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Misericordia en tiempos de pandemia

La Iglesia Católica es una institución profundamente encarnada en la realidad de sus fieles. Ante la reciente emergencia sanitaria que el mundo experimenta, los obispos, los curas y los religiosos(as) comparten la vida del pueblo, sufren con él y lo consuelan tanto como les es permitido. No obstante, a pesar de las dificultades, la Iglesia ha optado por mantenerse más viva que nunca.

Como fieles, es muy emocionante ver cómo se han hecho diversos esfuerzos de la Iglesia por mantenerse cercana a sus fieles. El mismo Papa Francisco fue de los primeros en dar ejemplo al salir por las calles vacías de Roma y visitar una imagen de Cristo, a la que se le atribuye el fin de la peste en la Edad Media. Ésto, recibido como un signo de compañía y unidad para el resto de los fieles en el mundo.

Es en este momento, cuando la Iglesia a través de su continua acción ejemplar, nos recuerda la Misericordia de Dios y nos invita a llevar Su mensaje de Amor, que hemos decidido compartirles 5 formas en las que la misma, nos ha recordado la importancia de ayudar a nuestro prójimo en todo momento.


  1. Iglesia Doméstica

La iglesia doméstica es el origen y la base de las comunidades cristianas y, por consecuencia, de la Iglesia Católica. En la familia, todos los miembros son corresponsables unos de otros, viven en íntima comunión fraterna y se nutren de la Palabra y la Oración; lo mismo pasa en la Iglesia global. El mismo Juan Pablo II, en su encíclica Familiaris Consortio, la denominó “iglesia en miniatura”.

Pues bien, siendo éste, tiempo de permanecer en casa, la Iglesia doméstica se ha fortalecido enormemente. Nuestra religión Católica nos ha instruido continuamente que la Iglesia doméstica no persiste sólo por un matrimonio casado ante la ley de Dios, o porque la familia practique los sacramentos, sino porque sigue los pasos de la Sagrada Familia de Nazaret, buscando imitarla.

En esta pandemia, se nos insiste que la familia tiene la misión de evangelizar ad intra y ad extra, dando testimonio del amor de Dios, viviendo los valores cristianos y siendo participes de la evangelización, con caridad y esperanza. Para ello, nos ha proveído de múltiples herramientas para practicar nuestra fe en casa.


  1. Apoyo Médico

Frecuentemente los críticos de la Iglesia Católica cuestionan qué ha hecho en beneficio de los enfermos por esta pandemia y la respuesta es el precio más alto: la vida. Tan sólo en Italia, uno de los países más afectados por la pandemia, se habla de decenas de sacerdotes, monjas, monjes y misioneros que han fallecido por permanecer al servicio del pueblo; son cientos a nivel global. Un caso destacado fue el del padre Giuseppe Birardelli, quien diera su vida al ceder su respirador artificial para un paciente más joven.

Adicionalmente, muchos religiosos, de forma sorprendente, han vuelto a sus profesiones médicas en atención a los enfermos y otros se están ofreciendo como voluntarios sanitarios en los centros de salud para compaginar esta labor con su misión espiritual.

Las medidas de prevención en los hospitales son rigurosas, muchas personas mueren solas, sin poder despedirse de sus familiares y son los sacerdotes quienes les dan no sólo el último sacramento, sino la compañía necesaria para sus últimos momentos, y con ello brindan un apostolado de caridad ejemplar para toda la comunidad médica. Ciertamente, con esta decisión apoyada por su profunda fe, nos recuerdan el amor al prójimo que el Señor nos enseñó. (reinadelcielo.org)

Aunado a ésto, muchísimas comunidades religiosas se han percatado de las necesidades médicas y se han propuesto generar y donar equipo médico de calidad para quienes están en primera fila en la lucha contra el covid-19. Un ejemplo de ello, son las Monjas Dominicas del Monasterio Inmaculada del Maule de Yerbas Buenas en Chile, quienes se dieron a la tarea de confeccionar mascarillas de protección y cuidado para sus hermanos.


