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Lecturas del Día 22 de noviembre, 2019

Primera lectura

1Mac 4, 36-37. 52-59

En aquellos días, Judas y sus hermanos se dijeron: "Nuestros enemigos están vencidos; vamos, pues, a purificar el templo para consagrarlo de nuevo". Entonces se reunió todo el ejército y subieron al monte Sión.

El día veinticinco de diciembre del año ciento cuarenta y ocho, se levantaron al romper el día y ofrecieron sobre el nuevo altar de los holocaustos que habían construido, un sacrificio conforme a la ley. El altar fue inaugurado con cánticos, cítaras, arpas y platillos, precisamente en el aniversario del día en que los paganos lo habían profanado. El pueblo entero se postró en tierra y adoró y bendijo al Señor, que los había conducido al triunfo.

Durante ocho días celebraron la consagración del altar y ofrecieron con alegría holocaustos y sacrificios de comunión y de alabanza. Adornaron la fachada del templo con coronas de oro y pequeños escudos, restauraron los pórticos y las salas, y les pusieron puertas. La alegría del pueblo fue grandísima y el ultraje inferido por los paganos quedó borrado.

Judas, de acuerdo con sus hermanos y con toda la asamblea de Israel, determinó que cada año, a partir del veinticinco de diciembre, se celebrara durante ocho días, con solemnes festejos, el aniversario de la consagración del altar.


La derrota de Lisias tuvo lugar viviendo todavía Antíoco Epifanes (2Ma_11:1-12). Tenía Lisias suficiente amor propio para organizar otra expedición de castigo contra Judas. El año de los seléucidas 148, el 164 antes de Jesucristo, reclutó un imponente ejército, capaz, según sus cálculos, de aplastar a los judíos. Judas Macabeo, una vez liquidado el ejército de Gorgias, quiso castigar la insolencia de los idumeos, que molestaban a los judíos ortodoxos y acogían a los que desertaban de su ejército (2Ma 10:10ss). Por motivos de seguridad pensó en aprovechar el descanso para arrebatar algunas plazas fuertes a los idumeos. Lisias corrió en ayuda de sus fieles aliados, y fijó su tienda en Betsur, plaza fuerte que dominaba el camino de Hebrón a Jerusalén, distante veintiocho kilómetros de esta última. En su oración hace notar Judas que la actual desproporción de fuerzas existía también entre Jonatás y los filisteos (1Sa 14:1-23), entre David y Goliat (ibid.,1Sa 17:38-51); pero Dios entrego a los filisteos en poder de uno y otro. Dios y Judas derrotaron al regente Lisias, que, avergonzado, se retiró a Antioquía, queriendo zafar su derrota con el reclutamiento de nuevos mercenarios. Pero razones diplomáticas aconsejaban no azuzar al león de Judá, sino más bien amansarlo con medidas de libertad para el judaísmo.

Las fuerzas del regente Lisias habían evacuado Palestina; los idumeos habían sido humillados; los sirios de Jerusalén, sitiados en el Acra. Había llegado la ocasión propicia para purificar el templo y restablecer el culto legítimo. Los hermanos Macabeos subieron con el ejército a fin de tener a raya la guarnición de la ciudadela (1Sa 1:35-36). La vista del templo arrancó lágrimas a sus ojos.

El día 25 del mes de Casleu del año 167 antes de Jesucristo sacrificaron los gentiles la primera víctima, probablemente un cerdo, sobre el altar asentado sobre el antiguo de los holocaustos; el mismo día del año 164 se ofreció el sacrificio prescrito por la Ley en el nuevo altar. Al rayar el alba, los sacerdotes ofrecieron un cordero de un año, recogiendo su sangre y rociando con ella el altar (Num_28:3). Por ser el primer sacrificio en el nuevo altar, la ceremonia revistió gran solemnidad, con acompañamiento de instrumentos músicos (1Cr 7:4; 1Cr 16:42). Las fiestas duraron ocho días (1 Re 8-66; 2Cr 7:8), durante los cuales el público ofreció holocaustos y sacrificios pacíficos (Lev 7:11-12-16). En señal de fiesta se adornó la parte frontal del templo con guirnaldas y coronas.

