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Oración de la tarde del día 19 de diciembre, 2019

Vísperas

Invocación


V. Dios mío, ven en mi auxilio. R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Ven, ven, Señor, no tardes. Ven, ven, que te esperamos. Ven, ven, Señor, no tardes, ven pronto, Señor.

El mundo muere de frío, el alma perdió el calor, los hombres no son hermanos, el mundo no tiene amor.

Envuelto en sombría noche, el mundo, sin paz, no ve; buscando va una esperanza, buscando, Señor, tu fe.

Al mundo le falta vida, al mundo le falta luz, al mundo le falta el cielo, al mundo le faltas tú. Amén


SALMODIA


Ant. 1. A ti, Señor, levanto mi alma; ven líbrame, Señor, que en ti confío. 


Salmo 131 PROMESAS A LA CASA DE DAVID I


Señor, tenle en cuenta a David todos sus afanes: cómo juró al Señor e hizo voto al Fuerte de Jacob:

«No entraré bajo el techo de mi casa, no subiré al lecho de mi descanso, no daré sueño a mis ojos, ni reposo a mis párpados, hasta que encuentre un lugar para el Señor, una morada para el Fuerte de Jacob.»

Oímos que estaba en Efrata, la encontramos en el Soto de Jaar: entremos en su morada, postrémonos ante el estrado de sus pies.

Levántate, Señor, ven a tu mansión, ven con el arca de tu poder: que tus sacerdotes se vistan de gala, que tus fieles te aclamen. Por amor a tu siervo David, no niegues audiencia a tu Ungido.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén

Ant. A ti, Señor, levanto mi alma; ven líbrame, Señor, que en ti confío

Ant. 2. Da su paga, Señor, a los que confían en ti, para que tus profetas sean hallados veraces. 

II Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella.


El Señor ha jurado a David una promesa que no retractará: «A uno de tu linaje pondré sobre tu trono.

Si tus hijos guardan mi alianza y los mandatos que les enseño, también sus hijos, por siempre, se sentarán sobre tu trono.»

Porque el Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella: «Ésta es mi mansión por siempre, aquí viviré, porque la deseo.

Bendeciré sus provisiones, a sus pobres los saciaré de pan; vestiré a sus sacerdotes de gala, y sus fieles aclamarán con vítores.

Haré germinar el vigor de David, enciendo una lámpara para mi Ungido. A sus enemigos los vestiré de ignominia, sobre él brillará mi diadema.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén 


Ant. Da su paga, Señor, a los que confían en ti, para que tus profetas sean hallados veraces. 

Ant. 3. Vuélvete, Señor, a nosotros y no tardes más en venir. 


Cántico x Ap. 11, 17-18; 12, 10b-12a EL JUICIO DE DIOS

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente, el que eres y el que eras, porque has asumido el gran poder y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las naciones, llegó tu cólera, y el tiempo de que sean juzgados los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, y a los santos y a los que temen tu nombre, y a los pequeños y a los grandes, y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo; porque fue precipitado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio que dieron, y no amaron tanto su vida que temieran la muerte. Por esto, estad alegres, cielos, y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Vuélvete, Señor, a nosotros y no tardes más en venir. 


LECTURA BREVE Flp 3, 20b-21


Aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo. Él transformará nuestra condición humilde, según el modelo de su condición gloriosa, con esa energía que posee para sometérselo todo.


RESPONSORIO BREVE

V. Despierta tu poder y ven a salvarnos, R. Señor Dios de los ejércitos. V. Que brille tu rostro y nos salve. R. Señor Dios de los ejércitos. V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. R. Despierta tu poder y ven a salvarnos. 


CÁNTICO EVANGÉLICO


Ant. Oh Renuevo del tronco de Jesé, que te alzas como un signo para los pueblos, ante quien los reyes enmudecen y cuyo auxilio imploran las naciones, ven a librarnos, no tardes más.


MAGNÍFICAT Lc 1, 46-55 ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia —como lo había prometido a nuestros padres— en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.


Ant. Oh Renuevo del tronco de Jesé, que te alzas como un signo para los pueblos, ante quien los reyes enmudecen y cuyo auxilio imploran las naciones, ven a librarnos, no tardes más.


PRECES

Supliquemos, hermanos, a Cristo, juez de vivos y muertos, y digámosle confiados:

Ven, Señor Jesús.

Haz, Señor, que tu justicia, que pregonan los cielos, también la reconozca el mundo, — para que tu gloria habite en nuestra tierra.

Tú que por nosotros quisiste ser débil en tu humanidad, — fortalece a los hombres con la fuerza de tu divinidad.

Ven, Señor, y con la luz de tu palabra — ilumina a los que viven sumergidos en las tinieblas de la ignorancia.

Tú que con tu humillación borraste nuestros pecados, — por tu glorificación llévanos a la felicidad eterna.


Aquí se pueden añadir algunas intenciones libres.

Tú que vendrás a juzgar al mundo con gloria y majestad, — lleva a nuestros hermanos difuntos al reino de los cielos. 


Movidos por la fe, invoquemos a Dios Padre con la oración que Cristo nos enseñó:


Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad  en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.


ORACIÓN

Señor y Dios nuestro, que en el parto de la Virgen María has querido revelar al mundo entero el esplendor de tu gloria, asístenos con tu gracia para que proclamemos con fe íntegra y celebremos con piedad sincera el misterio admirable de la Encarnación de tu Hijo. Él que vive y reina contigo.


CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. R. Amén.



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