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Evangelio del día 5 de abril, 2019

En aquel tiempo, Jesús recorría Galilea, pues no quería andar por Judea, porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba ya la fiesta de los judíos, llamada de las Cabañas.

Cuando los parientes de Jesús habían llegado ya a Jerusalén para la fiesta, llegó también él, pero sin que la gente se diera cuenta, como de incógnito. Algunos, que eran de Jerusalén, se decían: "¿No es éste al que quieren matar? Miren cómo habla libremente y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que es el Mesías? Pero nosotros sabemos de dónde viene éste; en cambio, cuando llegue el Mesías, nadie sabrá de dónde viene".

Jesús, por su parte, mientras enseñaba en el templo, exclamó: "Conque me conocen a mí y saben de dónde vengo... Pues bien, yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz; y a él ustedes no lo conocen. Pero yo sí lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado". Trataron entonces de capturarlo, pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora. (Jn 7, 1-2. 10. 25-30)


“Estaba cerca la fiesta de los Tabernáculos.” Era ésta una de las fiestas de peregrinación a la Ciudad Santa (Dt 16:16). Era llamada en hebreo Sukoth, fiesta de las cabañas, y en griego Eskenopegia. El sentido primitivo fue agrícola: agradecer a Dios las recolecciones finales, que terminaban con la vendimia (Ex 23:16.17; Dt 16:13), pidiendo la bendición de Yahvé sobre las futuras cosechas (Dt 16:15). Posteriormente se le unió también otro significado: conmemorar la obra de Yahvé, que, sacando a Israel de Egipto, le hizo habitar en el desierto en cabañas (Lv 23:43). últimamente vino a tomar también un sentido profético y escatológico, anunciando las alegrías y bendiciones que habría en la era mesiánica (Zac 14:16-19). Se celebraba del 15 del mes de Tishri al 21 del mismo (septiembre-octubre): era el final del año agrícola. Se celebraba durante siete días, más un octavo de clausura (Zac 23:33-36; 2Ma 10:6; Josefo, Antiq. III 10:4). Durante todos estos días se debía morar en cabañas (Lev 23:42), instaladas incluso en los terrados y patios de las casas, en las plazas y hasta “en los atrios de la casa de Dios” (Neh 8:16.17). Era la fiesta más popular (Josefo, Antiq. VIII 4:1).

Después del destierro babilónico se introdujeron otras ceremonias, como el ir cada día un sacerdote a buscar, en un recipiente de oro, agua a la fuente de Siloé, hecho de que se hablará después, ya que dará ocasión a Jesucristo para presentarse como el agua de vida. Estaba muy próxima esta festividad de los Tabernáculos, cuando los “hermanos” de Jesús que, aunque a veces son los apóstoles (Jn 20:17), aquí, como normalmente, son sus parientes, le dicen que vaya a Judea aprovechando la “próxima” festividad de los Tabernáculos y las caravanas galileas que allí iban a dirigirse. Estos “hermanos” de Jesús, que en un principio creyeron que su doctrina era un producto de exaltación, pensando que “estaba fuera de sí” (Mc 3:21), tuvieron que rendirse a los milagros que había hecho últimamente en Galilea; v.gr., curación de un sordomudo (Mc 7:31), multiplicación de panes (Mt 15:32-39; Mc 8:1-10), curación del ciego de Bethsaida (Mc 8:22-26). Estos hechos se les imponían por su evidencia; sin embargo, ellos “no creían en él,” es decir, en su misión, en su doctrina, y de su entrega a él, que tal es en Jn el sentido de “creer en El”. Probablemente no le creen Mesías, como Él se presentaba, porque, creyendo conocer su origen humano, estaban imbuidos, por el medio ambiente, de que el Mesías tendría un origen desconocido (Jn 7:27.41-42). Pensaban que tenía pretensión o ambiciones, y acaso cierta timidez de presentarse en el ambiente oficial de Jerusalén. Por eso le invitan, le animan, le empujan a ello. La mentalidad con que aparecen sugiere que buscan la aprobación oficial de El en Jerusalén y el aplauso de los “discípulos” que allí tiene, con lo que esto significa de ambiente y de ventaja para ellos mismos, sus “hermanos.”

Pero, ante esta propuesta, en la que jugaba papel importante la ambición de sus “hermanos,” la respuesta de Cristo es terminante para no subir con ellos: “Mi tiempo no ha llegado.”

¿A qué se refiere este “tiempo” suyo que aún no ha llegado? Este “tiempo” es equivalente a la otra expresión tan usual de Cristo, “mi hora.” Y esta “hora” en el evangelio de Jn puede referirse o a la hora de su manifestación gloriosa — milagrosa — como Mesías o a la hora, más que de su muerte, de su glorificación definitiva junto al Padre, aunque ésta ha de comenzar por su “exaltación” en la cruz.

