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Oficio de Lecturas del día 13 de julio, 2020

INVITATORIO


V. Dios mío, ven en mi auxilio

R. Señor, date prisa en socorrerme.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.


Himno: DIOS DE LA TIERRA Y DEL CIELO

Dios de la tierra y del cielo,

que, por dejarlas más claras,

las grandes aguas separas,

pones un límite al cielo.


Tú que das cauce al riachuelo

y alzas la nube a la altura,

tú que, en cristal de frescura,

sueltas las aguas del río

sobre las tierras de estío,

sanando su quemadura,


danos tu gracia, piadoso,

para que el viejo pecado

no lleve al hombre engañado

a sucumbir a su acoso.


Hazlo en la fe luminoso,

alegre en la austeridad,

y hágalo tu claridad

salir de sus vanidades;

dale, Verdad de verdades,

el amor a tu verdad. Amén.


SALMODIA


Ant 1. Vendrá el Señor y no callará.


Salmo 49 I - LA VERDADERA RELIGIOSIDAD

El Dios de los dioses, el Señor, habla:

convoca la tierra de oriente a occidente.

Desde Sión, la hermosa, Dios resplandece:

viene nuestro Dios, y no callará.


Lo precede fuego voraz,

lo rodea tempestad violenta.

Desde lo alto convoca cielo y tierra,

para juzgar a su pueblo:


«Congregadme a mis fieles,

que sellaron mi pacto con un sacrificio.»

Proclame el cielo su justicia;

Dios en persona va a juzgar.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Vendrá el Señor y no callará.

Ant 2. Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza.


Salmo 49 II

«Escucha, pueblo mío, que voy a hablarte;

Israel, voy a dar testimonio contra ti;

—yo, el Señor, tu Dios—.


No te reprocho tus sacrificios,

pues siempre están tus holocaustos ante mí.

Pero no aceptaré un becerro de tu casa,

ni un cabrito de tus rebaños;


pues las fieras de la selva son mías,

y hay miles de bestias en mis montes;

conozco todos los pájaros del cielo,

tengo a mano cuanto se agita en los campos.


Si tuviera hambre, no te lo diría;

pues el orbe y cuanto lo llena es mío.

¿Comeré yo carne de toros,

beberé sangre de cabritos?


Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza,

cumple tus votos al Altísimo

e invócame el día del peligro:

yo te libraré, y tú me darás gloria.»


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza.

Ant 3. Quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.


Salmo 49 III

Dios dice al pecador:

«¿Por qué recitas mis preceptos

y tienes siempre en la boca mi alianza,

tú que detestas mi enseñanza

y te echas a la espalda mis mandatos?


Cuando ves un ladrón, corres con él;

te mezclas con los adúlteros;

sueltas tu lengua para el mal,

tu boca urde el engaño;


te sientas a hablar contra tu hermano,

deshonras al hijo de tu madre;

esto haces, ¿y me voy a callar?

¿Crees que soy como tú?

Te acusaré, te lo echaré en cara.»


Atención los que olvidáis a Dios,

no sea que os destroce sin remedio.


El que me ofrece acción de gracias,

ése me honra;

al que sigue buen camino

le haré ver la salvación de Dios.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.


V. Escucha, pueblo mío, que voy a hablarte.

R. Yo, el Señor, tu Dios.


PRIMERA LECTURA

Del libro de Job 2, 1-13

JOB, CUBIERTO DE ÚLCERAS, ES VISITADO POR UNOS AMIGOS


Un día fueron los ángeles y se presentaron al Señor. Entre ellos llegó también Satanás. El Señor le preguntó:

«¿De dónde vienes?»

Él respondió:

«De dar vueltas por la tierra.»

El Señor le dijo:

«¿Te has fijado en mi siervo Job? En la tierra no hay otro como él; es un hombre justo y honrado que teme a Dios y se aparta del mal. Aunque tú me has incitado contra él para que lo aniquile sin motivo, él todavía persiste en su honradez.»

Satanás respondió:

«"¡Piel por piel!" Por salvar la vida el hombre lo da todo. Pero extiende la mano sobre él, hiérelo en su carne y en sus huesos, y apuesto a que te maldice en tu cara.»

El Señor le dijo:

«Haz lo que quieras con él, pero respétale la vida.»

Y Satanás se marchó e hirió a Job con llagas malignas desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza. Job cogió una tejuela para rasparse con ella, sentado en tierra, entre la basura. Su mujer le dijo:

«¿Todavía persistes en tu honradez? Maldice a Dios y muérete.»

El le contestó:

«Hablas como una necia. Si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males?»

