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Oración de la mañana, 2 de septiembre, 2019

Invocación

V. Dios mío, ven en mi auxilio.

R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.


Himno


Hoy que sé que mi vida es un desierto,

en el que nunca nacerá una flor,

vengo a pedirte, Cristo jardinero,

por el desierto de mi corazón.


Para que nunca la amargura sea

en mi vida más fuerte que el amor,

pon, Señor, una fuente de alegría

en el desierto de mi corazón.


Para que nunca ahoguen los fracasos

mis ansias de seguir siempre tu voz,

pon, Señor, una fuente de esperanza

en el desierto de mi corazón.


Para que nunca busque recompensa

al dar mi mano o al pedir perdón,

pon, Señor, una fuente de amor puro

en el desierto de mi corazón.


Para que no me busque a mí cuando te busco

y no sea egoísta mi oración,

pon tu cuerpo, Señor, y tu palabra

en el desierto de mi corazón. Amén.


Salmodia

Antífona 1: ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?


Salmo 41

Deseo del Señor y ansias de contemplar el templo

El que tenga sed, y quiera, que venga a beber el agua viva. (Ap 22,17)


Como busca la cierva

corrientes de agua,

así mi alma te busca

a ti, Dios mío;

tiene sed de Dios,

del Dios vivo:


¿cuándo entraré a ver

el rostro de Dios?

Las lágrimas son mi pan

noche y día,

mientras todo el día me repiten:

«¿Dónde está tu Dios?»


Recuerdo otros tiempos,

y desahogo mi alma conmigo:

cómo marchaba a la cabeza del grupo,

hacia la casa de Dios,

entre cantos de júbilo y alabanza,

en el bullicio de la fiesta.


¿Por qué te acongojas, alma mía,

por qué te me turbas?

Espera en Dios, que volverás a alabarlo:

«Salud de mi rostro, Dios mío.»

Cuando mi alma se acongoja,

te recuerdo

desde el Jordán y el Hermón

y el Monte Menor.


Una sima grita a otra sima

con voz de cascadas:

tus torrentes y tus olas

me han arrollado.

De día el Señor

me hará misericordia,

de noche cantaré la alabanza

del Dios de mi vida.


Diré a Dios: «Roca mía,

¿por qué me olvidas?

¿Por qué voy andando, sombrío,

hostigado por mi enemigo?»


Se me rompen los huesos

por las burlas del adversario;

todo el día me preguntan:

«¿Dónde está tu Dios?”»


¿Por qué te acongojas, alma mía,

por qué te me turbas?

Espera en Dios, que volverás a alabarlo:

«Salud de mi rostro, Dios mío.”»


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.


Antífona 2: Muéstranos, Señor, tu gloria y tu compasión.


Si 36,1-7.13-16

Súplica en favor de la ciudad santa de Jerusalén

Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo. (Jn 17,3)


Sálvanos, Dios del universo,

infunde tu terror a todas las naciones;

amenaza con tu mano al pueblo extranjero,

para que sienta tu poder.


Como les mostraste tu santidad al castigarnos,

muéstranos así tu gloria castigándolos a ellos:

para que sepan, como nosotros lo sabemos,

que no hay Dios fuera de ti.


Renueva los prodigios, repite los portentos,

exalta tu mano, robustece tu brazo.

Reúne a todas las tribus de Jacob

y dales su heredad como antiguamente.


Ten compasión del pueblo que lleva tu nombre,

de Israel a quien nombraste tu primogénito;

ten compasión de tu ciudad santa,

de Jerusalén, lugar de tu reposo.


Llena a Sión de tu majestad,

y al templo de tu gloria.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.


Antífona 3: Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.


Salmo 18 A (2-7)

Alabanza al Dios creador del universo

Nos visitará el sol que nace de lo alto, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz. (Lc 1,78.79)


El cielo proclama la gloria de Dios,

el firmamento pregona la obra de sus manos:

el día al día le pasa el mensaje,

la noche a la noche se lo susurra.


Sin que hablen, sin que pronuncien,

sin que resuene su voz,

a toda la tierra alcanza su pregón

y hasta los límites del orbe su lenguaje.


Allí le ha puesto su tienda al sol:

él sale como el esposo de su alcoba,

contento como un héroe, a recorrer su camino.

Asoma por un extremo del cielo,

y su órbita llega al otro extremo:

nada se libra de su calor.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.


Lectura Breve

Jr 15,16

Cuando encontraba palabras tuyas, las devoraba; tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón, porque tu nombre fue pronunciado sobre mí, Señor, Dios de los ejércitos.


Responsorio Breve

R. Aclamad, justos, al Señor, * Que merece la alabanza de los buenos. Aclamad, justos, al Señor, * Que merece la alabanza de los buenos

V. Cantadle un cántico nuevo. * Que merece la alabanza de los buenos.

Gloria al Padre, al Hijo Y al Espíritu Santo. Aclamad, justos, al Señor, * Que merece la alabanza de los buenos


Canto Evangélico

Antífona: Bendito sea el Señor, porque nos ha visitado y redimido.


Benedictus Lc 1, 68-79

El Mesías y su precursor


+ Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo,

por boca de sus santos profetas.


Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

realizando la misericordia

que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.


Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.


Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.


Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tinieblas

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Preces

Nuestro salvador ha hecho de nosotros un pueblo de reyes y sacerdotes, para que ofrezcamos sacrificios que Dios acepta. Invoquémosle, pues, diciendo:

'Consérvanos en tu servicio, Señor'.


Señor Jesús, sacerdote eterno, que has querido que tu pueblo participara de tu sacerdocio,

—haz que ofrezcamos siempre sacrificios espirituales, agradables a Dios.


Danos, Señor, la abundancia de los frutos del Espíritu

—la comprensión, la servicialidad, la amabilidad.


Haz que aprendamos a amarte y lleguemos a poseerte a ti, que eres el mismo amor,

—y que sepamos obrar siempre lo recto, para que también nuestras acciones te glorifiquen.


Haz que busquemos siempre el bien de nuestros hermanos

—y los ayudemos a progresar en su salvación.


Se pueden añadir intenciones particulares


Con el gozo que nos da el sabernos hijos de Dios, digamos con confianza.

Padre Nuestro


Padre nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu nombre,

venga tu reino,

hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día,

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en tentación,

y líbranos del mal.


Oración

Oremos:

Señor, Dios todopoderoso, que nos has hecho llegar al comienzo de este día, sálvanos hoy con tu poder, para que no caigamos en ningún pecado, sino que nuestras palabras, pensamientos y acciones sigan el camino de tus mandatos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.


Conclusión

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.



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