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Oración de la mañana del día 18 de diciembre, 2019

V. Señor, ábreme los labios. R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Ant. El Señor está cerca, venid, adorémosle. 


Salmo 99 ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO Los redimidos deben entonar un canto de victoria (S. Atanasio).


Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría, entrad en su presencia con aclamaciones.


Sabed que el Señor es Dios: que él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño.


Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con himnos, dándole gracias y bendiciendo su nombre:

«El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades.»


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.  


Ant. El Señor está cerca, venid, adorémosle. 

Invocación


V. Dios mío, ven en mi auxilio. R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO


Ya muy cercano, Emmanuel, hoy te presiente Israel, que en triste exilio vive ahora y redención de ti implora.

Ven ya, del cielo resplandor, Sabiduría del Señor, pues con tu luz, que el mundo ansía, nos llegará nueva alegría.

Llegando estás, Dios y Señor, del Sinaí legislador, que la ley santa promulgaste y tu poder allí mostraste.

Ven, Vara santa de Jesé, contigo el pueblo a lo que fue volver espera, pues aún gime bajo el cruel yugo que lo oprime.

Ven, Llave de David, que al fin el cielo abriste al hombre ruin que hoy puede andar libre su vía, con la esperanza del gran día.

Aurora tú eres que, al nacer, nos trae nuevo amanecer, y, con tu luz, viva esperanza el corazón del hombre alcanza.

Rey de la gloria, tu poder al enemigo ha de vencer, y, al ayudar nuestra flaqueza, se manifiesta tu grandeza. Amén.


SALMODIA

Ant. 1. Desde Sión saldrá el Señor todopoderoso a salvar a su pueblo. 


Salmo 85 ORACIÓN DE UN POBRE ANTE LAS DIFICULTADES Bendito sea Dios, que nos consuela en todas nuestras luchas (2 Cor 1, 3. 4).


Inclina tu oído, Señor, escúchame, que soy un pobre desamparado; protege mi vida, que soy un fiel tuyo; salva a tu siervo, que confía en ti.

Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor, que a ti te estoy llamando todo el día; alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti;

porque tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia con los que te invocan. Señor, escucha mi oración, atiende a la voz de mi súplica.

En el día del peligro te llamo, y tú me escuchas. No tienes igual entre los dioses, Señor, ni hay obras como las tuyas.

Todos los pueblos vendrán a postrarse en tu presencia, Señor; bendecirán tu nombre: "Grande eres tú, y haces maravillas; tú eres el único Dios".

Enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad; mantén mi corazón entero en el temor de tu nombre.

Te alabaré de todo corazón, Dios mío; daré gloria a tu nombre por siempre, por tu gran piedad para conmigo, porque me salvaste del abismo profundo.

Dios mío, unos soberbios se levantan contra mí, una banda de insolentes atenta contra mi vida, sin tenerte en cuenta a ti.

Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad y leal, mírame, ten compasión de mí.

Da fuerza a tu siervo, salva al hijo de tu esclava; dame una señal propicia, que la vean mis adversarios y se avergüencen, porque tú, Señor, me ayudas y consuelas.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Desde Sión saldrá el Señor todopoderoso a salvar a su pueblo. 

Ant. 2. Por amor de Sion no callaré, hasta que amanezca como una aurora su Justo. 


Cántico Is 33, 13-16 DIOS JUZGARÁ CON JUSTICIA La promesa vale para vosotros y para vuestros hijos y para todos los que llame el Señor Dios nuestro, aunque estén lejos (Hch 2, 39).


Los lejanos, escuchad lo que he hecho; los cercanos, reconoced mi fuerza.

Temen en Sión los pecadores, y un temblor agarra a los perversos: "¿Quién de nosotros habitará un fuego devorador, quién de nosotros habitará una hoguera perpetua?"

El que procede con justicia y habla con rectitud y rehúsa el lucro de la opresión, el que sacude la mano rechazando el soborno y tapa su oído a propuestas sanguinarias, el que cierra los ojos para no ver la maldad: ése habitará en lo alto, tendrá su alcázar en un picacho rocoso, con abasto de pan y provisión de agua.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Por amor de Sion no callaré, hasta que amanezca como una aurora su Justo.

Ant. 3. El Espíritu del Señor está sobre mí; me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres.  


Salmo 97 EL SEÑOR, JUEZ VENCEDOR Este salmo canta la primera venida del Señor y la conversión de los paganos (S. Atanasio).


Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas: su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo.

El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia: se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel.

Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad:

tañed la cítara para el Señor, suenen los instrumentos: con clarines y al son de trompetas, aclamad al Rey y Señor.

Retumbe el mar y cuanto contiene, la tierra y cuantos la habitan; aplaudan los ríos, aclamen los montes al Señor, que llega para regir la tierra.

Regirá el orbe con justicia y los pueblos con rectitud.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Por amor de Sion no callaré, hasta que amanezca como una aurora su Justo.


LECTURA BREVE Rm 13, 11b-12

Ya es hora de despertarnos del sueño, porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer. La noche está avanzada, el día se echa encima: dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz.


RESPONSORIO BREVE

V. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor. R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor. V. Su gloria aparecerá sobre ti. R. Amanecerá el Señor. V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.


CÁNTICO EVANGÉLICO


Ant. No dejéis de velar: pronto llegará el Señor, nuestro Dios.


BENEDICTUS Lc 1, 68-79 EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo, por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. 


Ant. No dejéis de velar: pronto llegará el Señor, nuestro Dios. 


PRECES

Roguemos, hermanos, al Señor Jesús, juez de vivos y muertos, y digámosle:

Ven, Señor Jesús.

Señor Jesucristo, que viniste a salvar a los pecadores, — líbranos de caer en la tentación.

Tú que vendrás con gloria para juzgar a tu pueblo, — muestra en nosotros tu poder salvador.

Ayúdanos a cumplir con fortaleza de espíritu los preceptos de tu ley, — para que podamos esperar tu venida sin temor.

Tú que eres bendito por los siglos, — concédenos por tu misericordia, que, llevando ya desde ahora una vida sobria y religiosa, esperemos con gozo tu gloriosa aparición.


Aquí se pueden añadir algunas intenciones libres.

Porque Jesucristo mismo nos lo enseñó, nos atrevemos a decir:


Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad  en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.


ORACIÓN

Concede, Señor, a los que vivimos oprimidos por la antigua esclavitud del pecado ser liberados por el nuevo y esperado nacimiento de tu Hijo. Por nuestro Señor Jesucristo.


CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. R. Amén.



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