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Oficio de Lecturas, 19 de octubre, 2019

Oficio de Lecturas

V. Señor, ábreme los labios. R. Y mi boca proclamará tu alabanza.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.


HIMNO

A caminar sin ti, Señor, no atino; tu palabra de fuego es mi sendero; me encontraste cansado y prisionero del desierto, del cardo y del espino.

Descansa aquí conmigo del camino, que en Emaús hay trigo en el granero, hay un poco de vino y un alero que cobije tu sueño, Peregrino.

Yo contigo, Señor, herido y ciego; tú conmigo, Señor, enfebrecido, el aire quieto, el corazón en fuego.

Y en diálogo sediento y torturado se encontrarán en un solo latido, cara a cara, tu amor y mi pecado. Amén.


SALMODIA


Ant. 1. El Señor convoca cielo y tierra, para juzgar a su pueblo.


Salmo 49 EL VERDADERO CULTO A DIOS No he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud (Mt 5, 17).

I

El Dios de los dioses, el Señor, habla: convoca la tierra de oriente a occidente. Desde Sión, la hermosa, Dios resplandece: viene nuestro Dios, y no callará.

Lo precede fuego voraz, lo rodea tempestad violenta. Desde lo alto convoca cielo y tierra para juzgar a su pueblo:

"Congregadme a mis fieles, que sellaron mi pacto con un sacrificio". Proclame el cielo su justicia; Dios en persona va a juzgar.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. El Señor convoca cielo y tierra, para juzgar a su pueblo.

Ant. 2. Invócame el día del peligro y yo te libraré.


II

"Escucha, pueblo mío, que voy a hablarte; Israel, voy a dar testimonio contra ti; -yo Dios, tu Dios-.

No te reprocho tus sacrificios, pues siempre están tus holocaustos ante mí. Pero no aceptaré un becerro de tu casa, ni un cabrito de tus rebaños;

pues las fieras de la selva son mías, y hay miles de bestias en mis montes; conozco todos los pájaros del cielo, tengo a mano cuanto se agita en los campos.

Si tuviera hambre, no te lo diría; pues el orbe y cuanto lo llena es mío. ¿Comeré yo carne de toros, beberé sangre de cabritos?

Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza, cumple tus votos al Altísimo e invócame el día del peligro: yo te libraré, y tú me darás gloria".


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Invócame el día del peligro y yo te libraré.

Ant. 3. El sacrificio de acción de gracias me honra.


III

Dios dice al pecador: "¿por qué recitas mis preceptos y tienes siempre en la boca mi alianza, tú que detestas mi enseñanza y te echas a la espalda mis mandatos?

Cuando ves un ladrón, corres con él; te mezclas con los adúlteros; sueltas tu lengua para el mal, tu boca urde el engaño.

Te sientas a hablar contra tu hermano, deshonras al hijo de tu madre; esto haces, ¿y me voy a callar? ¿Crees que soy como tú? Te acusaré, te lo echaré en cara.

Atención los que olvidáis a Dios, no sea que os destroce sin remedio.

El que me ofrece acción de gracias, ese me honra; al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios".


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. El sacrificio de acción de gracias me honra.


VERSÍCULO

V. No dejamos de orar y pedir por vosotros. R. Que lleguéis al pleno conocimiento de la voluntad de Dios.


PRIMERA LECTURA

Del libro del profeta Jeremías 9, 2-12. 17-22 DIOS REPRUEBA LAS MALDADES DEL PUEBLO. LAMENTACIÓN

Esto dice el Señor: Quién me diera posada en el desierto para abandonar a mi pueblo y alejarme de él; pues todos son adúlteros, una caterva de bandidos. Tensan las lenguas como arcos, dominan el país con la mentira y no con la verdad; avanzan de maldad en maldad, y a mí no me reconocen -oráculo del Señor-. Guárdese cada uno del prójimo no os fiéis del hermano, porque el hermano pone zancadillas y el prójimo anda calumniando; se estafan unos a otros y nadie dice la verdad; entrenan sus lenguas en la mentira, están pervertidos, incapaces de convertirse: fraude sobre fraude, engaño sobre engaño, y rechazan mi conocimiento -oráculo del Señor-.» Por eso, así dice el Señor de los ejércitos: «Yo mismo los fundiré y probaré, si no, ¿qué hacer con la Hija de mi pueblo? Su lengua es una flecha afilada, dice mentiras su boca; saludan deseando paz al prójimo, y por dentro le traman asechanzas. Y de esto ¿no os pediré cuentas? -oráculo del Señor-; de un pueblo semejante ¿no he de vengarme yo mismo? Sobre los montes alzaré llanto y gemido, en las dehesas una elegía: Están requemadas las dehesas, nadie transita, no se oye mugir el rebaño; pájaros y bestias huyeron, marcharon. Convertiré a Jerusalén en escombros, en guarida de chacales; arrasaré las ciudades de Judá hasta dejar sin habitantes.» ¿Quién es el sabio que lo entienda? ¿A quién le habló el Señor?, que lo explique: ¿Por qué perece la tierra, se quema como desierto sin caminantes? Llamad, vengan plañideras, enviad por mujeres expertas; que vengan aprisa y entonen el canto fúnebre sobre nosotros para que se deshagan en lágrimas nuestros ojos, nuestros párpados destilen agua. Se escucha la elegía desde Sión «¡Ay! Estamos deshechos, qué terrible vergüenza. Tuvimos que abandonar el país, nos echaron de nuestros hogares Escuchad, mujeres, la palabra del Señor, vuestros oídos reciban la palabra de su boca: ensayad a vuestras hijas un canto fúnebre, cada una a su vecina, una lamentación: Subió la muerte por nuestras ventanas, entró en nuestros palacios, arrebatando en la calle a los muchachos, a los jóvenes en las plazas.» El Señor dice su oráculo: «Yacen cadáveres humanos como estiércol en el campo, como gavillas detrás del segador, que nadie recoge.» 


