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Lecturas del día 18 de septiembre, 2019

Primera lectura

1 Tm 3, 14-16

Querido hermano: Te escribo estas cosas con la esperanza de ir a verte pronto. Pero si tardo en llegar, quiero que sepas desde ahora cómo debes de actuar en la casa del Dios vivo, que es la Iglesia, columna y fundamento de la verdad.

Realmente es grande el misterio del amor de Dios, que se nos ha manifestado en Cristo, hecho hombre, santificado por el Espíritu, contemplado por los ángeles, anunciado a todas las naciones, aceptado en el mundo mediante la fe y elevado a la gloria.


Estos versículos, haciendo resaltar la grandeza de la Iglesia, constituyen una especie de colofón a lo dicho sobre los ministros sagrados, cuya misión es la de estar al servicio de la misma.

El Apóstol dice expresamente a Timoteo que si le da las instrucciones que le viene dando es “para que sepas cómo hay que comportarse en la casa de Dios, que es la Iglesia de Dios vivo, columna y sostén de la verdad” (v.14-15). Magnífica descripción de la Iglesia. Si habla de Dios “vivo” es, sin duda, para caracterizarlo como el verdadero Dios, en contraposición a los ídolos (cf. 1Te 1:9; 2Co 6:16). La metáfora de la “casa” puede tomarse en dos sentidos: en cuanto que la Iglesia es como un edificio espiritual formado por piedras vivas que son los fieles (cf. Ef 2:21; Ef 4:12; 1Pe 2:5), o en cuanto que los fieles, por su condición de hijos de Dios, constituyen como la familia o casa de Dios (cf. Gal 6:10; Efe 2:19; Heb 3:5-6). Es posible que, en la mente de San Pablo, al escribir “casa de Dios,” anduviesen aleteando juntos ambos significados. La expresión “columna y sostén de la verdad,” para caracterizar la misión de la Iglesia, es otra, imagen tomada de la construcción. El sentido es claro: como el basamento sostiene las columnas y las columnas sostienen y muestran a vista de todos las estatuas de los héroes, así la verdad de Dios, contenida en el mensaje evangélico, está sostenida y presentada al mundo por la Iglesia. Quien se aleja de la Iglesia no está en la verdad.

En el v.16, San Pablo hace como un resumen de esa “verdad” de Dios confiada a la Iglesia para su custodia y difusión en el mundo, y que es tema constante en las Pastorales (cf. 2:4; 2Ti 2:15.18. 25; 2Ti 3:7; 2Ti 4:4; Tit 1:1.14). La llama “misterio de la piedad”, expresión prácticamente equivalente a “misterio de la fe”. El término “misterio” indica que se trata de una verdad por largo tiempo oculta en Dios y manifestada ahora (cf. Ef 3:9). En qué consista ese misterio “de la piedad” (τήβ ευσέβειας ) ο del verdadero culto a Dios, lo dice el Apóstol a continuación, valiéndose de una estrofa de un himno cristiano primitivo, que parece copia literalmente. La estrofa es un canto a Cristo y consta de seis miembros distribuidos en tres pares antitéticos: carne-espíritu, ángeles-naciones, mundo-gloria. Maravilloso resumen de la vida y obra de Cristo: toma carne humana (cf. Jn 1:14), mostrado como quien es mediante el testimonio del Espíritu (cf. Jn 1:32; Jn 16:8; Hch 10:38), contemplado por los ángeles (cf. Lc 2:13; Mt 4:11; Mt 28:2; Efe 1:21), predicado a las naciones (cf. Hch 1:8), creído en el mundo (cf. Hc 5:14; Hch 15:3), ensalzado en la gloria (cf. Hc 1:9; Flp 2:9-11).

Podemos ver aquí la formulación primitiva del misterio del Verbo encarnado, verdadero Dios y verdadero hombre. La primera antítesis evoca el encuentro de dos mundos, el humano y el divino, en la persona de Cristo; la segunda presenta la proclamación a dos mundos, el celeste y el terrestre, de ese misterio de Cristo; la tercera, al igual que en Flp 2:9-11, completa la evocación del misterio de Cristo, recordando su exaltación a la gloria. A buen seguro que Timoteo y sus fieles, meditando este himno, se sentirían santamente orgullosos de su condición de cristianos.


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Salmo Responsorial

Salmo 110, 1-2. 3-4. 5-6


R. (2a) Alabemos a Dios de todo corazón.


Quiero alabar a Dios, de corazón,

en las reuniones de los justos.

