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Oración de la mañana -Laudes- del día 9 de marzo, 2020

Laudes


V. Señor, abre mis labios. R. Y mi boca proclamará tu alabanza.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.


INVITATORIO


Ant. Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió.


Salmo 23 ENTRADA SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO Las puertas del cielo se abren ante Cristo que como hombre sube al cielo (S. Ireneo).


Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes: él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos. — ¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? — El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos ni jura contra el prójimo en falso. Ése recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación. — Éste es el grupo que busca al Señor, que viene a tu presencia, Dios de Jacob. ¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas: va a entrar el Rey de la gloria. — ¿Quién es ese Rey de la gloria? — El Señor, héroe valeroso; el Señor, héroe de la guerra. ¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas: va a entrar el Rey de la gloria. — ¿Quién es ese Rey de la gloria? — El Señor, Dios de los ejércitos. Él es el Rey de la gloria. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió.


HIMNO

En tierra extraña peregrinos con esperanza caminamos, que, si arduos son nuestros caminos, sabemos bien a dónde vamos. En el desierto un alto hacemos, es el Señor quien nos convida, aquí comemos y bebemos el pan y el vino de la Vida. Para el camino se nos queda entre las manos, guiadora, la cruz, bordón, que es la vereda y es la bandera triunfadora. Entre el dolor y la alegría, con Cristo avanza en su andadura un hombre, un pobre que confía y busca la ciudad futura. Amén.


SALMODIA


Ant. 1. ¿Cuándo entraré a ver el rostro de mi Dios?


Salmo 41 DESEO DEL SEÑOR Y ANSIAS DE CONTEMPLAR EL TEMPLO El que tenga sed y quiera, que venga a beber el agua de la vida (Ap 22, 17).


Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío; tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? Las lágrimas son mi pan noche y día. mientras todo el día me repiten: "¿Dónde está tu Dios?" Recuerdo otros tiempos, y desahogo mi alma conmigo: cómo marchaba a la cabeza del grupo, hacia la casa de Dios, entre cantos de júbilo y alabanza, en el bullicio de la fiesta. ¿Por qué te acongojas, alma mía, por qué te me turbas? Espera en Dios que volverás a alabarlo: "Salud de mi rostro, Dios mío". Cuando mi alma se acongoja, te recuerdo desde el Jordán y el Hermón y el Monte Menor. Una sima grita a otra sima con voz de cascadas: tus torrentes y tus olas me han arrollado. De día el Señor me hará misericordia, de noche cantaré la alabanza del Dios de mi vida. Diré a Dios: "Roca mía, ¿por qué me olvidas? ¿Por qué voy andando, sombrío, hostigado por mi enemigo?" Se me rompen los huesos por las burlas del adversario; todo el día me preguntan: "¿Dónde está tu Dios?" ¿Por qué te acongojas, alma mía, por qué te me turbas? Espera en Dios que volverás a alabarlo: "Salud de mi rostro, Dios mío".


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. ¿Cuándo entraré a ver el rostro de mi Dios?

Ant. 2. Muéstranos, Señor, tu gloria y tu compasión.


Cántico Sir 36, 1-7. 13-16 SÚPLICA EN FAVOR DE LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo (Jn 17, 3).


Sálvanos, Dios del universo, infunde tu terror a todas las naciones, amenaza con tu mano al pueblo extranjero, para que sienta tu poder. Como les mostraste tu santidad al castigarnos, muéstranos así tu gloria castigándolos a ellos: para que sepan, como nosotros lo sabemos, que no hay Dios fuera de ti. Renueva los prodigios, repite los portentos, exalta tu mano, robustece tu brazo. Reúne a todas las tribus de Jacob y dales su heredad como antiguamente. Ten compasión del pueblo que lleva tu nombre, de Israel, a quien nombraste tu primogénito; ten compasión de tu ciudad santa, de Jerusalén, lugar de tu reposo. Llena a Sión de tu majestad, y al templo, de tu gloria.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Muéstranos, Señor, tu gloria y tu compasión.

Ant. 3. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.


Salmo 18 A ALABANZA AL DIOS CREADOR DEL UNIVERSO Nos visitará el sol que nace de lo alto... para guiar nuestros pasos por el camino de la paz (Lc 1, 78-79).


El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos: el día al día le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo susurra. Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz, a toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje. Allí le ha puesto su tienda al sol: él sale como el esposo de su alcoba, contento como un héroe, a recorrer su camino. Asoma por un extremo del cielo, y su órbita llega al otro extremo: nada se libra de su calor.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.


LECTURA BREVE Ex 19, 4-6a

Ya habéis visto cómo os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí. Ahora, pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa.


RESPONSORIO BREVE

V. Él me librará de la red del cazador. R. Él me librará de la red del cazador. V. Me cubrirá con sus plumas. R. Él me librará de la red del cazador. V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. R. Él me librará de la red del cazador.


CÁNTICO EVANGÉLICO


Ant. «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo», dice el Señor.


BENEDICTUS Lc 1, 68-79 EL MESÍAS Y SU PRECURSOR


Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo, por boca de sus santos profetas. Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán. Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días. Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo», dice el Señor.


PRECES


Alabemos a Dios, nuestro Padre, que nos concede ofrecerle el sacrificio de alabanza cuaresmal, y supliquémosle, diciendo: Ilumínanos, Señor, con tu palabra. Dios todopoderoso y compasivo, concédenos el espíritu de oración y de penitencia, — y danos un verdadero deseo de amarte a ti y a nuestros hermanos. Concédenos ser constructores de tu reino, para que, recapituladas en Cristo todas las cosas, — abunde la justicia y la paz en toda la tierra. Haz que sepamos descubrir la bondad y hermosura de tu creación, — para que su belleza se haga alabanza en nuestros labios. Perdónanos por haber ignorado la presencia de Cristo en los pobres, los sencillos y los marginados, — y por no haber atendido a tu Hijo en estos hermanos nuestros.


Aquí se pueden añadir algunas intenciones libres.

Impulsados por el Espíritu que nos hace clamar: “¡Padre!”, invoquemos a nuestro Dios:


Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad  en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.


ORACIÓN

Señor, Padre santo, que para nuestro bien espiritual nos mandaste dominar nuestro cuerpo mediante la austeridad, ayúdanos a librarnos de la seducción del pecado y a entregarnos al cumplimiento filial de tu santa ley. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.


CONCLUSIÓN V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. R. Amén.



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