RESPONSORIO Jr 9, 19; Lm 5, l; 3, 22

V. Se escucha la elegía desde Sión Estamos deshechos, qué terrible vergüenza. R. ¡Acuérdate, Señor, de lo que nos ha sobrevenido, mira y ve nuestro oprobio! V. El amor del Señor no se ha acabado ni se ha agotado su ternura. R. ¡Acuérdate, Señor, de lo que nos ha sobrevenido, mira y ve nuestro oprobio!


SEGUNDA LECTURA

De la Constitución pastoral Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, del Concilio Vaticano segundo (Núms. 40. 45) YO SOY EL ALFA Y LA OMEGA, EL PRIMERO Y EL ÚLTIMO


La compenetración de la ciudad terrestre con la ciudad celeste sólo es perceptible por la fe: más aún, es el misterio permanente de la historia humana, que, hasta el día de la plena revelación de la gloria de los hijos de Dios, seguirá perturbada por el pecado. La Iglesia, persiguiendo la finalidad salvífica que es propia de ella, no sólo comunica al hombre la participación en la vida divina, sino que también difunde, de alguna manera, sobre el mundo entero la luz que irradia esta vida divina, principalmente sanando y elevando la dignidad de la persona humana, afianzando la cohesión de la sociedad y procurando a la actividad cotidiana del hombre un sentido más profundo, al impregnarla de una significación más elevada. Así la Iglesia, por cada uno de sus miembros y por toda su comunidad, cree poder contribuir ampliamente a humanizar cada vez más la familia humana y toda su historia. Tanto si ayuda al mundo como si recibe ayuda de él, la Iglesia no tiene más que una sola finalidad: que venga el reino de Dios y que se establezca la salvación de todo el género humano. Por otra parte, todo el bien que el pueblo de Dios, durante su peregrinación terrena, puede procurar a la familia humana procede del hecho de que la Iglesia es el sacramento universal de la salvación, manifestando y actualizando, al mismo tiempo, el misterio del amor de Dios hacia el hombre. Pues el Verbo de Dios, por quien todo fue hecho, se encarnó, a fin de salvar, siendo él mismo hombre perfecto, a todos los hombres y para hacer que todas las cosas tuviesen a él por cabeza. El Señor es el término de la historia humana, el punto hacia el cual convergen los deseos de la historia y de la civilización, el centro del género humano, el gozo de todos los corazones y la plena satisfacción de todos sus deseos. Él es aquel a quien el Padre resucitó de entre los muertos, ensalzó e hizo sentar a su derecha, constituyéndolo juez de los vivos y de los muertos. Vivificados y congregados en su Espíritu, peregrinamos hacia la consumación de la historia humana, que corresponde plenamente a su designio de amor: Recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra. El mismo Señor ha dicho: Mira, llego en seguida y traigo conmigo mi salario, para pagar a cada uno su propio trabajo. Yo soy el alfa y la omega, el primero y el último, el principio y el fin.


RESPONSORIO Hch 10, 36; 4, 12; 10, 42

V. Dios envió su palabra, anunciando la paz que traería Jesucristo; R. Jesús es el Señor de todos y en ningún otro se encuentra la salud. V. Él ha sido constituido por Dios juez de vivos y muertos. R. Jesús es el Señor de todos y en ningún otro se encuentra la salud.


ORACIÓN

Te pedimos, Señor, que tu gracia continuamente nos preceda y acompañe, de manera que estemos dispuestos a obrar siempre el bien. Por nuestro Señor Jesucristo.


CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor. R. Demos gracias a Dios.



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