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Oficio de Lecturas, 11 de septiembre, 2019

Oficio de Lecturas


V. Señor, ábreme los labios. R. Y mi boca proclamará tu alabanza.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

 

HIMNO

Con entrega, Señor, a ti venimos, escuchar tu palabra deseamos; que el Espíritu ponga en nuestros labios la alabanza al Padre de los cielos.

Se convierta en nosotros la palabra en la luz que a los hombres ilumina, en la fuente que salta hasta la vida, en el pan que repara nuestras fuerzas;

en el himno de amor y de alabanza que se canta en el cielo eternamente, y en la carne de Cristo se hizo canto de la tierra y del cielo juntamente.

Gloria a ti, Padre nuestro, y a tu Hijo, el Señor Jesucristo, nuestro hermano, y al Espíritu Santo, que, en nosotros, glorifica tu nombre por los siglos. Amén.


SALMODIA

Ant. 1. La misericordia y fidelidad te preceden, Señor.


Salmo 88, 2-38 LAS MISERICORDIAS DEL SEÑOR SOBRE LA CASA DE DAVID Según lo prometido, Dios sacó de la descendencia de David un Salvador, Jesús (Hch 13, 22-23).

I

Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades. Porque dije: "Tu misericordia es un edificio eterno, más que el cielo has afianzado tu fidelidad".

Sellé una alianza con mi elegido, jurando a David, mi siervo: "te fundaré un linaje perpetuo, edificaré tu trono para todas las edades".

El cielo proclama tus maravillas, Señor, y tu fidelidad, en la asamblea de los ángeles. ¿Quién sobre las nubes se compara a Dios? ¿Quién como el Señor entre los seres divinos?

Dios es temible en el consejo de los ángeles, es grande y terrible para toda su corte. Señor de los ejércitos, ¿quién como tú? El poder y la fidelidad te rodean.

Tú domeñas la soberbia del mar y amansas la hinchazón del oleaje; tú traspasaste y destrozaste a Rahab, tu brazo potente desbarató al enemigo.

Tuyo es el cielo, tuya es la tierra; tú cimentaste el orbe y cuanto contiene; tú has creado el norte y el sur, el Tabor y el Hermón aclaman tu nombre.

Tienes un brazo poderoso: fuerte es tu izquierda y alta tu derecha. Justicia y derecho sostienen tu trono, misericordia y fidelidad te preceden.

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte: caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro; tu nombre es su gozo cada día, tu justicia es su orgullo.

Porque tú eres su honor y su fuerza, y con tu favor realzas nuestro poder. Porque el Señor es nuestro escudo, y el Santo de Israel nuestro rey.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. La misericordia y fidelidad te preceden, Señor.

Ant. 2. El Hijo de Dios nació según la carne de la estirpe de David.

II


Un día hablaste en visión a tus amigos: "He ceñido la corona a un héroe, he levantado a un soldado sobre el pueblo.

Encontré a David, mi siervo, y lo he ungido con óleo sagrado; para que mi mano esté siempre con él y mi brazo lo haga valeroso;

no lo engañará el enemigo ni los malvados lo humillarán; ante él desharé a sus adversarios y heriré a los que lo odian.

Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán por mi nombre crecerá su poder: extenderé su izquierda hasta el mar, y su derecha hasta el Gran Río.

Él me invocará: "Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora"; y lo nombraré mi primogénito, excelso entre los reyes de la tierra.

Le mantendré eternamente mi favor, y mi alianza con él será estable; le daré una posteridad perpetua y un trono duradero como el cielo".


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. El Hijo de Dios nació según la carne de la estirpe de David.

Ant. 3. Juré una vez a David, mi siervo: “Tu linaje será perpetuo”.

III


"Si sus hijos abandonan mi ley y no siguen mis mandamientos, si profanan mis preceptos y no guardan mis mandatos, castigaré con la vara sus pecados y a latigazos sus culpas;

pero no les retiraré mi favor ni desmentiré mi fidelidad, no violaré mi alianza ni cambiaré mis promesas.

Una vez juré por mi santidad no faltar a mi palabra con David: "Su linaje será perpetuo, y su trono como el sol en mi presencia, como la luna, que siempre permanece: su solio será más firme que el cielo".


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Juré una vez a David, mi siervo: “Tu linaje será perpetuo”.


VERSÍCULO

V. La explicación de tus palabras ilumina. R. Da inteligencia a los ignorantes.


PRIMERA LECTURA

Comienza el libro del profeta Oseas 1, 1-9; 3, 1-5 EL PROFETA OSEAS, SÍMBOLO DEL AMOR DE DIOS HACIA EL PUEBLO


