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Lecturas del día 4 de octubre, 2019

Lecturas 4 de octubre, 2019

Primera lectura

Bar 1, 15-22

"Reconocemos que el Señor, Dios nuestro, es justo, y todos nosotros, los habitantes de Judea y de Jerusalén, nuestros reyes y príncipes, nuestros sacerdotes, profetas y padres, nos sentimos hoy llenos de vergüenza, porque hemos pecado contra el Señor y no le hemos hecho caso; lo hemos desobedecido y no hemos escuchado su voz ni hemos cumplido los mandamientos que él nos dio.

Desde el día en que el Señor sacó de Egipto a nuestros padres hasta el día de hoy, no hemos obedecido al Señor, nuestro Dios, y nos hemos obstinado en no escuchar su voz.

Por eso han caído ahora sobre nosotros las desgracias y la maldición que el Señor anunció por medio de Moisés, su siervo, el día en que sacó de Egipto a nuestros padres, para darnos una tierra que mana leche y miel.

No hemos escuchado la voz del Señor, nuestro Dios, conforme a las palabras de los profetas que nos ha enviado y todos nosotros, siguiendo las inclinaciones de nuestro perverso corazón, hemos adorado a dioses extraños y hemos hecho lo que el Señor, nuestro Dios, reprueba''.


Las semejanzas entre esta oración y la de Daniel son sorprendentes. Parece que hay dependencia casi literal entre ambas. Y también tiene muchas afinidades con Dan 9:4-9. El esquema de la oración es trivial y sin originalidad alguna. Se afirma la justicia de Dios, manifestada en el castigo enviado sobre ellos, merecido por sus muchos pecados. Toda la sociedad judía es responsable ante Dios por la catástrofe, ya que todos pecaron: reyes, príncipes, sacerdotes, profetas y varones en general. El pecado principal consiste en la desobediencia al Señor, haciendo caso omiso de las amenazas intimadas por medio de Moisés en Deu 28:15.


Salmo Responsorial

Salmo 78, 1-2. 3-5. 8. 9


R. (9b) Sálvanos, Señor, y perdona nuestras pecados.


Dios mío, los paganos han invadido tu propiedad,

han profanado tu santo templo,

y han convertido a Jerusalén en ruinas.


R. Sálvanos, Señor, y perdona nuestras pecados.


Han echado los cadáveres de tus siervos

a las aves de rapiña,

y la carne de tus fieles

a los animales feroces.


R. Sálvanos, Señor, y perdona nuestras pecados.


Hemos sido el escarnio de nuestros vecinos

la irrisión y la burla de los que nos rodean.

¿Hasta cuándo, Señor, vas a estar enojado

y arderá como fuego tu ira?


R. Sálvanos, Señor, y perdona nuestras pecados.


No recuerdes, Señor, contra nosotros

las culpas de nuestros padres.

Que tu amor venga pronto a socorrernos,

porque estamos totalmente abatidos.


R. Sálvanos, Señor, y perdona nuestras pecados.


Para que sepan quién eres,

socórrenos, Dios y salvador nuestro.

Para que sepan quién eres,

sálvanos y perdona nuestros pecados.


R. Sálvanos, Señor, y perdona nuestras pecados.


También este salmo es una lamentación colectiva por la triste situación de la nación, presa de los enemigos, que se han ensañado con lo mejor de sus habitantes. Llevados de la visión religiosa de las vicisitudes de su época, los salmistas ven en la tragedia nacional el castigo merecido por las prevaricaciones reiteradas del pueblo elegido. Yahvé es un Dios celoso de sus derechos, y por eso se ha dejado llevar de la explosión de su cólera para castigar a los que se han apartado de El. Con todo, Israel es el patrimonio de Yahvé, y el templo su morada habitual en la tierra. Por ello, no puede olvidar a su pueblo definitivamente.

El salmo se divide en dos partes netas: a) queja por la triste situación de la nación depredada y abandonada (1-7); b) plegaria a Dios para que dé término a este estado de cosas (8-13). Yahvé debe atender no a las exigencias de su justicia por las múltiples prevaricaciones de Israel, sino a la riqueza inagotable de su misericordia. Por otra parte, las naciones gentílicas son peores que Israel, y, por tanto, no tienen derecho a conculcar los derechos del pueblo elegido. El honor del nombre divino exige la pronta rehabilitación de Israel, ya que, de lo contrario, los enemigos de Yahvé sacarán en consecuencia que es inútil acudir a El en demanda de auxilio. Urge la intervención divina para mostrar que no se puede derramar la sangre de sus servidores y fieles.

El ritmo métrico predominante es el de la qinah, o lamentación elegiaca. La división estrófica es irregular, predominando el paralelismo sintético. El estilo es agitado y lleno de emoción entrecortada.

Hay grandes analogías literarias entre este salmo y el 74 y por otra parte, abundan las reminiscencias de otros salmos y de los escritos profetices. Teniendo en cuenta esto, los críticos modernos distinguen diversos estratos literarios, y suponen que un núcleo primero fue escrito con motivo de la destrucción de Jerusalén por los babilonios en el 586 a.C., pero que fue amplificado después con motivo de otras invasiones, como las de los seléucidas en el siglo II a.C. Esto explicaría las concomitancias literarias con otras composiciones del Salterio.




Evangelio

Lc 10, 13-16

En aquel tiempo, Jesús dijo: "¡Ay de ti, ciudad de Corazaim! ¡Ay de ti, ciudad de Betsaida! Porque si en las ciudades de Tiro y de Sidón se hubieran realizado los prodigios que se han hecho en ustedes, hace mucho tiempo que hubieran hecho penitencia, cubiertas de sayal y de ceniza. Por eso el día del juicio será menos severo para Tiro y Sidón que para ustedes. Y tú, Cafarnaúm, ¿crees que serás encumbrada hasta el cielo? No. Serás precipitada en el abismo".

Luego, Jesús dijo a sus discípulos: "El que los escucha a ustedes, a mí me escucha; el que los rechaza a ustedes, a mí me rechaza y el que me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado".


Los discípulos van en plan de misión. Y esto evocaba su personal misión en Corazaim, Betsaida y Cafarnaúm. A pesar de su evangelización y de sus milagros, estas ciudades no respondieron como debían a su ingreso en el Reino. No se puede jugar con la hora de Dios, como lo evoca su visita en esta misión de los discípulos. Y les anuncia la gravedad de su culpa y el castigo. Para ello las compara con las ciudades infieles clásicas, Tiro y Sidón. Adelanta la comparación de Sodoma, que también la trae en este cuadro Mt, posiblemente para dejar un cuadro de ritmo binario, o por efecto de encontrarlo así en su “fuente” o de oportunidad de clausura literaria a las advertencias del discurso, ya que el cuadro siguiente se ve que tiene una independencia literaria en las “fuentes,” como elemento comparativo de las ciudades que no quieran recibir el reino de Dios. Si con toda su maldad hubiesen recibido su presencia, su doctrina y sus milagros, se hubiesen vestido de “saco y ceniza,” atuendo oriental de duelo, y hecho penitencia. Por eso serán tratadas con menos rigor en el juicio. éste, término ya técnico ambiental, es el juicio postrero. El resto de los detalles se expone en el Comentario a Mt 11:20-24.

En el v.7 hace ver que a la hora de esta redacción, la discriminación de los alimentos no cuenta (1Co 10:27; Hch 10:25).



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