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Oficio de Lecturas, 7 septiembre, 2019

Oficio de Lecturas del 7 de septiembre, del 2019


V. Señor, ábreme los labios.

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.


Ant. Escuchemos la voz del Señor y entremos en su descanso.


HIMNO

A caminar sin ti, Señor, no atino;

tu palabra de fuego es mi sendero

me encontraste cansado y prisionero

del desierto, del cardo y del espino.


Descansa aquí conmigo del camino,

que en Emaús hay trigo en el granero,

hay un poco de vino y un alero

que cobije tu sueño, Peregrino.


Yo contigo, Señor, herido y ciego;

tú conmigo, Señor, enfebrecido,

el aire quieto, el corazón en fuego.

Y en diálogo sediento y torturado

se encontrarán en un solo latido,

cara a cara, tu amor y mi pecado. Amén.


SALMODIA

Ant. 1. Sólo el Señor hizo grandes maravillas: es eterna su misericordia.


Salmo 135

HIMNO PASCUA

Alabar a Dios es narrar sus maravillas (Casiano).

I


Dad gracias al Señor porque es bueno:

porque es eterna su misericordia.


Dad gracias al Dios de los dioses:

porque es eterna su misericordia.


Dad gracias al Señor de los señores:

porque es eterna su misericordia.


Sólo él hizo grandes maravillas:

porque es eterna su misericordia.


Él hizo sabiamente los cielos:

porque es eterna su misericordia.


Él afianzó sobre las aguas la tierra:

porque es eterna su misericordia.


Él hizo lumbreras gigantes:

porque es eterna su misericordia.


El sol que gobierna el día:

porque es eterna su misericordia.


La luna que gobierna la noche:

porque es eterna su misericordia.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Sólo el Señor hizo grandes maravillas: es eterna su misericordia.

Ant. 2. Con mano poderosa, con brazo extendido, sacó a Israel de Egipto.

II


Él hirió a Egipto en sus primogénitos:

porque es eterna su misericordia.


Y sacó a Israel de aquel país:

porque es eterna su misericordia.


Con mano poderosa, con brazo extendido:

porque es eterna su misericordia.


Él dividió en dos partes el mar Rojo:

porque es eterna su misericordia.


Y condujo por en medio a Israel:

porque es eterna su misericordia.


Arrojó en el mar Rojo al Faraón:

porque es eterna su misericordia.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Con mano poderosa, con brazo extendido, sacó a Israel de Egipto.

Ant. 3. Dad gracias al Dios del cielo: él nos libró de nuestros opresores.

III


Guió por el desierto a su pueblo:

porque es eterna su misericordia.

Él hirió a reyes famosos:

porque es eterna su misericordia.


Dio muerte a reyes poderosos:

porque es eterna su misericordia.


A Sijón, rey de los amorreos:

porque es eterna su misericordia.


Y a Hog, rey de Basán:

porque es eterna su misericordia.


Les dio su tierra en heredad:

porque es eterna su misericordia.


En heredad a Israel su siervo:

porque es eterna su misericordia.


En nuestra humillación, se acordó de nosotros:

porque es eterna su misericordia.


Y nos libró de nuestros opresores:

porque es eterna su misericordia.


Él da alimento a todo viviente:

porque es eterna su misericordia.


Dad gracias al Dios del cielo:

porque es eterna su misericordia.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Dad gracias al Dios del cielo: él nos libró de nuestros opresores.


