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Oración de la Mañana del día 1 de enero, 2020

Invocación


V. Dios mío, ven en mi auxilio. R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.


Himno


Decid a la noche clara tome en sus manos el arpa, y salmos de David cante, cante con la Virgen santa.

Ángeles del cielo vienen, de luz son las bellas alas, y un canto divino traen para estas nupcias sagradas.

Y, al amanecer, las aves y el alba que se levanta, con silbos del universo cantadle vuestra alabanza.

Del Padre eterno nacido, nace en carne la Palabra, con nosotros vida y muerte, y una muerte ensangrentada.

Al Hijo de Dios cantemos, ¡Ay, gracia desenfrenada! Ni los cielos sospecharon que el mismo Dios se encarnara.

¡Oh gracia para adorar, que nunca cupo más alta! Tú, para hacernos divinos, humano a nosotros bajas.

Cantad, criaturas todas, que todas estáis salvadas, y con la boca quedaos al Padre diciendo: "¡Gracias!" Amén.

Salmodia

Ant. 1. Ha brotado un renuevo del tronco de Jesé, ha salido una estrella de la casa de Jacob: la Virgen ha dado a luz al Salvador; te alabamos, Dios nuestro.


Salmo 62, 2-9 EL ALMA SEDIENTA DE DIOS Madruga por Dios todo el que rechaza las obras de las tinieblas.


¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré de manjares exquisitos, y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti y velando medito en ti, porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti, y tu diestra me sostiene.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Ha brotado un renuevo del tronco de Jesé, ha salido una estrella de la casa de Jacob: la Virgen ha dado a luz al Salvador; te alabamos, Dios nuestro.

Ant, 2.Mirad, María nos ha engendrado al Salvador, ante quien Juan exclamó: «Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.» Aleluya.


Cántico Dn 3, 57-88. 56 TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR Alabad al Señor, sus siervos todos (Ap 19, 5).

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor; cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor; ejércitos del Señor, bendecid al Señor. 

Sol y luna, bendecid al Señor; astros del cielo, bendecid al Señor. 

Lluvia y rocío, bendecid al Señor; vientos todos, bendecid al Señor. 

Fuego y calor, bendecid al Señor; fríos y heladas, bendecid al Señor. 

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor; témpanos y hielos, bendecid al Señor. 

Escarchas y nieves, bendecid al Señor; noche y día, bendecid al Señor. 

Luz y tinieblas, bendecid al Señor; rayos y nubes, bendecid al Señor. 

Bendiga la tierra al Señor, ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor; cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor; mares y ríos, bendecid al Señor. 

Cetáceos y peces, bendecid al Señor; aves del cielo, bendecid al Señor. 

Fieras y ganados, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor; bendiga Israel al Señor. 

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor; siervos del Señor, bendecid al Señor. 

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor; santos y humildes de corazón, bendecid al Señor. 

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo, alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.


No se dice Gloria al Padre.


Ant.  Mirad, María nos ha engendrado al Salvador, ante quien Juan exclamó: «Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.» Aleluya.

Ant. 3. La Madre ha dado a luz al Rey, cuyo nombre es eterno, y la que lo ha engendrado tiene, al mismo tiempo, el gozo de la maternidad y la gloria de la virginidad: un prodigio tal no se ha visto nunca ni se verá de nuevo jamás. Aleluya.


Salmo 149 ALEGRÍA DE LOS SANTOS Los hijos de la Iglesia, nuevo pueblo de Dios, se alegran en su Rey, Cristo, el Señor (Hesiquio).


Cantad al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la asamblea de los fieles; que se alegre Israel por su Creador, los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas, cantadle con tambores y cítaras; porque el Señor ama a su pueblo y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria y canten jubilosos en filas: con vítores a Dios en la boca y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos y aplicar el castigo a las naciones, sujetando a los reyes con argollas, a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada es un honor para todos sus fieles.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. La Madre ha dado a luz al Rey, cuyo nombre es eterno, y la que lo ha engendrado tiene, al mismo tiempo, el gozo de la maternidad y la gloria de la virginidad: un prodigio tal no se ha visto nunca ni se verá de nuevo jamás. Aleluya.


LECTURA BREVE Mi 5, 3. 4. 5a

El Jefe de Israel los entrega hasta el tiempo en que la madre dé a luz, y el resto de sus hermanos retornará a los hijos de Israel. En pie, pastoreará con la fuerza del señor, por el nombre glorioso del Señor, su Dios; y éste será nuestra paz.


RESPONSORIO BREVE

V. El Señor ha revelado. Aleluya, aleluya. R. El Señor ha revelado. Aleluya, aleluya. V. Su salvación. R. Aleluya, aleluya. V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. R. El Señor ha revelado. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO


Ant. Hoy se nos ha manifestado un misterio admirable: en Cristo se han unido dos naturalezas: Dios se ha hecho hombre y, sin dejar de ser lo que era, ha asumido lo que no era, sin sufrir mezcla ni división.


BENEDICTUS Lc 1, 68-79 EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo, por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Hoy se nos ha manifestado un misterio admirable: en Cristo se han unido dos naturalezas: Dios se ha hecho hombre y, sin dejar de ser lo que era, ha asumido lo que no era, sin sufrir mezcla ni división.


PRECES

Glorifiquemos a Cristo, que ha nacido de María Virgen por obra del Espíritu Santo, y supliquémosle, diciendo:

Hijo de la Virgen María, ten piedad de nosotros.


Oh Cristo, Hijo admirable y príncipe de la paz, nacido de María Virgen, — concede al mundo entero una paz estable


Rey y Dios nuestro, que al venir al mundo has dignificado al hombre, 

— haz que te honremos todos los días de nuestra vida con nuestra fe y nuestras costumbres


Tú que te has hecho semejante a nosotros, 

— concédenos a nosotros ser semejantes a ti


Tú que has querido ser ciudadano de nuestro mundo, 

— concédenos a nosotros ser ciudadanos de tu reino.


Aquí se pueden añadir algunas intenciones libres.

Ya que somos de la familia de Dios, digamos con gran confianza a nuestro Padre del cielo:

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad  en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.


ORACIÓN

Dios y Señor nuestro, que por la maternidad virginal de María entregaste a los hombres los bienes de la salvación, concédenos experimentar la intercesión de aquélla de quien hemos recibido a tu Hijo Jesucristo, el autor de la vida. Que vive y reina contigo.


CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. R. Amén.



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