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Hora Tercia del día 24 de septiembre, 2019

Tercia


Invocación

V. Dios mío, ven en mi auxilio. R. Señor, date prisa en socorrerme.


Gloria al Padre, Y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Himno

No es lo que está roto, no, el agua que el vaso tiene; lo que está roto es el vaso, y el agua al suelo se vierte.

No es lo que está roto, no, la luz que sujeta el día; lo que está roto es su tiempo, y en sombra se desliza.

No es lo que está roto, no, la caja del pensamiento; lo que está roto es la idea que la lleva a lo soberbio.

No es lo que está roto Dios ni el campo que él ha creado; lo que está roto es el hombre que no ve a Dios en su campo.

Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.


Salmodia

Antífona 1: Dichoso el que camina en la voluntad del Señor.


Salmo 118,1-8

I (Aleph) Meditación sobre la palabra de Dios revelada en la ley

En esto consiste el amor a Dios: en que guardemos sus mandamientos. (1Jn 5,3)


Dichoso el que, con vida intachable, camina en la voluntad del Señor; dichoso el que, guardando sus preceptos, lo busca de todo corazón; el que, sin cometer iniquidad, anda por sus senderos.

Tú promulgas tus decretos para que se observen exactamente. Ojalá esté firme mi camino, para cumplir tus consignas; entonces no sentiré vergüenza al mirar tus mandatos.

Te alabaré con sincero corazón cuando aprenda tus justos mandamientos. Quiero guardar tus leyes exactamente, tú, no me abandones.


Gloria al Padre, Y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Antífona 2: Dichoso el que camina en la voluntad del Señor.


Salmo 12

Súplica del justo que confía en el Señor

Que el Dios de la esperanza colme vuestra fe de alegría. (Rm 15,13)


¿Hasta cuándo, Señor, seguirás olvidándome? ¿Hasta cuándo me esconderás tu rostro? ¿Hasta cuándo he de estar preocupado, con el corazón apenado todo el día? ¿Hasta cuándo va a triunfar mi enemigo?

Atiende y respóndeme, Señor, Dios mío; da luz a mis ojos para que no me duerma en la muerte, para que no diga mi enemigo: «Le he podido», ni se alegre mi adversario de mi fracaso.

Porque yo confío en tu misericordia: alegra mi corazón con tu auxilio, y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho.


Gloria al Padre, Y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Antífona 3: Dichoso el que camina en la voluntad del Señor.


Salmo 13

Corrupción y necedad del impío

Si creció el pecado, más desbordante fue la gracia. (Rm 5,20)


Dice el necio para sí: «No hay Dios.» Se han corrompido cometiendo execraciones, no hay quien obre bien.

El Señor observa desde el cielo a los hijos de Adán, para ver si hay alguno sensato que busque a Dios.

Todos se extravían igualmente obstinados, no hay uno que obre bien, ni uno solo.

—Pero ¿no aprenderán los malhechores, que devoran a mi pueblo como pan y no invocan al Señor?

Pues temblarán de espanto, porque Dios está con los justos. Podéis burlaros de los planes del desvalido, pero el Señor es su refugio.

¡Ojalá venga desde Sión la salvación de Israel! Cuando el Señor cambie la suerte de su pueblo, se alegrará Jacob y gozará Israel.


Gloria al Padre, Y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Lectura Breve

Jr 17,7-8

Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto.


Responsorio Breve

V. El Señor no niega sus bienes a los de conducta intachable. R. ¡Señor de los ejércitos, dichoso el hombre que confía en ti!


Oración

Oremos:

Dios todopoderoso y eterno, que a la hora de tercia enviaste tu Espíritu Defensor a los apóstoles, derrama también sobre nosotros este Espíritu de amor, para que, ante los hombres, demos siempre fiel testimonio de aquel amor que has querido que fuera el distintivo de los discípulos de tu Hijo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén.


Conclusión

V. Bendigamos al Señor. R. Demos gracias a Dios.



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