  1. La caridad

La oración sin caridad no está completa”, afirmó el cardenal Konrad Krajewski (Limosnero de Su Santidad y arzobispo titular de Benevento) en días pasados. Por ello, la Iglesia se ha encargado de ponerse, a la disposición de los más necesitados. Está claro que, en medio de esta pandemia, la Iglesia ha vuelto a ser la buena samaritana que se detiene ante el necesitado, lo ayuda, acoge y acompaña.

Ejemplo de ésto son las hermanas de la Cruz, reconocidas como el pulmón de la caridad en Roma, quienes han salido a las calles en plena contingencia para asistir a los ancianos abandonados, a los pobres y a los hambrientos, bajo el lema “si no vamos nosotras, ¿qué sería de ellos?”

Tristemente, es un hecho que ante el temor al contagio, mucho se ha olvidado el mundo de ayudar al prójimo, y son muchos los religiosos católicos, que nos han recordado el valor de la misericordia y la caridad.


  1. Donaciones

El Papa, en toda esta atmósfera de incertidumbre, nos ha invitado a enfrentar los desafíos que se avecinan con fe y esperanza, pero sobre todo, unidos en una misma barca; y, dando ejemplo de su palabra, ha instituido diferentes fondos de emergencia para las áreas más afectadas. Uno de ellos será destinado a las misiones en Asia, América Latina y África donde la escasez de alimentos y servicios, combinados con los efectos de la pandemia, podrían generar situaciones de difícil gestión. Además, ha donado otras grandes sumas en ayuda a los países más afectados por esta contingencia.

Además, en un enorme gesto caritativo, el Papa Francisco ha destinado respiradores a países como Italia y España, para auxiliar en el tratamiento de los más afectados por la pandemia del covid-19. Estas máquinas se han vuelto imprescindibles en las terapias de los enfermos más graves. Los obispos de cada diócesis son quienes los han llevado a los hospitales para acercarlos a quienes más los necesitan.

  1. Cercanía

La Iglesia alienta el cuidado que la cuarentena demanda, pero, al mismo tiempo, requiere y pide la valentía de sus obispos, sacerdotes y religiosos(as). Por ello, la creatividad divina se ha vuelto un don sumamente preciado. Miles de sacerdotes se han dado a la tarea de encontrar formas de permanecer cercanos al pueblo y como resultado, hemos visto las redes sociales llenas de Misas, Horas Santas, Rosarios, lecturas de la Biblia y demás. Quizás, bajo ninguna otra circunstancia, estos medios de comunicación se hubieran llenado con tanta Gracia.

Sin duda alguna, la labor religiosa ha pautado un modelo de servicio al prójimo desde su existencia y este momento no podría ser la excepción. Las acciones mencionadas aquí son sólo algunas de las miles que religiosos y fieles han organizado en todo el mundo. Enorgullezcámonos de pertenecer a una Iglesia cercana y preocupada por sus fieles, según el ejemplo de Cristo mismo. Sintámonos bendecidos, por pertenecer a una Iglesia Viva y sigamos su ejemplo. No permitamos que el miedo sea un limitante para la caridad, ni que la incertidumbre nos haga perder la fe. Recordemos que “un milagro sucede cuando cambias lágrimas por oración y miedo por fe”, como decía San Francisco de Asís.


Es en tiempos difíciles, como los que estamos viviendo, en donde la Iglesia se hace presente para brindar un testimonio vivo de esperanza, fortaleza, fraternidad, solidaridad y unidad. Compartamos esta misión y recordemos que el plan de Dios se deriva de Su Amor misericordioso por Sus Hijos.

La invitación es clara, seamos misericordiosos como Dios es Misericordioso.

Hermanos, unámonos en Oración y labor. Dios está con nosotros



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