Aun dado el contexto en que se encuentra, se refiere a la hora de su muerte-glorificación. La razón es que comienza el capítulo situando a Cristo en Galilea, y “no quería ir a Judea porque los judíos le buscaban para darle muerte” (Jn 7:1). Lo mismo que se expone en el v.7, en donde dice que el mundo no puede aborrecerlos a ellos, “pero a mí me aborrece” (v.7), porque testifica que “sus obras son malas” (Jn 3:19). Y dice luego el evangelista: “Buscaban, pues, prenderle, pero nadie le ponía las manos, porque aún no había llegado su hora” (v.30).

Por no haber llegado esta “hora” es por lo que Él no va con ellos a la fiesta. “Vosotros subid a esta fiesta; Yo no subo a esta fiesta” (v.8).

Algunos códices, para evitar la negación terminante de Cristo, le hacen decir, en lugar de “yo no subo a esta fiesta,” lo siguiente: “Yo aún no subo a esta fiesta.” Pero, si la lección es discutida, en ningún caso se cambia el sentido ni se crea dificultad al ver a Cristo subir muy poco después a la misma fiesta, puesto que no es ello otra cosa que un caso de negación extremista y rotunda del estilo semita.

También se ha pensado si no podría verse en esta palabra una alusión a la “subida” de Cristo al Padre (Jn 3:13; Jn 6:62; Jn 20:17). Esto explicaría que Jesús haya podido decir: “Yo no subo,” pensando en su “subida” a Jerusalén para la salud del mundo y para su glorificación. El proceder sería análogo al que se lee en Jn 2:19-21 a propósito de la “destrucción” del templo. El verbo αναβαίνει ν (subir): “Yo no subo” ahora, evocaría la idea de “resurrección” (άνάβασις ). Podría estar incluido en el intento simbolista de la redacción de Jn.

La actitud de Cristo se ve perfectamente cuál era al no ir con sus “hermanos.” Era el no ir en caravana. Esta estaba compuesta de galileos entusiasmados con su Profeta, al que habían querido ya proclamarle “rey” (Jn 6:15), y seguramente en aquel propósito estaba el llevarle para ello a Jerusalén, para proclamarle allí, en el templo, Rey-Mesías. Todo lo cual era entrar ostentosamente en Jerusalén con aquel Profeta-Mesías, lo que era desatar más aún la hostilidad de los dirigentes, que ya “lo buscaban para darle muerte” (Jn 7:1) y, en lo humano, precipitar los acontecimientos, lo que sería adelantar la “hora” de su pasión y muerte; lo que Él debía evitar. Y precisamente por esto andaba entonces por Galilea y no quería andar por Judea, pues ya lo buscaban para matarle (Jn 7:1).

Tal era la expectación que por El allí había, que “los judíos le buscaban en las fiestas.” Al ver que no había llegado con las caravanas galileas, había cuchicheo para saber si había venido, y discusión sobre El: para unos era “bueno,” para otros “seducía a las turbas” (v. 11-13); es decir, pensaban que daba una interpretación errónea, antitradicional (v.15) e impropia de la Escritura (Jn 7:47-53).

Por eso, si Él va a Jerusalén, fue después que ellos y las caravanas festivas habían subido, y lo hizo “no manifiestamente, sino en secreto” (v.10). Evitó la entrada espectacular y triunfal; o fue solo, o se unió a algún pequeño grupo ya en ruta, con el que pudiese pasar inadvertido en su llegada a Jerusalén. Lo que no excluye el que haya sido ya acompañado por sus discípulos.

En cambio, eliminada esta entrada suya con las caravanas, se explica el que aparezca luego enseñando en el templo, en las solemnidades de estos días (v. 14.37). Con sus partidarios en la ciudad, y temerosos de una revuelta, con las posibles repercusiones políticas de Roma, no se atreven allí a prenderle. Que era lo que se proponían, cuidadosamente, evitar en el acuerdo que tomaron definitivamente los dirigentes los días antes de la pasión: “No sea durante la fiesta, no vaya a alborotarse el pueblo” (Mt 26:5 par.). No obstante esto, en alguna coyuntura que les pareció propicia, “enviaron a los ministros para que le prendiesen” (Jn 7:32); pero éstos, impresionados por su manera y autoridad de hablar, no se atrevieron a prenderle (Jn 7:45). Esto era lo que hacía cuchichear acerca de Él, en un principio, por temor a los dirigentes judíos.



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