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Oficio de Lecturas, 13 de septiembre, 2019

Oficio de Lecturas


V. Dios mío, ven en mi auxilio. R. Señor, date prisa en socorrerme.


Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en el principio, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Venid, adoremos a Cristo, Pastor supremo. 


HIMNO

Puerta de Dios en el redil humano fue Cristo, el buen Pastor que al mundo vino, glorioso va delante del rebaño, guiando su marchar por buen camino.

Madero de la cruz es su cayado, su voz es la verdad que a todos llama, su amor es el del Padre, que le ha dado Espíritu de Dios, que a todos ama.

Pastores del Señor son sus ungidos, nuevos cristos de Dios, son enviados a los pueblos del mundo redimidos; del único Pastor siervos amados.

La cruz de su Señor es su cayado, la voz de la verdad es su llamada, los pastos de su amor, fecundo prado, son vida del Señor que nos es dada. Amén. 


SALMODIA

Ant. 1. Estoy agotado de gritar y de tanto aguardar a mi Dios.


Salmo 68, 2-22. 30-37 ME DEVORA EL CELO DE TU TEMPLO Le dieron a beber vino mezclado con hiel (Mt 27, 34). I

Dios mío, sálvame, que me llega el agua al cuello: me estoy hundiendo en un cieno profundo y no puedo hacer pie; he entrado en la hondura del agua, me arrastra la corriente.

Estoy agotado de gritar, tengo ronca la garganta; se me nublan los ojos de tanto aguardar a mi Dios.

Más que los pelos de mi cabeza son los que me odian sin razón; más duros que mis huesos, los que me atacan injustamente. ¿Es que voy a devolver lo que no he robado?

Dios mío, tú conoces mi ignorancia, no se te ocultan mis delitos. Que por mi causa no queden defraudados los que esperan en ti, Señor de los ejércitos.

Que por mi causa no se avergüencen los que te buscan, Dios de Israel. Por ti he aguantado afrentas, la vergüenza cubrió mi rostro.

Soy un extraño para mis hermanos, un extranjero para los hijos de mi madre; porque me devora el celo de tu templo, y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí.

Cuando me aflijo con ayunos, se burlan de mí; cuando me visto de saco, se ríen de mí; sentados a la puerta cuchichean, mientras beben vino me sacan coplas.


Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo

como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Estoy agotado de gritar y de tanto aguardar a mi Dios.

Ant. 2. En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre.

II


Pero mi oración se dirige a ti, Dios mío, el día de tu favor; que me escuche tu gran bondad, que tu fidelidad me ayude:

arráncame del cieno, que no me hunda; líbrame de los que me aborrecen, y de las aguas sin fondo.

Que no me arrastre la corriente, que no me trague el torbellino, que no se cierre la poza sobre mí.

Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia; por tu gran compasión, vuélvete hacia mí; no escondas tu rostro a tu siervo: estoy en peligro, respóndeme enseguida.

Acércate a mí, rescátame, líbrame de mis enemigos: estás viendo mi afrenta, mi vergüenza y mi deshonra; a tu vista están los que me acosan.

La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco. Espero compasión, y no la hay; consoladores, y no los encuentro. En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre.


Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo

como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre.

Ant. 3. Buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.

III


Yo soy un pobre malherido; Dios mío, tu salvación me levante. Alabaré el nombre de Dios con cantos, proclamaré su grandeza con acción de gracias; le agradará a Dios más que un toro, más que un novillo con cuernos y pezuñas.

Miradlo, los humildes, y alegraos, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón. Que el Señor escucha a sus pobres, no desprecia a sus cautivos. Alábenlo el cielo y la tierra, las aguas y cuanto bulle en ellas.

El Señor salvará a Sión, reconstruirá las ciudades de Judá, y las habitarán en posesión. La estirpe de sus siervos la heredará, los que aman su nombre vivirán en ella.


Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo

como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.


VERSÍCULO

V. El Señor nos instruirá en sus caminos. R. Y marcharemos por sus sendas.


PRIMERA LECTURA

Del libro del profeta Oseas 4, 1-10; 5, 1-7 CORRUPCIÓN GENERAL DE ISRAEL Y DE LOS SACERDOTES


