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Nada te turbe

En estos días de Pandemia en donde el miedo y la incertidumbre parecerían reinar el mundo, conviene recordar que estos episodios no son nuevos y muchos santos anteriormente ya nos han dado ejemplo de profunda fe en las tribulaciones causadas por crisis de salud. Una de ellas es Santa Teresa, quien vivió circunstancias muy similares en su convento durante la epidemia de gripe que asoló toda Europa. Durante este tiempo, Santa Teresa, enferma casi siempre y sin embargo de milagrosa resistencia, perdió a muchos de sus seres más queridos.


En el monasterio, ella era una de las más jóvenes y, por ende, tuvo que cuidar de las más enfermas. Aun así, ella misma cuenta como todas vivieron esta epidemia con espíritu de Fe. Te compartimos su propio relato:


Un mes después de la partida de la santa Madre, se declaró la gripe en la comunidad. Sólo otras dos hermanas y yo quedamos en pie. Nunca podré expresar todo lo que vi, y lo que me pareció la vida y todo lo que es pasajero…

El día que cumplí 19 años, lo festejamos con una muerte, a la que pronto siguieron otras dos.

En esa época, yo estaba sola en la Sacristía, por estar muy gravemente enferma mi primera de oficio. Yo tenía que preparar los entierros, abrir las rejas del coro para la Misa, etc. Dios me dio muchas gracias de fortaleza en aquellos momentos. Ahora me pregunto cómo pude hacer todo lo hice sin sentir miedo. La muerte reinaba por doquier. (…)

Pero en medio de aquel abandono, yo sentía que Dios velaba por nosotras. Las moribundas pasaban sin esfuerzo a mejor vida, y enseguida de morir se extendía sobre sus rostros una expresión de alegría y de paz, como si estuviesen durmiendo un dulce sueño. Y así era en realidad, pues, cuando haya pasado la apariencia de este mundo, se despertarán para gozar eternamente de las delicias reservadas para los elegidos….

Durante todo el tiempo que duró esta prueba de la comunidad, yo tuve el inefable consuelo de recibir todos los días la Sagrada Comunión, ¡Jesús me mimó mucho tiempo!”


Así que, hermano y hermana, siguiendo el ejemplo de Santa Teresa, que nada te turbe. Este período de guardar, nos está dando la oportunidad de valuar lo que verdaderamente es valioso, lo que trasciende. Tomemos las precauciones necesarias y, sobre todo, cuidemos nuestra alma. Acerquémonos a Misa, bajo los medios que sea determinado, y no olvidemos permanecer en estado de Gracia y recibir la comunión, aún cuando esta sea espiritual.

Promovamos que la caridad, la oración y el amor al prójimo sea el estandarte que nos defina. Recuerda, Dios está con nosotros.

Oremos juntos.

Karla César



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