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Laudes del día 9 de septiembre, 2019

Laudes del día 9 de septiembre, 2019


V. Señor, àbreme los labios.

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.


INVITATORIO

Ant. Entremos a la presencia del Señor dándole gracias.


Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.


Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.


Entrad, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.


Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y me tentaron, aunque habían visto mis obras.


Durante cuarenta años

aquella generación me asqueó, y dije:

“Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso.”»


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Entremos a la presencia del Señor dándole gracias.


HIMNO

Llenando el mundo, el sol abre

la mañana más y más.

La luz que transcurre ahora

aún más pura volverá.


Descansa el peso del mundo

en alada suavidad,

teje la santa armonía

del tiempo en la eternidad.


Vivir, vivir como siempre;

vivir en siempre, y amar,

traspasado por el tiempo,

las cosas en su verdad.


Una luz única fluye,

siempre esta luz fluirá

desde el aroma y el árbol

de la encendida bondad.


Todo en rotación diurna

descansa en su más allá,

espera, susurra, tiembla,

duerme y parece velar,

mientras el peso del mundo

tira del cuerpo y lo va

enterrando dulcemente

entre un después y un jamás.


Gloria al Padre omnipotente,

gloria al Hijo, que él nos da,

gloria al Espíritu Santo,

en tiempo y eternidad. Amén.


SALMODIA

Ant. 1. Dichosos los que viven en tu casa, Señor.


Salmo 83

AÑORANZA DEL TEMPLO

No tenemos aquí ciudad permanente, sino que vamos buscando la futura (Heb 13, 14).


¡Qué deseables son tus moradas,

Señor de los ejércitos!

Mi alma se consume y anhela

los atrios del Señor,

mi corazón y mi carne

retozan por el Dios vivo.


Hasta el gorrión ha encontrado una casa;

la golondrina, un nido

donde colocar sus polluelos:

tus altares, Señor de los ejércitos,

Rey mío y Dios mío.


Dichosos los que viven en tu casa,

alabándote siempre.

Dichosos los que encuentran en ti su fuerza

al preparar su peregrinación.


Cuando atraviesan áridos valles,

los convierten en oasis,

como si la lluvia temprana

los cubriera de bendiciones;

caminan de baluarte en baluarte

hasta ver a Dios en Sión.


Señor de los ejércitos, escucha mi súplica;

atiéndeme, Dios de Jacob.

Fíjate, oh Dios, en nuestro Escudo,

mira el rostro de tu Ungido.


Vale más un día en tus atrios

que mil en mi casa,

y prefiero el umbral de la casa de Dios

a vivir con los malvados.


Porque el Señor es sol y escudo,

él da la gracia y la gloria;

el Señor no niega sus bienes

a los de conducta intachable.


¡Señor de los ejércitos, dichoso el hombre

que confía en ti!


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Dichosos los que viven en tu casa, Señor.


Ant. 2. Venid, subamos al monte del Señor.


Cántico Is 2, 2-5

EL MONTE DE LA CASA DEL SEÑOR EN LA CIMA DE LOS MONTES

Todas las naciones vendrán y se postrarán en tu acatamiento (Ap 15, 4).


Al final de los días estará firme

el monte de la casa del Señor,

en la cima de los montes,

encumbrado sobre las montañas.


Hacia él confluirán los gentiles,

caminarán pueblos numerosos.

Dirán: "Venid, subamos al monte del Señor,

a la casa del Dios de Jacob.

Él nos instruirá en sus caminos

y marcharemos por sus sendas;

porque de Sión saldrá la ley,

de Jerusalén, la palabra del Señor".


Será el árbitro de las naciones,

el juez de pueblos numerosos.

De las espadas forjarán arados,

de las lanzas, podaderas.


No alzará la espada pueblo contra pueblo,

no se adiestrarán para la guerra.

Casa de Jacob, ven,

caminemos a la luz del Señor.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Venid, subamos al monte del Señor.

Ant. 3. Cantad al Señor, bendecid su nombre.


Salmo 95

EL SEÑOR, REY Y JUEZ DEL MUNDO

Cantaban un cántico nuevo ante el trono, en presencia del Cordero (Ap 14, 3).


Cantad al Señor un cántico nuevo,

cantad al Señor, toda la tierra;

cantad al Señor, bendecid su nombre,

proclamad día tras día su victoria.


Contad a los pueblos su gloria,

sus maravillas a todas las naciones;

porque es grande el Señor, y muy digno de alabanza,

más temible que todos los dioses.


Pues los dioses de los gentiles son apariencia,

mientras que el Señor ha hecho el cielo;

honor y majestad lo preceden,

fuerza y esplendor están en su templo.


Familias de los pueblos, aclamad al Señor,

aclamad la gloria y el poder del Señor,

aclamad la gloria del nombre del Señor,

entrad en sus atrios trayéndole ofrendas.


Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,

tiemble en su presencia la tierra toda;

decid a los pueblos: "El Señor es rey,

él afianzó el orbe, y no se moverá;

él gobierna a los pueblos rectamente".


Alégrese el cielo, goce la tierra,

retumbe el mar y cuanto lo llena;

vitoreen los campos y cuanto hay en ellos,

aclamen los árboles del bosque,

delante del Señor, que ya llega,

ya llega a regir la tierra:

regirá el orbe con justicia

y los pueblos con fidelidad.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Cantad al Señor, bendecid su nombre.


LECTURA BREVE St 2, 12 -13

Hablad y actuad como quienes han de ser juzgados por una ley de libertad, pues habrá un juicio sin misericordia para quien no practicó misericordia; pero la misericordia triunfa sobre el juicio.


RESPONSORIO BREVE

V. Bendito el Señor ahora y por siempre.

R. Bendito el Señor ahora y por siempre.

V. Sólo él hizo maravillas.

R. Ahora y por siempre.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Bendito el Señor ahora y por siempre.


CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Bendito sea el Señor, Dios nuestro.


BENEDICTUS Lc 1, 68-79

EL MESÍAS Y SU PRECURSOR


Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo,

por boca de sus santos profetas.


Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

realizando la misericordia

que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.


Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.


Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.


Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tinieblas

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Bendito sea el Señor, Dios nuestro.


PRECES

Invoquemos a Dios, que puso en el mundo a los hombres para que trabajasen concordes para su gloria, y digámosle:

Haz, Señor, que te glorifiquemos.


Te bendecimos, Señor, creador del universo, porque has conservado nuestra vida hasta el día de hoy,

— haz que en toda nuestra jornada te alabemos y te bendigamos.


Míranos benigno, Señor, ahora que vamos a comenzar nuestra labor cotidiana,

— haz que, obrando conforme a tu voluntad, cooperemos en tu obra.


Que nuestro trabajo de hoy sea provechoso para nuestros hermanos,

— y así todos juntos edifiquemos un mundo grato a tus ojos.


A nosotros y a todos los que hoy entrarán en contacto con nosotros,

— concédenos el gozo y la paz.


Se pueden añadir algunas intenciones libres.


Llenos de alegría por nuestra condición de hijos de Dios, digamos confiadamente:

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.


ORACIÓN

Señor, tú que te has dignado redimirnos y has querido hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de padre y haz que cuantos creemos en Cristo, tu Hijo, alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.


CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.



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