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Oficio de Lecturas, 10 de octubre, 2019

Oficio de Lecturas


V. Señor, ábreme los labios. R. Y mi boca proclamará tu alabanza.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. 


HIMNO

Puerta de Dios en el redil humano fue Cristo, el buen Pastor que al mundo vino, glorioso va delante del rebaño, guiando su marchar por buen camino.

Madero de la cruz es su cayado, su voz es la verdad que a todos llama, su amor es el del Padre, que le ha dado Espíritu de Dios, que a todos ama.

Pastores del Señor son sus ungidos, nuevos cristos de Dios, son enviados a los pueblos del mundo redimidos; del único Pastor siervos amados.

La cruz de su Señor es su cayado, la voz de la verdad es su llamada, los pastos de su amor, fecundo prado, son vida del Señor que nos es dada. Amén. 


SALMODIA

Ant. 1. Mira, Señor, y contempla nuestro oprobio.


Salmo 88, 39-53 LAMENTACIÓN POR LA CAÍDA DE LA CASA DE DAVID Ha suscitado una fuerza de salvación en la casa de David (Lc 1, 69).


Tú, encolerizado con tu Ungido, lo has rechazado y desechado; has roto la alianza con tu siervo y has profanado hasta el suelo su corona;

has derribado sus murallas y derrocado sus fortalezas; todo viandante lo saquea, y es la burla de sus vecinos;

has sostenido la diestra de sus enemigos y has dado el triunfo a sus adversarios; pero a él le has embotado la espada y no lo has confortado en la pelea;

has quebrado su cetro glorioso y has derribado su trono; has acortado los días de su juventud y lo has cubierto de ignominia.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Mira, Señor, y contempla nuestro oprobio.

Ant. 2. Yo soy el renuevo y el vástago de David, la estrella luciente de la mañana.


¿Hasta cuándo, Señor, estarás escondido y arderá como un fuego tu cólera? Recuerda, Señor, lo corta que es mi vida y lo caducos que has creado a los humanos.

¿Quién vivirá sin ver la muerte? ¿Quién sustraerá su vida a la garra del abismo? ¿Dónde está, Señor, tu antigua misericordia que por tu fidelidad juraste a David?

Acuérdate, Señor, de la afrenta de tus siervos: lo que tengo que aguantar de las naciones, de cómo afrentan, Señor, tus enemigos, de cómo afrentan las huellas de tu Ungido.

Bendito el Señor por siempre. Amén, amén.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Yo soy el renuevo y el vástago de David, la estrella luciente de la mañana.

Ant. 3. Nuestros años se acaban como la hierba, pero tú, Señor, permaneces desde siempre y por siempre.


Salmo 89 BAJE A NOSOTROS LA BONDAD DEL SEÑOR Para el Señor un día es como mil años, y mil años corno un día (2 Pe 3, 8).


Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Antes que naciesen los montes o fuera engendrado el orbe de la tierra, desde siempre y por siempre tú eres Dios.

Tú reduces el hombre a polvo, diciendo: "retornad, hijos de Adán". Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó; una vela nocturna.

Los siembras año por año, como hierba que se renueva: que florece y se renueva por la mañana, y por la tarde la siegan y se seca.

¡Cómo nos ha consumido tu cólera y nos ha trastornado tu indignación! Pusiste nuestras culpas ante ti, nuestros secretos ante la luz de tu mirada: y todos nuestros días pasaron bajo tu cólera, y nuestros años se acabaron como un suspiro.

Aunque uno viva setenta años, y el más robusto hasta ochenta, la mayor parte son fatiga inútil, porque pasan aprisa y vuelan.

¿Quién conoce la vehemencia de tu ira, quién ha sentido el peso de tu cólera? Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato. Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo? Ten compasión de tus siervos; por la mañana sácianos de tu misericordia, y toda nuestra vida será alegría y júbilo.

Danos alegría, por los días en que nos afligiste, por los años en que sufrimos desdichas. Que tus siervos vean tu acción y sus hijos tu gloria.

Baje a nosotros la bondad del Señor y haga prósperas las obras de nuestras manos.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Nuestros años se acaban como la hierba, pero tú, Señor, permaneces desde siempre y por siempre.


