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Oficio de Lecturas, 4 de noviembre, 2019

Oficio de Lecturas


V. Señor, ábreme los labios. R. Y mi boca proclamará tu alabanza.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya. 


HIMNO

Puerta de Dios en el redil humano fue Cristo, el buen Pastor que al mundo vino, glorioso va delante del rebaño, guiando su marchar por buen camino.

Madero de la cruz es su cayado, su voz es la verdad que a todos llama, su amor es el del Padre, que le ha dado Espíritu de Dios, que a todos ama.

Pastores del Señor son sus ungidos, nuevos cristos de Dios, son enviados a los pueblos del mundo redimidos; del único Pastor siervos amados.

La cruz de su Señor es su cayado, la voz de la verdad es su llamada, los pastos de su amor, fecundo prado, son vida del Señor que nos es dada. Amén. 


SALMODIA


Ant. 1. Vendrá el Señor y no callará.


Salmo 49 EL VERDADERO CULTO A DIOS No he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud (Mt 5, 17).

I

El Dios de los dioses, el Señor, habla: convoca la tierra de oriente a occidente. Desde Sión, la hermosa, Dios resplandece: viene nuestro Dios, y no callará.

Lo precede fuego voraz, lo rodea tempestad violenta. Desde lo alto convoca cielo y tierra para juzgar a su pueblo.

"Congregadme a mis fieles, que sellaron mi pacto con un sacrificio". Proclame el cielo su justicia; Dios en persona va a juzgar.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén. 


Ant. Vendrá el Señor y no callará.

Ant. 2. Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza.


II

"Escucha, pueblo mío, que voy a hablarte; Israel, voy a dar testimonio contra ti; -yo Dios, tu Dios-.

No te reprocho tus sacrificios, pues siempre están tus holocaustos ante mí. Pero no aceptaré un becerro de tu casa, ni un cabrito de tus rebaños;

pues las fieras de la selva son mías, y hay miles de bestias en mis montes; conozco todos los pájaros del cielo, tengo a mano cuanto se agita en los campos.

Si tuviera hambre, no te lo diría; pues el orbe y cuanto lo llena es mío. ¿Comeré yo carne de toros, beberé sangre de cabritos?

Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza, cumple tus votos al Altísimo e invócame el día del peligro: yo te libraré, y tú me darás gloria".


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza.

Ant. 3. Quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.


III

Dios dice al pecador: "¿por qué recitas mis preceptos y tienes siempre en la boca mi alianza, tú que detestas mi enseñanza y te echas a la espalda mis mandatos?

Cuando ves un ladrón, corres con él; te mezclas con los adúlteros; sueltas tu lengua para el mal, tu boca urde el engaño;

te sientas a hablar contra tu hermano, deshonras al hijo de tu madre; esto haces, ¿y me voy a callar? ¿Crees que soy como tú? Te acusaré, te lo echaré en cara.

Atención los que olvidáis a Dios, no sea que os destroce sin remedio.

El que me ofrece acción de gracias, ése me honra; al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios".


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.


VERSÍCULO

V. Escucha, pueblo mío, que voy a hablarte. R. Yo, el Señor, tu Dios.


PRIMERA LECTURA

Del libro del profeta Jeremías 37, 20; 38, 14-28 JEREMÍAS, PRISIONERO, EXHORTA AL REY SEDECÍAS A LA PAZ


En aquellos días, el rey Sedecías ordenó que custodiasen a Jeremías en el patio de la guardia, y que le diesen una hogaza de pan al día -de la calle de los Panaderos-, mientras hubiese pan en la ciudad. Y Jeremías se quedó en el patio de la guardia. El rey Sedecías mandó que le trajeran al profeta Jeremías, a la tercera entrada del templo; y el rey dijo a Jeremías: «Quiero preguntarte una cosa: no me calles nada.» Respondió Jeremías a Sedecías: «Si te lo digo, seguro que me matarás; y si te doy un consejo, no me escucharás.» El rey Sedecías juró en secreto a Jeremías: «¡Vive el Señor que nos dio la vida!, que no te mataré ni te entregaré en poder de estos hombres que te persiguen a muerte.» Respondió Jeremías a Sedecías: «Así dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: Si te rindes a los generales del rey de Babilonia, salvarás la vida, y no incendiarán la ciudad; viviréis tú y tu familia. Pero si no te rindes a los generales del rey de Babilonia, esta ciudad caerá en manos de los caldeos, que la incendiarán; y tú no escaparás.» El rey Sedecías dijo a Jeremías: «Tengo miedo de que me entreguen en manos de los judíos que se han pasado a los caldeos, y que me maltraten.» Respondió Jeremías: «No te entregarán. Escucha la voz del Señor, que te comunico, y te irá bien Y salvarás la vida. Pero si te niegas a rendirte, éste es el oráculo que me ha manifestado el Señor: Escucha: todas las mujeres que han quedado en el palacio real de Judá serán entregadas a los generales del rey de Babilonia, y cantarán: "Te han engañado y te han traicionado tus buenos amigos; han hundido tus pies en el barro, y se han marchado." Todas tus mujeres y tus hijos se los entregarán a los caldeos; y tú no te librarás de ellos, sino que caerás en poder del rey de Babilonia, que incendiará la ciudad.» Sedecías dijo a Jeremías: «Que nadie sepa de esta conversación, y no morirás. Si los jefes se enteran de que he hablado contigo, y vienen a preguntarte: "Cuéntanos lo que has dicho al rey; no nos lo ocultes, y no te mataremos", tú les responderás: "Estaba presentando mi súplica al rey, para que no me llevasen de nuevo a casa de Jonatán, a morir allí."» Vinieron los príncipes y le preguntaron, y él respondió según las instrucciones del rey. Así se fueron sin decir nada, porque la cosa no se supo. Y así se quedó Jeremías en el patio de la guardia, hasta el día de la conquista de Jerusalén.


