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No dejemos que todo siga como antes

Nos encontramos en una situación extraordinaria, nuestro mundo se ha visto petrificado por culpa de un virus microscópico que lo ha trastocado todo. El hombre posmoderno se encuentra, de pronto, frente a un vacío existencial que la cercanía de la muerte y la vulnerabilidad -que estando siempre allí se había visto silenciada en los últimos decenios por el progreso técnico- han desenmascarado.

Es el momento propicio para el retorno de la Trascendencia, la vuelta a lo espiritual, mirar de nuevo a Dios. Esta sensación de falta de control sobre nuestras vidas, un momento en el que hemos podido comprobar, más que nunca, que el suelo que pisamos es mucho más frágil de lo que pensábamos, puede ser la oportunidad que nos da la Providencia para volver a lo esencial.

El hombre está deseando salir de su letargo, de una vida que sólo consiste en trabajar para ganar un sustento con el que poder elegir entre las ofertas del mercado, y así poder satisfacer sus ansias consumistas. La enfermedad y la muerte, la precariedad y la miseria, le están situando frente a un espejo, en el que se está viendo como lo que es: una pobre criatura.


Encerrado en su casa, está comprobando que el trabajo no lo es todo, que quizá a lo que más daba importancia en su vida, en el fondo, no la tiene tanta y, sin embargo, estaba dejando de lado lo que si la tenía. Sus familiares, quizá mayores, a los que nunca visitaba y de los que no se ha podido ni despedir; sus hijos y su mujer, a los que apenas veía, sumido siempre en el trabajo o en cosas más importantes, ya los que ahora está empezando a conocer; su relación con Dios, que ya había dado por perdida o la que asumía intentaría mejorar en un futuro, cuando la muerte llamara a su puerta.

La epidemia que asola el mundo es un toque de atención, una llamada a reformar nuestra vida, una invitación a la conversión. De nosotros, y de abrirnos a la Gracia, depende el que esta situación nos impulse a enderezar nuestra existencia, o que sigamos adormecidos una vez pasado el susto. De nosotros depende reconstruir sobre roca aquello que lo estaba sobre arena y salir renovados de esta tormenta cuando amainen las aguas.

No dejemos que todo siga como antes.

Franz Joseph von Hohenstaufen

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