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Hora Sexta del 6 de octubre, 2019

Invocación


V. Dios mío, ven en mi auxilio. R. Señor, date prisa en socorrerme.


Gloria al Padre, Y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Himno


A la gloria de Dios se alzan las torres, a su gloria los álamos, a su gloria los cielos, y las aguas descansan a su gloria.

El tiempo se recoge; desarrolla lo eterno sus entrañas; se lavan los cuidados y congojas en las aguas inmobles, en los inmobles álamos, en las torres pintadas en el cielo, mar de altos mundos.

Él reposa en la hermosura del corazón de Dios, que así nos abre tesoros de su gloria.

Nada deseo, mi voluntad descansa, mi voluntad reclina de Dios en el regazo su cabeza y duerme y sueña...; sueña, en descanso, toda aquesta visión de esta hermosura.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu por los siglos de los siglos. Amén.


Salmodia

Antífona 1: La diestra del Señor es excelsa. Aleluya.


Salmo 122

El Señor, esperanza del pueblo

Dos ciegos… se pusieron a gritar: «¡Ten compasión de nosotros, Señor, Hijo de David!». (Mt 20,30)


A ti levanto mis ojos, a ti que habitas en el cielo.

Como están los ojos de los esclavos fijos en las manos de sus señores, como están los ojos de la esclava fijos en las manos de su señora, así están nuestros ojos en el Señor, Dios nuestro, esperando su misericordia.

Misericordia, Señor, misericordia, que estamos saciados de desprecios; nuestra alma está saciada del sarcasmo de los satisfechos, del desprecio de los orgullosos.


Gloria al Padre, Y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Antífona 2: La diestra del Señor es excelsa. Aleluya.


Salmo 123

Nuestro auxilio es el nombre del Señor

Dijo el Señor a Pablo: «No temas…, que yo estoy contigo». (Hch 18,9.10)


Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte —que lo diga Israel—, si el Señor no hubiera estado de nuestra parte, cuando nos asaltaban los hombres, nos habrían tragado vivos: tanto ardía su ira contra nosotros.

Nos habrían arrollado las aguas, llegándonos el torrente hasta el cuello; nos habrían llegado hasta el cuello las aguas espumantes.

Bendito el Señor, que no nos entregó en presa a sus dientes; hemos salvado la vida, como un pájaro de la trampa del cazador: la trampa se rompió, y escapamos.

Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.


Gloria al Padre, Y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Antífona 3: La diestra del Señor es excelsa. Aleluya.


Salmo 124

El Señor vela por su pueblo

Paz sobre el Israel de Dios. (Ga 6,16)


Los que confían en el Señor son como el monte Sión: no tiembla, está asentado para siempre.

Jerusalén está rodeada de montañas, y el Señor rodea a su pueblo ahora y por siempre.

No pesará el cetro de los malvados sobre el lote de los justos, no sea que los justos extiendan su mano a la maldad.

Señor, concede bienes a los buenos, a los sinceros de corazón; y a los que se desvían por sendas tortuosas, que los rechace el Señor con los malhechores. ¡Paz a Israel!


Gloria al Padre, Y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Lectura Breve

Rm 8,22-23

Sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto. Y no sólo eso; también nosotros, que proseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestros cuerpos.


Responsorio Breve

V. Bendice, alma mía, al Señor. R. Él rescata tu vida de la fosa.


Conclusión

V. Bendigamos al Señor. R. Demos gracias a Dios.



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