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Oración de la mañana del día 23 de agosto, 2019

LAUDES DEL DÍA 23 DE AGOSTO, 2019.


Salmo 95

Invitación a la alabanza divina

Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)


Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.


Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.


Entrad, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.


Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y me tentaron, aunque habían visto mis obras.


Durante cuarenta años

aquella generación me asqueó, y dije:

“Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso.”»


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Invocación


V. Dios mío, ven en mi auxilio.

R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.


Himno

Eres la luz y siembras claridades;

abres los anchos cielos, que sostiene

como columna el brazo de tu Padre.


Arrebatada en rojos torbellinos,

el alba apaga estrellas lejanísimas;

la tierra se estremece de rocío.


Mientras la noche cede y se disuelve,

la estrella matinal, signo de Cristo,

levanta el nuevo día y lo establece.


Eres la luz total, día del día,

el Uno en todo, el Trino todo en Uno:

¡gloria a tu misteriosa teofanía! Amén.


Salmodia

Antífona 1: Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme.


Salmo 50

Misericordia, Dios mío

Renovaos en la mente y en el espíritu y vestíos de la nueva condición humana. (Ef 4,23-24)


Misericordia, Dios mío, por tu bondad,

por tu inmensa compasión borra mi culpa;

lava del todo mi delito,

limpia mi pecado.


Pues yo reconozco mi culpa,

tengo siempre presente mi pecado:

contra ti, contra ti solo pequé,

cometí la maldad que aborreces.


En la sentencia tendrás razón,

en el juicio resultarás inocente.

Mira, en la culpa nací,

pecador me concibió mi madre.


Te gusta un corazón sincero,

y en mi interior me inculcas sabiduría.

Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;

lávame: quedaré más blanco que la nieve.


Hazme oír el gozo y la alegría,

que se alegren los huesos quebrantados.

Aparta de mi pecado tu vista,

borra en mí toda culpa.


Oh, Dios, crea en mí un corazón puro,

renuévame por dentro con espíritu firme;

no me arrojes lejos de tu rostro,

no me quites tu santo espíritu.


Devuélveme la alegría de tu salvación,

afiánzame con espíritu generoso:

enseñaré a los malvados tus caminos,

los pecadores volverán a ti.


Líbrame de la sangre, oh Dios,

Dios, Salvador mío,

y cantará mi lengua tu justicia.


Señor me abrirás los labios,

y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen:

si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.


Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;

un corazón quebrantado y humillado,

tú no lo desprecias.


Señor, por tu bondad, favorece a Sión,

reconstruye las murallas de Jerusalén:

entonces aceptarás los sacrificios rituales,

ofrendas y holocaustos,

sobre tu altar se inmolarán novillos.


Gloria ...


Antífona 1: Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme.

Antífona 2: Alégrate, Jerusalén, porque en ti se reunirán todos los pueblos.


Tb 13,10-13.15.16b-17a

Acción de gracias por la liberación del pueblo

Me enseñó la ciudad santa, Jerusalén, que traía la gloria de Dios. (Ap 21,10.11)


Que todos alaben al Señor

y le den gracias en Jerusalén.


Jerusalén, ciudad santa,

él te castigó por las obras de tus hijos,

pero volverá a apiadarse del pueblo justo.


Da gracias al Señor como es debido

y bendice al rey de los siglos,

para que su templo

sea reconstruido con júbilo,


para que él alegre en ti

a todos los desterrados,

y ame en ti a todos los desgraciados,

por los siglos de los siglos.


Una luz esplendente iluminará

a todas las regiones de la tierra.


Vendrán a ti de lejos muchos pueblos,

y los habitantes del confín de la tierra

vendrán a visitar al Señor, tu Dios,

con ofrendas para el rey del cielo.


Generaciones sin fin

cantarán vítores en tu recinto,

y el nombre de la elegida

durará para siempre.


Saldrás entonces con júbilo

al encuentro del pueblo justo,

porque todos se reunirán

para bendecir al Señor del mundo.


Dichosos los que te aman,

dichosos los que te desean la paz.


Bendice, alma mía, al Señor,

al rey soberano,

porque Jerusalén será reconstruida,

y, allí, su templo para siempre.


Gloria...


Antífona 2: Alégrate, Jerusalén, porque en ti se reunirán todos los pueblos.

Antífona 3: Sión, alaba a tu Dios, que envía su mensaje a la tierra.


Salmo 147,12-20

Acción de gracias por la restauración de Jerusalén

Ven acá, voy a mostrarte a la novia, a la esposa del Cordero (Ap 21,9)


Glorifica al Señor, Jerusalén;

alaba a tu Dios, Sión:

que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,

y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;


ha puesto paz en tus fronteras,

te sacia con flor de harina.

Él envía su mensaje a la tierra,

y su palabra corre veloz;


manda la nieve como lana,

esparce la escarcha como ceniza;

hace caer el hielo como migajas

y con el frío congela las aguas;

envía una orden, y se derriten;

sopla su aliento, y corren.


Anuncia su palabra a Jacob,

sus decretos y mandatos a Israel;

con ninguna nación obró así,

ni les dio a conocer sus mandatos.


Gloria...

Antífona 3: Sión, alaba a tu Dios, que envía su mensaje a la tierra.


Lectura Breve

Ga 2,19b-20

Estoy crucificado con Cristo: vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí. Y, mientras vivo en esta carne, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí.


Responsorio Breve

R. Invoco al Dios Altísimo, * Al Dios que hace tanto por mí. Invoco.

V. Desde el cielo me enviará la salvación. * Al Dios que hace tanto por mí.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo. Invoco al Dios Altísimo, * Al Dios que hace tanto por mí.


Canto Evangélico

Antífona: Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el Sol que nace de lo alto.


Benedictus Lc 1, 68-79

El Mesías y su precursor


+ Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo,

por boca de sus santos profetas.


Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

realizando la misericordia

que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.


Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.


Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.


Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tinieblas

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Preces

Confiados en Dios, que cuida con solicitud de todos los que ha creado y redimido con la sangre de su Hijo, invoquémosle, diciendo:

'Escucha, Señor, y ten piedad'.

Dios misericordioso, asegura nuestros pasos en el camino de la verdadera santidad,

—y haz que busquemos siempre todo lo que es verdadero, justo y amable.

Por el honor de tu nombre, no nos desampares para siempre,

—no rompas tu alianza, Señor.

Acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde,

—porque los que en ti confían no quedan defraudados.

Tú que has querido que participáramos en la misión profética de Cristo,

—haz que proclamemos ante el mundo tus hazañas.


Dirijámonos al Padre con las mismas palabras que nos enseñó el Señor: Padre nuestro.


Padre nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu nombre,

venga tu reino,

hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día,

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en tentación,

y líbranos del mal.


Oración

Oremos:

Te pedimos, Señor, tu gracia abundante, para que nos ayude a seguir el camino de tus mandatos, y así gocemos de tu consuelo en esta vida y alcancemos la felicidad eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Amén.


V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. R. Amén.



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