Escuchad la palabra del Señor, hijos de Israel: el Señor llama a juicio a los habitantes del país: porque no hay verdad, ni misericordia, ni respeto a Dios, sino perjurio y mentira, asesinato y robo, adulterio y libertinaje, homicidio tras homicidio. Por eso gime la tierra y desfallecen sus habitantes: hasta las fieras del campo, hasta las aves del cielo, incluso los peces del mar desaparecen. Que no acuse el uno al otro, ni dé testimonio contra él, contra ti, sacerdote, va mi querella. De día tropiezas tú, de noche tropieza contigo el profeta. Perecerá tu patria, perecerá mi pueblo, por falta de conocimiento. Porque has rehusado el conocimiento, yo te rehusaré el sacerdocio; te olvidaste de la ley del Señor, también yo me olvidaré de tus hijos. Cuantos más son, más pecan contra mí; cambiaré su dignidad en ignominia. Se alimentan del pecado de mi pueblo y su alma busca la iniquidad. Será del sacerdote lo que sea del pueblo, le tomaré cuentas por sus costumbres, le pagaré por sus maldades. Comerán y no se saciarán, se prostituirán con los ídolos sin dar fruto porque abandonaron al Señor para entregarse a la fornicación. Escuchadlo, sacerdotes; atended, israelitas; oídlo, casa real: os llega el juicio. Fuisteis trampa en Atalaya, red tendida sobre el Tabor y fosa cavada en Setim. Y los castigaré a todos: yo conozco a Efraím, no ignoro a Israel; tú, Efraím, has fornicado, Israel está contaminado. No permiten sus maldades que se conviertan a su Dios porque llevan dentro un espíritu de fornicación y no conocen al Señor. La arrogancia de Israel testimonia contra él, Efraím caerá por sus pecados, y caerá con ella Judá. Con ovejas y vacas buscarán al Señor, y no lo encontrarán, porque se ha alejado de ellos; se rebelaron contra el Señor, engendraron hijos bastardos: pues ahora el enemigo devorará sus posesiones.


RESPONSORIO Cf. Mi  6, 3; cf. Os 4, 6

V. Pueblo mío, ¿qué te he hecho, o en qué te he contristado? Respóndeme. R. ¿Qué más pude hacer por ti y no lo hice? V. ¿Por qué has rehusado el conocimiento, y has olvidado la ley del Señor? R. ¿Qué más pude hacer por ti y no lo hice?


SEGUNDA LECTURA

De las homilías de san Juan Crisóstomo, obispo (Homilía antes de partir en exilio, 1-3: PG 52, 427*-430) PARA MÍ LA VIDA ES CRISTO, Y UNA GANANCIA EL MORIR


Muchas son las olas que nos ponen en peligro, y una gran tempestad nos amenaza: sin embargo, no tememos ser sumergidos porque permanecemos de pie sobre la roca. Aun cuando el mar se desate, no romperá esta roca aunque se levanten las olas, nada podrán contra la barca de Jesús. Decidme, ¿qué podemos temer? ¿La muerte? Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. ¿El destierro? Del Señor es la tierra y cuanto la llena. ¿La confiscación de los bienes? Sin nada vinimos al mundo, y sin nada nos iremos de él. Yo me río de todo lo que es temible en este mundo y de sus bienes. No temo la muerte ni envidio las riquezas. No tengo deseos de vivir, si no es para vuestro bien espiritual. Por eso, os hablo de lo que sucede ahora exhortando vuestra caridad a la confianza. ¿No has oído aquella palabra del Señor: Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos? Y, allí donde un pueblo numeroso esté reunido por los lazos de la caridad, ¿no estará presente el Señor? Él me ha garantizado su protección, no es en mis fuerzas que me apoyo. Tengo en mis manos su palabra escrita. Este es mi báculo, ésta es mi seguridad, éste es mi puerto tranquilo. Aunque se turbe el mundo entero, yo leo esta palabra escrita que llevo conmigo, porque ella es mi muro y mi defensa. ¿Qué es lo que ella me dice? Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Cristo está conmigo, ¿qué puedo temer? Que vengan a asaltarme las olas del mar y la ira de los poderosos; todo eso no pesa más que una tela de araña. Si no me hubiese retenido el amor que os tengo, no hubiese esperado a mañana para marcharme. En toda ocasión yo digo: «Señor, hágase tu voluntad: no lo que quiere éste o aquél, sino lo que tú quieres que haga.» Éste es mi alcázar, ésta es mi roca inamovible, éste es mi báculo seguro. Si esto es lo que quiere Dios, que así se haga. Si quiere que me quede aquí, le doy gracias. En cualquier lugar donde me mande, le doy gracias también. Además, donde yo esté estaréis también vosotros, donde estéis vosotros estaré también yo: formamos todos un solo cuerpo, y el cuerpo no puede separarse de la cabeza, ni la cabeza del cuerpo. Aunque estemos separados en cuanto al lugar, permanecemos unidos por la caridad, y ni la misma muerte será capaz de desunirnos. Porque, aunque muera mi cuerpo, mi espíritu vivirá y no echará en olvido a su pueblo. Vosotros sois mis conciudadanos, mis padres, mis hermanos, mis hijos, mis miembros, mi cuerpo y mi luz, una luz más agradable que esta luz material. Porque, para mí, ninguna luz es mejor que la de vuestra caridad. La luz material me es útil en la vida presente, pero vuestra caridad es la que va preparando mi corona para el futuro.


RESPONSORIO 2 Tm 2, 9-10; Sal 26, 1

V. Por el Evangelio sufro hasta llevar cadenas, como un malhechor; pero la palabra de Dios no está encadenada. R. Por eso, lo aguanto todo por los elegidos. V. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? R. Por eso, lo aguanto todo por los elegidos.


ORACIÓN

Oh Dios, fortaleza de los que esperan en ti, que has hecho brillar en la Iglesia a san Juan Crisóstomo por su admirable elocuencia y su capacidad de sacrificio, te pedimos que, instruidos por sus enseñanzas, nos llene de fuerza el ejemplo de su valerosa paciencia. Por nuestro Señor Jesucristo.


CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor.   R. Demos gracias a Dios.



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