomulgado.” Son las persecuciones que por falso celo hizo Saulo de Tarso. Es el motivo de falso celo por el que se mata a San Esteban (Hch 6:8ss) y sobre el 44 a Santiago el Mayor (Hch 12:1ss).

Y con este falso celo creerán prestar “un servicio a Dios.” El término usado (λατρειαν προσφέρειν τω θεώ ) significa ofrecer un acto de culto litúrgico. En la literatura rabínica se lee: “Al que derrama la sangre de los impíos se le ha de considerar como si hubiese ofrecido un sacrificio.” Tal es la paradoja del fanatismo de Israel contra los seguidores del Hijo de Dios.

El motivo de hacer esto es la ceguera culpable, tantas veces expuesta o aludida en Jn, por no haber conocido ni al Hijo ni al Padre, que le envió.

La advertencia — profética — que les hace, tiene para ellos un sentido apologético: que no se “escandalicen” a la hora de su cumplimiento. Cuando los poderes de la tierra los persigan, que sepan que Cristo se lo anunció; no es fracaso en su doctrina, es la permisión del plan del Padre. Así les anuncia la persecución y el triunfo, o mejor, el triunfo por la persecución.

La advertencia — profética — que les hace, tiene para ellos un sentido apologético: que no se “escandalicen” a la hora de su cumplimiento. Cuando los poderes de la tierra los persigan, que sepan que Cristo se lo anunció; no es fracaso en su doctrina, es la permisión del plan del Padre. Así les anuncia la persecución y el triunfo, o mejor, el triunfo por la persecución.

Antes, “desde el principio,” no les anunció esto porque estaba él con ellos, y este vaticinio es sobre la suerte de ellos en la hora de su “ausencia.” Si aparecen vaticinios de persecuciones en el Sermón de la Montaña (Mt 5:11; Lc 6:22), en la instrucción a los Doce (Mat_10:16-19) y a los discípulos (Lc 12:4) y en el Apocalipsis sinóptico (Mt 24:9 par.), no son obstáculo a esta afirmación de ahora; porque varios de estos anuncios están agrupados artificiosamente y otros no están lejanos, en su anuncio, de los días de la pasión. De ahí que el término “desde el principio” no tenga una interpretación estricta desde su “vocación” al apostolado; ni el momento de decirse esto en este discurso excluye el que no se les hubiese dicho, más o menos claramente, en otras ocasiones. Pero su presencia no exigía decírselo o recordárselo con el apremio apologético de su inminente partida.



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