A pesar de todo, Job no pecó con sus labios.

Tres amigos suyos -Elifaz de Temán, Bildad de Suj y Sofar de Naamat-, al enterarse de la desgracia que había sufrido, salieron de su lugar y se reunieron para ir a compartir su pena y consolarlo.

Cuando lo vieron a distancia, no lo reconocían, y rompieron a llorar. Se rasgaron el manto, echaron polvo sobre su cabeza y hacia el cielo, y se quedaron con él, sentados en el suelo, siete días con sus noches, sin decirle una palabra, porque veían lo profundo de su dolor.


RESPONSORIO    Sal 37, 2. 3. 4. 12

R. Señor, no me corrijas con ira, tus flechas se me han clavado.

*No hay parte ilesa en mi carne a causa de tu furor.

V. Mis amigos y compañeros se alejan de mí.

R. No hay parte ilesa en mi carne a causa de tu furor.


SEGUNDA LECTURA


De los libros de las Morales de san Gregorio Magno, papa, sobre el libro de Job.

(Libro 3, 15-16: PL 75, 606-608)

SI ACEPTAMOS DE DIOS LOS BIENES, ¿NO VAMOS A ACEPTAR LOS MALES?


El apóstol Pablo, considerando en sí mismo las riquezas de la sabiduría interior y viendo al mismo tiempo que en lo exterior no es más que un cuerpo corruptible, dice: Llevamos este tesoro en vasos de barro. En el bienaventurado Job, el vaso de barro experimenta exteriormente las desgarraduras de sus úlceras, pero el tesoro interior permanece intacto. En lo exterior crujen sus heridas, pero del tesoro de sabiduría que nace sin cesar en su interior emanan estas palabras llenas de santas enseñanzas: Si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males? Entiendo por bienes los dones de Dios, tanto temporales como eternos, y por males las calamidades presentes, acerca de las cuales dice el Señor por boca del profeta: Yo soy el Señor y no hay otro: artífice de la luz, creador de las tinieblas, autor de la paz, creador de la desgracia.

Artífice de la luz, creador de las tinieblas, porque, cuando por las calamidades exteriores son creadas las tinieblas del sufrimiento, en lo interior se enciende la luz del conocimiento espiritual. Autor de la paz, creador de la desgracia, porque precisamente entonces se nos devuelve la paz con Dios, cuando las cosas creadas, que son buenas en sí, pero que no siempre son rectamente deseadas, se nos convierten en calamidades y causa de desgracia. Por el pecado perdemos la unión con Dios; es justo, por tanto, que volvamos a la paz con él a través de las calamidades; de este modo, cuando cualquier cosa creada, buena en sí misma, se nos convierte en causa de sufrimiento, ello nos sirve de corrección, para que volvamos humildemente al autor de la paz.

Pero en estas palabras de Job, con las que responde a las imprecaciones de su esposa, debemos considerar principalmente lo llenas que están de buen sentido. Dice, en efecto: Si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males? Es un gran consuelo en medio de la tribulación acordarnos, cuando llega la adversidad, de los dones recibidos de nuestro Creador. Si acude en seguida a nuestra mente el recuerdo reconfortante de los dones divinos, no nos dejaremos doblegar por el dolor. Por esto dice la Escritura: En el día dichoso no te olvides de la desgracia, en el día desgraciado no te olvides de la dicha. En efecto, aquel que en el tiempo de los favores se olvida del temor de la calamidad cae en la arrogancia por su actual satisfacción. Y el que en el tiempo de la calamidad no se consuela con el recuerdo de los favores recibidos es llevado a la más completa desesperación por su estado mental.

Hay que juntar, pues, lo uno y lo otro, para que se apoyen mutuamente; así el recuerdo de los favores templará el sufrimiento de la calamidad, y la previsión y temor de la calamidad moderará la alegría de los favores. Por esto aquel santo varón, en medio de los sufrimientos causados por sus calamidades, calmaba su mente angustiada por tantas heridas con el recuerdo de los favores pasados, diciendo: Si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males?


RESPONSORIO    Jb 2, 10; 1, 21-22

R. Si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males?

*El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, bendito sea el nombre del Señor.

V. En todo esto no pecó Job, ni dijo nada insensato contra Dios.

R. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, bendito sea el nombre del Señor.


ORACIÓN.

OREMOS,

Señor Dios, que muestras la luz de tu verdad a los que andan extraviados, para que puedan volver al camino recto, concede a todos los cristianos que se aparten de todo lo que sea indigno de ese nombre que llevan, y que cumplan lo que ese nombre significa. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Amén


CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor.

R. Demos gracias a Dios.



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