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La oración de Colecta de la Misa de hoy. ¿Somos rectos y sencillos?

Aquí está #LaColecta de hoy, VI Domingo del Tiempo ordinario:


«Oh, Dios, que prometiste permanecer en los rectos y sencillos de corazón, concédenos, por tu gracia, vivir de tal manera que te dignes habitar en nosotros».


Un buen truco para pedir algo a Dios es recordar sus promesas. Para eso hay que conocerlas, obviamente: para esto un repaso a la Biblia ayuda mucho (a modo de sugerencia); mejor saber cuáles son de primera mano que de oídas. Así que empezamos recordando a Dios sus promesas.


La promesa de Dios es permanecer en los rectos y sencillos de corazón. Aquí es cuando empiezan nuestros problemas: ¿quién es recto y sencillo de corazón? ¿Quién puede asegurar la rectitud de sus intenciones, la transparencia -sobre todo cara a Dios? Ojo, que nos complicamos.


Vale, Él lo sabe todo, pero eso no quiere decir que nos imponga su ojo vigilante, que no deje un espacio de intimidad que podemos mostrarle -o no-. Este espacio puede estar oculto a nuestra mirada, porque también nos engañamos a nosotros mismos, y no una vez ni dos. Cientos.


La rectitud y la sencillez de un corazón son difíciles de conseguir en un ambiente donde la norma es desconfiar, sospechar y calcular, donde Sun Tzu terminaría bizco, Maquiavelo pasaría por un niño de guardería y Deep Blue quemaría todos sus circuitos. Astuto, pero con seso.


Lo que hay que vigilar es el propio corazón. ¿Medios? El diálogo continuo con Dios, la lucha constante por ser cada vez más sencillo y recto. No es nada fácil: más bien es prácticamente imposible, pero aquí hemos venido a jugar. Lo más difícil es ser bueno, pero vende menos.


Como es tan difícil, es lo que pedimos a Dios: que nos haga vivir de tal manera que se digne habitar en nosotros. Que nos ayude a dejar la casa del alma preparada para que Él pueda entrar y visitarnos, y estar siempre con nosotros. Por otro lado, para eso hemos sido creados.


En consecuencia: lucha para ser rectos y sencillos de corazón. Confianza en los demás, dudas respecto a uno mismo. Prudencia a la hora de juzgar, y exigencia al valorar las propias intenciones. Y acogerse siempre a la ayuda de Dios, el único que ve el fondo de los corazones.


Ruben Pereda



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