Grandiosas son las obras del Señor

y para todo fiel, dignas de estudio.


R. Alabemos a Dios de todo corazón.


De majestad y gloria hablan sus obras

y su justicia dura para siempre.

Ha hecho inolvidables sus prodigios.

El Señor es piadoso y es clemente.


R. Alabemos a Dios de todo corazón.


Acordándose siempre de su alianza,

él le da comer al que lo teme.

Al darle por herencia a las naciones,

hizo ver a su pueblo sus poderes.


R. Alabemos a Dios de todo corazón.


La tradición judeo-cristiana ha admitido siempre la proyección mesiánica de esta vigorosa pieza del Salterio. Los apóstoles y el mismo Jesús apelan al sentido mesiánico del salmo, y los Santos Padres siguen la misma línea; no obstante, los autores modernos católicos no convienen en matizar el mesianismo del salmo, ya que, mientras unos lo toman en sentido directo y literal, otros, en cambio, lo entienden en sentido típico indirecto: el salmista, con motivo de la entronización de un rey, le ensalzaría, viendo en él el eslabón que lleva al Rey por excelencia de la dinastía davídica, el Mesías. El salmista, llevado de un sentido profético, piensa en la culminación de la dinastía y en la inauguración de los tiempos mesiánicos, y presenta al futuro Mesías dominando sobre sus enemigos después de haberlos vencido en la batalla. La perspectiva, pues, está dentro de los moldes primarios de la teología viejo testamentaria. La panorámica del salmista difiere mucho de la del autor de los fragmentos del “Siervo de Yahvé,” en los que se nos presentan las facetas de un Mesías doliente triunfando con la mansedumbre y la ofrenda de su propia vida.


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Evangelio

Lc 7, 31-35


En aquel tiempo, Jesús dijo: "¿Con quién compararé a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen? Se parecen a esos niños que se sientan a jugar en la plaza y se gritan los unos a los otros:

'Tocamos la flauta y no han bailado, cantamos canciones tristes y no han llorado'.

Porque vino Juan el Bautista, que ni comía pan ni bebía vino, y ustedes dijeron: 'Ese está endemoniado'. Y viene el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: 'Este hombre es un glotón y un bebedor, amigo de publicanos y pecadores'. Pero sólo aquellos que tienen la sabiduría de Dios, son quienes lo reconocen".


Lc es más completo en este pasaje que Mt. Hace fuerte la contraposición entre “el pueblo, que le escuchó,” y “los publícanos,” que reconocieron la justicia de Dios, el plan de Dios, de recibir el bautismo de Juan como signo de su cambio de conducta. La forma “todo el pueblo” es rotunda y usual en Lc para indicar por un golpe psicológico el efecto grande y masivo. Pero frente a éstos pone a los “fariseos y doctores de la Ley,” que “anularon el consejo divino,” el plan providencial de Dios, no aceptando el bautismo de Juan, es decir, las disposiciones morales (μετάνοια ) que con él se protestaban.

Pero, si a Juan no lo aceptan, a Cristo tampoco. Tienen la veleidad, aquí malévola, de los muchachos en sus juegos. Es una comparación o pequeña parábola sin elementos diferenciales alegóricos, como sutilmente algunos pensaron.

v.32. Lc pone “llorar” en donde Mt (Mt 11:17) pone “golpear el pecho.” Probablemente se deba a “fuentes” distintas, o a una cita libre.

Vino Juan en la austeridad de la penitencia, y en la soledad, y lo consideraban “endemoniado.” Viene Cristo asistiendo por su apostolado salvador a tomar contacto con “publícanos y pecadores,” y se le califica de glotón y bebedor y amigo de esas gentes despreciables. No era, en el fondo, otra razón que el orgullo farisaico, que no aceptaba imposiciones por considerarse ellos los maestros de la luz.

“Pero la Sabiduría ha sido aprobada por todos sus hijos.” Mt pone esta aprobación de la sabiduría por sus “obras.” En el fondo es lo mismo, ya que estas “obras” son las de sus “hijos,” de los hijos de la sabiduría. Esta es la sabia providencia de Dios, que cantan los libros “sapienciales,” y que dan al ser humano la rectitud y la justicia. Es la que conduce a los humanos al Reino y los hace ingresar en él, que aquí es ese “pueblo” y esos “publícanos” de los que acaba de hablar, y que por ella ingresaron en el reino.



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