RESPONSORIO 2 Co 6, 4-5; Jdt 8, 23

V. Acreditémonos siempre en todo como verdaderos servidores de Dios: por nuestra mucha constancia en las tribulaciones, R. En las necesidades y angustias, en los azotes y en las prisiones. V. Todos los que han sido gratos a Dios han pasado por muchas tribulaciones, permaneciéndole fieles. R. En las necesidades y angustias, en los azotes y en las prisiones.


SEGUNDA LECTURA

Del sermón pronunciado por san Carlos Borromeo, obispo, en el último sínodo que convocó (Acta Ecclesiae Mediolanensis, Milán 1599,1177-1178) NO SEAS DE LOS QUE DICEN UNA COSA Y HACEN OTRA


Todos somos débiles, lo admito, pero el Señor ha puesto en nuestras manos los medios con que poder ayudar fácilmente, si queremos, esta debilidad. Algún sacerdote querría tener aquella integridad de vida que sabe que se le demanda, querría ser continente y vivir una vida angélica, como exige su condición, pero no piensa en emplear los medios requeridos para ello: ayunar, orar, evitar el trato con los malos y las familiaridades dañinas y peligrosas. Algún otro se queja de que, cuando va a salmodiar o a celebrar la misa, al momento le acuden a la mente mil cosas que lo distraen de Dios; pero éste, antes de ir al coro o a celebrar la misa, ¿qué ha hecho en la sacristía, cómo se ha preparado; qué medios ha puesto en práctica para mantener la atención? ¿Quieres que te enseñe cómo irás progresando en la virtud y, si ya estuviste atento en el coro, cómo la próxima vez lo estarás más aún y tu culto será más agradable a Dios? Oye lo que voy a decirte. Si ya arde en ti el fuego del amor divino, por pequeño que éste sea, no lo saques fuera en seguida, no lo expongas al viento, mantén el fogón protegido para que no se enfríe y pierda el calor; esto es, aparta cuanto puedas las distracciones, conserva el recogimiento, evita las conversaciones inútiles. ¿Estás adecuado a la predicación y la enseñanza? Estudia y ocúpate en todo lo necesario para el recto ejercicio de este cargo; procura antes que todo predicar con tu vida y costumbres, no sea que, al ver que una cosa es lo que dices otra lo que haces, se burlen de tus palabras meneando la cabeza. ¿Ejerces la cura de almas? No por ello olvides la cura de ti mismo, ni te entregues tan pródigamente a los demás que no quede para ti nada de ti mismo; porque es necesario, ciertamente, que te acuerdes de las almas a cuyo frente estás, pero no de manera que te olvides de ti. Sabedlo, hermanos, nada es tan necesario para los clérigos como la oración mental; ella debe preceder, acompañar y seguir nuestras acciones: salmodiaré —dice el salmista— y entenderé. Si administras los sacramentos, hermano, medita lo que haces; si celebras la misa, medita lo que ofreces; si salmodias en el coro, medita a quién hablas y qué es lo que hablas; si diriges las almas, medita con qué sangre han sido lavadas, y así todo lo que hagáis, que sea con amor; así venceremos fácilmente las innumerables dificultades que inevitablemente experimentamos cada día (ya que esto forma parte de nuestra condición); así tendremos fuerza para dar a luz a Cristo en nosotros y en los demás.


RESPONSORIO 1 Tm 6, 11; 4, 11. 12. 6

V. Practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza. R. Prescribe estas cosas y enséñalas; sé un modelo para los fieles. V. Si propones estas cosas a los hermanos, servirás bien a Cristo Jesús. R. Prescribe estas cosas y enséñalas; sé un modelo para los fieles.


ORACIÓN

Conserva, Señor, en tu pueblo el espíritu que infundiste en san Carlos Borromeo, para que tu Iglesia se renueve sin cesar y, transformada en imagen de Cristo, pueda presentar ante el mundo el verdadero rostro de tu Hijo. Él, que vive y reina contigo.


CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor. R. Demos gracias a Dios



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