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Los reformistas eclesiales empiezan a perder la paciencia con Francisco

Por Carlos Esteban

No lo que se decía, sino lo que se dejaba de decir en Querida Amazonia, la exhortación postsinodal tras el Sínodo de la Amazonia, preñado de esperanzas para el sector modernista, sembró la desolación entre las filas de quienes esperaban que Francisco culminara la ansiada revolución eclesial. Massimo Faggioli, profesor de Teología de la jesuita Unniversidad de Vilanova, en Estados Unidos, escribe en dos partes lo que él mismo califica en Twitter “el artículo que más me ha costado escribir”, donde describe su sensación -y la de sus colegas de igual inclinación- de que el Papa ha agotado su tiempo.

En realidad, los primeros temores entre los adalides de la ‘renovación eclesial’ de que Francisco nunca acabará de dar el paso definitivo de ruptura con la vieja Iglesia que esperan corren paralelos con los que, de signo contrario, han sacudido a los sectores más tradicionales. Pronto empiezan a advertir que el nuevo pontífice amaga pero no remata; tiene gestos evidentes de estar de su lado, pero las reformas no se sustancian y el tiempo pasa mientras todo queda en retórica.

Pero la puntilla es Querida Amazonia, donde, tras un documento final del sínodo que abre clara y explícitamente la puerta a la abolición del celibato sacerdotal obligatorio y al diaconado femenino, el Papa se lanza a describir una sucesión de ‘sueños’ que, a la postre, parecen quedar en esa naturaleza onírica. La decepción en los primeros días se hace más que palpable.


Reaccionan muchos, ciertamente, sugiriendo que el Papa no ha cerrado la puerta a ninguna de estas dos colosales reformas, sino que las ha refrendado indirectamente al dar el espaldarazo al documento final, con lo que estaría dejando la pelota -como en Amoris Laetitia, como en el asunto alemán de la intercomunión- en el tejado de las iglesias nacionales.

Pero hay cierta prisa y, sobre todo, la impresión de que el tiempo se agota. Nuestro Specola, ciertamente desde otra perspectiva, es de la opinión de que el pontificado de Francisco no tiene mucho más recorrido en lo tocante a grandes cambios, pero lo curioso es que desde el otro lado, Faggioli, activísimo en Twitter y muy seguido por conmilitones y rivales, coincide básicamente con él.

“Quienes apoyan al Papa Francisco y sus esfuerzos por reformar la Iglesia Católica temen que el dinamismo de este pontificado haya empezado a desvanecerse”, empieza la segunda parte del mencionado artículo, titulado ‘Los límites de un pontificado’. “Sus importantísimos destellos espirituales carecen de una estructura sistemática clara que pueda encuadrarse en un marco teológico y un orden institucional”.

Y sigue: “Recientes sucesos -como su decisión de ignorar la sugerencia de los obispos amazónicos para ordenar sacerdotes casados, y su establecimiento de una nueva comisión de estudio sobre el diaconado femenino que no parece favorable a la ordenación de diaconisas- sugiere a los católicos reformistas que su pontificado está en crisis”.

Solo la historia puede decir, a estas alturas, si el diagnóstico de Faggioli es acertado. Es innegable, sin embargo, que Francisco ha suscitado en buena parte de los adalides del llamado ‘espíritu del concilio’ unas esperanzas que no acaban de materializarse, siete años después de su nombramiento.



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