Señala bien el texto el origen de la fiesta de la hanukkah, que en griego se llama enkaimá (Lc 10:22), dedicatio en latín. Los judíos modernos celebran la fiesta. Cada día, a partir del 25 de Casleu, se recita el Hallel (Sal 113-118) y se lee una parte del Pentateuco. El sábado se lee el capítulo del libro de los Números referente al candelabro de oro, y como haptarah el pasaje de Zach (2:14-4:8). La primera noche se enciende una luz, dos en la segunda, y así sucesivamente (Bévenqt, Abel).

Para impedir que la guarnición de la ciudadela o cualquiera otro pagano pisara el lugar santo, se construyeron muros y torres de protección alrededor del templo. La plaza fuerte de Betsur fue asimismo fortificada con el fin de prevenir cualquier sorpresa de parte de los idumeos.


Salmo Responsorial


1 Crónicas 29, 10. 11abc. 11d-12a. 12bcd


R. Benditos seas, Señor, Dios nuestro.


Bendito seas, Señor,

Dios de nuestro padre Jacob,

Desde siempre y para siempre.


R. Benditos seas, Señor, Dios nuestro.


Tuyos es la grandeza y el poder,

El honor, la majestad y la gloria,

pues tuyo es cuanto hay en el cielo y en la tierra.


R. Benditos seas, Señor, Dios nuestro.


Tuyo, Señor, es el reino,

tú estás por encima de todos los reyes.

De ti provienen las riquezas y la gloria.


R. Benditos seas, Señor, Dios nuestro.


Tú lo gobiernas todo,

en tu mano están la fuerza y el poder

y de tu mano proceden la gloria y tu fortaleza.


R. Benditos seas, Señor, Dios nuestro.


Ante los hechos extraordinarios acaecidos en la era de Ornan, comprendió David que había escogido Dios aquel lugar para residir en él. No pudiendo levantar materialmente el templo por haber derramado mucha sangre (v.8), acumula materiales para facilitar la empresa a su hijo Salomón; con una hipérbole manifiesta señala el texto la gran cantidad de oro y plata reunida por David (v.14). A partir de este capítulo hasta el 29 inclusive se inspira el autor en fuentes extracanónicas.


Evangelio

Lc 19, 45-48

Aquel día, Jesús entró en el templo y comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban allí, diciéndoles: "Está escrito: Mi casa es casa de oración; pero ustedes la han convertido en cueva de ladrones".

Jesús enseñaba todos los días en el templo. Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas


La descripción que hace Lc de la expulsión de los mercaderes del templo es la más sintética de todas. Casi es una alusión, ante la descripción de Mt-Mc y, sobre todo, Jn, que le da un mayor complemento histórico y una expresa valoración teológica. Casi es una alusión a este pasaje.

Cristo, al purificar el templo expulsando a unos y otros, dice que “mi casa es casa de oración, pero vosotros la habéis convertido en cueva de ladrones.” La cita es de Jeremías (Jn 7:11). El pasaje de Lc es demasiado concreto. Pero, a la luz del relato de Jn (Lc 20:1-2), se ve que fue un acto de tipo mesiánico.

En cuanto al momento histórico de la escena, parece que los sinópticos la han desplazado, retardando su narración a la última Pascua, cuando el momento histórico parece ser el de Jn, es decir, la primera Pascua.

No deja de extrañar que Lc, que tanto destaca la oración, y la oración de Cristo, no comente más este tema. Acaso “deja este aspecto para Act 7 y los días de la Iglesia” (C. Stuhlmueller). Aquí se lo prepara como escenario de su enseñanza.




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