Palabra del Señor que recibió Oseas, hijo de Beerí, durante los reinados de Ozías, Yotán, Ajaz y Ezequías, reyes de Judá, y de Jeroboam, hijo de Joás, rey de Israel. Comienzan las palabras del Señor a Oseas: Dijo el Señor a Oseas: «Anda, toma una mujer prostituta, y engendra hijos de prostitución, porque toda la tierra se ha prostituido, apartándose del Señor.» Él fue y tomó a Gomer, hija de Dibláyitrí, la cual concibió y le parió un hijo. El Señor le dijo: «Llámalo Yizreel, porque muy pronto tomaré cuentas de la sangre de Yizreel a la casa de Jehú y pondré fin al reino de Israel. Aquel día romperé el arco de Israel en el valle de Yizreel.» Ella volvió a concebir y parió una hija. El Señor le dijo: «Llámala "No-compadecida" porque ya no me compadeceré de la casa de Israel. Pero de la casa de Judá me compadeceré y la salvaré por el Señor su Dios: No los salvaré con arcos ni espadas ni batallas ni caballos ni jinetes.» Gomer destetó a «No-compadecida», y concibió y parió un hijo. Dijo el Señor: «Llámalo "No-es-mi-pueblo", porque vosotros no sois mi pueblo, ni yo seré para vosotros "El-que-soy".» Volvió a decirme el Señor: «Anda, ama a una mujer amante de otro y adúltera: así ama el Señor a los israelitas, y ellos se entregan a dioses ajenos y les gustan las tortas de uvas.» Yo me la compré por quince monedas de plata y fanega y media de cebada, y le dije: «Por incontables días vivirás conmigo: no adulterarás ni serás de otro y yo seré tuyo.» Porque por incontables días vivirán los israelitas sin rey ni príncipe, sin sacrificios ni altares, sin ornamentos, ni imágenes. Después volverán los israelitas buscando al Señor, su Dios, y a David, su rey, y adorarán al Señor, su bien, al fin de los tiempos.


RESPONSORIO 1 Pe 2, 9. 10; Rm 9, 26

V. Vosotros sois linaje escogido, sacerdocio regio. R. Vosotros que en otro tiempo no erais pueblo sois ahora pueblo de Dios. V. Ahí donde se dijo: «No sois mi pueblo», serán llamados «hijos del Dios vivo». R. Vosotros que en otro tiempo no erais pueblo sois ahora pueblo de Dios.


SEGUNDA LECTURA

De los sermones de san Bernardo, abad (Sermón 5 sobre diversas materias, 4-5: Opera omnia, edición cisterciense, 6,1 [1970] 103-104) SOBRE LOS GRADOS DE LA CONTEMPLACIÓN


Vigilemos en pie, apoyándonos con todas nuestras fuerzas en la roca firmísima que es Cristo, como está escrito: Afianzó mis pies sobre roca, y aseguró mis pasos. Apoyados y afianzados en esta forma, veamos qué nos dice y qué decimos a quien nos pone objeciones. Amadísimos hermanos, éste es el primer grado de la contemplación: pensar constantemente qué es lo que quiere el Señor, qué es lo que le agrada, qué es lo que resulta aceptable en su presencia. Y, pues todos faltamos a menudo, y nuestro orgullo choca contra la rectitud de la voluntad del Señor, y no puede aceptarla ni ponerse de acuerdo con ella, humillémonos bajo la poderosa mano del Dios altísimo y esforcémonos en poner nuestra miseria a la vista de su misericordia, con estas palabras: Sáname, Señor, y quedaré sano; sálvame y quedaré a salvo. Y también aquellas otras: Señor, ten misericordia, sáname, porque he pecado contra ti. Una vez que se ha purificado la mirada de nuestra alma con esas consideraciones, ya no nos ocupamos con amargura en nuestro propio espíritu, sino en el espíritu divino, y ello con gran deleite. Y ya no andamos pensando cuál sea la voluntad de Dios respecto a nosotros, sino cuál sea en sí misma. Y, ya que la vida está en la voluntad del Señor, indudablemente lo más provechoso y útil para nosotros será lo que está en conformidad con la voluntad del Señor. Por eso, si nos proponemos de verdad conservar la vida de nuestra alma, hemos de poner también verdadero empeño en no apartarnos lo más mínimo de la voluntad divina. Conforme vayamos avanzando en la vida espiritual, siguiendo los impulsos del Espíritu, que ahonda en lo más íntimo de Dios, pensemos en la dulzura del Señor, qué bueno es en sí mismo. Pidamos también, con el salmista, gozar de la dulzura del Señor, contemplando, no nuestro propio corazón, sino su templo, diciendo con el mismo salmista: Cuando mi alma se acongoja, te recuerdo. En estos dos grados está todo el resumen de nuestra vida espiritual: Que la propia consideración ponga quietud y tristeza en nuestra alma, para conducir a la salvación, y que nos hallemos como en nuestro elemento en la consideración divina, para lograr el verdadero consuelo en el gozo del Espíritu Santo. Por el primero, nos fundaremos en el santo temor y en la verdadera humildad; por el segundo, nos abriremos a la esperanza y al amor.


RESPONSORIO Jn 6, 44-45 

V. Nadie puede venir a mí, si no es atraído por el Padre, que me ha enviado. R. Todo el que escucha al Padre y se deja instruir por él viene a mí. V. Está escrito en los profetas: «Todos tendrán por maestro al mismo Dios.» R. Todo el que escucha al Padre y se deja instruir por él viene a mí.


ORACIÓN

Señor, tú que te has dignado redimirnos y has querido hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de padre y haz que cuantos creemos en Cristo, tu Hijo, alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.


CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor.   R. Demos gracias a Dios.



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