VERSÍCULO


V. Señor, enséñame tus caminos.

R. Instrúyeme en tus sendas.


PRIMERA LECTURA

Del libro del profeta Amós 5, 18-6

EL DÍA DEL SEÑOR. CONTRA EL CULTO EXTERIOR Y LA FALSA SEGURIDAD


¡Ay de los que ansían el día del Señor! ¿De qué os servirá el día del Señor, si es tenebroso y sin luz? Como cuando huye uno del león y topa con el oso, o entra en casa, apoya la mano en la pared y le muerde la culebra. ¿No es el día del Señor tenebroso y sin luz, oscuridad sin resplandor? «Detesto y rehúso vuestras fiestas, no quiero oler vuestras ofrendas. Aunque me ofrezcáis holocaustos y dones, no me agradarán, no aceptaré los terneros cebados que sacrificáis en acción de gracias. Retirad de mi presencia el estruendo del canto, no quiero escuchar el son de la cítara; fluya como el agua el derecho, y la justicia como arroyo perenne. ¿Acaso me ofrecisteis en el desierto sacrificios y ofrendas durante cuarenta años, casa de Israel? Transportaréis a Sakkut y Kevin, imágenes de vuestros dioses astrales, que vosotros os fabricasteis; y yo os desterraré más allá de Damasco», dice el Señor, el Dios de los ejércitos. ¡Ay de los que se fían de Sión y confían en el monte de Samaría! Se procuran las primicias de las gentes, y las llevan a la casa de Israel. Id a Calno y mirad, de allí marchad a Jamat la Grande y bajad a Gat de Filistea: ¿sois mejores que estos reinos, es más extenso vuestro territorio? Queréis alejar el día funesto, y lleváis cetro de violencia; os acostáis en lechos de marfil, tumbados sobre las camas coméis los carneros del rebaño y las terneras del establo; canturreáis al son del arpa, inventáis, como David, instrumentos musicales; bebéis vinos generosos, os ungís con los mejores perfumes, y no os doléis de los desastres de José. Por eso irán al destierro, a la cabeza de los cautivos, y se acabará la orgía de los disolutos. El Señor lo ha jurado por su vida -oráculo del Señor-. «Porque detesto el orgullo de Jacob y odio sus palacios, entregaré la ciudad y sus habitantes. Aunque queden diez hombres en una casa, morirán.» Entrará el heredero a contar los huesos para sacarlos de casa; y dirá al que está en el rincón de la casa: «¿Quedan más huesos?» Él responderá: «No.» Entonces, dirá: «Silencio, porque no es el momento de pronunciar el nombre del Señor.» El Señor lo ha ordenado: Arruinará la casa grande, hará escombros la casa pequeña. «¿Corren los caballos por los peñascos?, ¿se puede arar con toros? Pues vosotros convertís en veneno el derecho, y la justicia en amargura. Quedáis satisfechos con una nadería. Decís: "Con nuestro esfuerzo conquistamos Qarnaím." Mirad que suscito contra vosotros un pueblo, casa de Israel -oráculo del Señor-, que os oprimirá desde el paso de Jamat hasta el torrente de los Sauces.»


RESPONSORIO Am 5, 18. 21. 6. 8. cf. 20

V. ¡Ay de los que ansían el día del Señor! Detesto y rehúso vuestras fiestas, no quiero oler vuestras ofrendas.

R. Buscad al Señor, que convierte la sombra en aurora.

V. El día del Señor es tenebroso y sin luz, oscuridad sin resplandor.

R. Buscad al Señor, que convierte la sombra en aurora.


SEGUNDA LECTURA

Del sermón de san León Magno, papa, sobre las bienaventuranzas

(Sermón 95, 4-6: PL 54, 462-464)

LA DICHA DEL REINO DE CRISTO


Después de hablar de la pobreza, que tanta felicidad proporciona, siguió el Señor diciendo: Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Queridísimos hermanos, el llanto al que está vinculado un consuelo eterno es distinto de la aflicción de este mundo. Los lamentos que se escuchan en este mundo no hacen dichoso a nadie. Es muy distinta la razón de ser de los gemidos de los santos, la causa que produce lágrimas dichosas. La santa tristeza deplora el pecado, el ajeno y el propio. Y la amargura no es motivada por la manera de actuar de la justicia divina, sino por la maldad humana. Y, en este sentido, más hay que deplorar la actitud del que obra mal que la situación del que tiene que sufrir por causa del malvado, porque al injusto su malicia le hunde en el castigo, en cambio, al justo su paciencia lo lleva a la gloria. Sigue el Señor: Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Se promete la posesión de la tierra a los sufridos y mansos, a los humildes y sencillos y a los que están dispuestos a tolerar toda clase de injusticias. No se ha de mirar esta herencia como vil y deleznable, como si estuviera separada de la patria celestial, de lo contrario no se entiende quién podría entrar en el reino de los cielos. Porque la tierra prometida a los sufridos, en cuya posesión han de entrar los mansos, es la carne de los santos. Esta carne vivió en humillación, por eso mereció una resurrección que la transforma y la reviste de inmortalidad gloriosa, sin temer nada que pueda contrariar al espíritu, sabiendo que van a estar siempre de común acuerdo. Porque entonces el hombre exterior será la posesión pacífica e inadmisible del hombre interior.

Y, así, los sufridos heredarán en perpetua paz y sin mengua alguna la tierra prometida, cuando esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Entonces lo que fue riesgo será premio, y lo que fue gravoso se convertirá en honroso.


RESPONSORIO Mt 5, 5-6. 4

V. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.

R. Dichosos los que tienen hambre y sed de ser justos, porque ellos quedarán saciados.

V. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.

R. Dichosos los que tienen hambre y sed de ser justos, porque ellos quedarán saciados.


ORACIÓN

Oh Dios todopoderoso, de quien procede todo don perfecto, infunde en nuestros corazones el amor de tu nombre, para que, haciendo más religiosa nuestra vida, aumentes el bien en nosotros y con solicitud amorosa lo conserves. Por nuestro Señor Jesucristo.


CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor.

R. Demos gracias a Dios.



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