VERSÍCULOS

V. En ti, Señor, está la fuente viva. R. Y tu luz nos hace ver la luz.


PRIMERA LECTURA

Del libro del profeta Isaías 37, 21-35 VATICINIOS CONTRA EL REY DE LOS ASIRIOS

En aquellos días, Isaías, hijo de Amós, mandó decir a Ezequías: «Así dice el Señor, Dios de Israel: He oído lo que me pides acerca de Senaquerib, rey de Asiria: Ésta es la palabra que el Señor pronuncia contra él: "Te desprecia y hace burla de ti la virgen hija de Sión: menea la cabeza a tu espalda la ciudad de Jerusalén. ¿A quién has ultrajado e insultado, contra quién has alzado la voz y levantado tus ojos altaneros? ¡Contra el Santo de Israel! Por medio de tus criados has ultrajado al Señor, y dices: Con mis numerosos carros yo he subido a las cimas de los montes, a las cumbres del Líbano; he talado sus cedros altísimos y sus mejores cipreses; llegué hasta la última cumbre y entré hasta lo más dentro de su bosque. Yo alumbré y bebí aguas extranjeras; sequé bajo la planta de mis pies todos los canales de Egipto. ¿No lo has oído desde antiguo lo tengo planeado, en tiempos remotos lo preparé, y ahora lo realizo: por eso tú reduces las plazas fuertes a montones de escombros. Sus habitantes, faltos de fuerza con la vergüenza de la derrota, fueron como plantas del campo, como hierba verde de los prados, como grama de las azoteas, como pasto quemado antes de crecer. Conozco cuando te sientas y te levantas, cuando entras y sales. Por haberte envalentonado contra mí, pues tu arrogancia ha subido a mis oídos, voy a ponerte mi argolla en tu nariz y mi freno en tu boca; y te haré volver por el camino por donde has venido." Esto servirá de señal: Este año comeréis el grano abandonado; el año que viene, lo que brote sin sembrar; el año tercero sembraréis y segaréis, plantaréis viñas y comeréis frutos. De nuevo el resto de la casa de Judá que sobreviva echará raíces en tierra y dará fruto en sus ramas: pues de Jerusalén saldrá un resto, y un grupo de supervivientes, del monte Sión: el celo del Señor de los ejércitos lo cumplirá. Por eso, así dice el Señor acerca del rey de Asiria: "No entrará en esta ciudad, no disparará contra ella sus flechas, no se acercará con escudo ni levantará contra ella empalizada: por el camino por donde vino se volverá, no entrará en esta ciudad —oráculo del Señor—. Yo escudaré a esta ciudad para salvarla, por mi honor y, el de David, mi siervo."»


RESPONSORIO Is 52, 9-10

V. El Señor consuela a su pueblo, rescata a Jerusalén; R. Y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios. V. El Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones. R. Y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios.


SEGUNDA LECTURA

De un sermón de santo Tomás de Villanueva, obispo, sobre el evangelio del Buen Pastor (Jn, 10, 1-11: Divi Thomae a Villanueva, Opera omnia, Manila, 1822, pp. 324-325) SANTIDAD E INTEGRIDAD DE VIDA, VIRTUDES INDISPENSABLES DEL BUEN PRELADO

Nuestro Redentor, viendo la excelencia de las almas y el precio de su propia sangre, no quiso dejar el cuidado de los hombres, que tantos sufrimientos le causaron, al solo cuidado de nuestra prudencia, sino que quiere actuar con nosotros. Por eso, dio a los fieles unos pastores, revistiéndolos de unos méritos que no tenían: entre ellos me encuentro yo, sostenido en mi indignidad por su infinita misericordia. Cuatro son las condiciones que debe reunir el buen pastor. En primer lugar, el amor: fue precisamente la caridad la única virtud que el Señor exigió a Pedro para entregarle el cuidado de su rebaño. Luego, la vigilancia, para estar atento a las necesidades de las ovejas. En tercer lugar, la doctrina, con el fin de poder alimentar a los hombres, hasta llevarlos a la salvación. Y, finalmente, la santidad e integridad de vida. Ésta es la principal de todas las virtudes. En efecto, un prelado, por su inocencia, debe tratar con los justos y con los pecadores, aumentando con sus oraciones la santidad de unos y solicitando con lágrimas el perdón de los otros. En cualquier caso, por los frutos se descubrirán siempre las condiciones indispensables del buen pastor.


RESPONSORIO 1 Tm 6, 11-12; 2 Tm 1, 8

V. Practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza. Combate el buen combate de la fe. R. Conquista la vida eterna. V. Toma parte en los duros trabajos del Evangelio. R. Conquista la vida eterna.


ORACIÓN

Oh Dios, que quisiste asociar a santo Tomás de Villanueva, insigne por su doctrina y caridad, al número de los santos pastores de tu Iglesia, concédenos, por su intercesión, la gracia de permanecer continuamente entre los miembros de tu familia santa. Por nuestro Señor Jesucristo.


CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor.   R. Demos gracias a Dios.



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