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Hora Nona, 31 de octubre, 2019

Invocación


V. Dios mío, ven en mi auxilio. R. Señor, date prisa en socorrerme.


Gloria al Padre, Y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén. (T. P. Aleluya).


Himno


Fuerza tenaz, firmeza de las cosas, inmóvil en ti mismo; origen de la luz, eje del mundo y norma de su giro: concédenos tu luz en una tarde sin muerte ni castigo, la luz que se prolonga tras la muerte y dura por los siglos. Amén.


Salmodia

Antífona 1: Yo invoco a Dios, y el Señor me salva.


Salmo 125

Dios, alegría y esperanza nuestra

Si sois compañeros en el sufrir, también lo sois en el buen ánimo. (2Co 1,7)


Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía soñar: la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían: «El Señor ha estado grande con ellos.» El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte, como los torrentes del Negueb. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.

Al ir, iba llorando, llevando la semilla; al volver, vuelve cantando, trayendo sus gavillas.


Gloria al Padre, Y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Antífona 2: Yo invoco a Dios, y el Señor me salva.

Salmo 126

El esfuerzo humano es inútil sin Dios

Sois edificio de Dios. (1Co 3,9)


Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles; si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis, que veléis hasta muy tarde, que comáis el pan de vuestros sudores: ¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos; su salario, el fruto del vientre: son saetas en mano de un guerrero los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena con ellas su aljaba: no quedará derrotado cuando litigue con su adversario en la plaza.


Antífona 3: Yo invoco a Dios, y el Señor me salva.

Salmo 127

Paz doméstica en el hogar del justo

«Que el Señor te bendiga desde Sión», es decir, desde su Iglesia. (Arnobio)


Dichoso el que teme al Señor + y sigue sus caminos.

Comerás del fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá bien; tu mujer, como parra fecunda, en medio de tu casa;

tus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de tu mesa: ésta es la bendición del hombre que teme al Señor.

Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida; que veas a los hijos de tus hijos. ¡Paz a Israel!


Lectura Breve

Ga 5,22-23a.25

El fruto del Espíritu es: amor, alegría, paz, comprensión, servicialidad, bondad, lealtad, amabilidad, dominio de sí. Si vivimos por el Espíritu, marchemos tras el Espíritu.


Responsorio Breve

V. Indícame, Señor, el camino que he de seguir. R. Tu espíritu, que es bueno, me guíe por tierra llana.


Oración

Oremos:

Contempla, Señor, a tu familia en oración y haz que, imitando los ejemplos de paciencia de tu Hijo, no decaiga nunca ante la adversidad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.


Conclusión

V. Bendigamos al Señor. R. Demos gracias a Dios.



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